viernes, 31 de julio de 2009

¡Ay!

¡Ay!

Sí…, ¡¡¡ay!!!, ya estamos a mitad de las vacaciones… En un pispás han volado las semanas y ya he consumido medio ciclo vacacional. Se aproximan los días de la vuelta… Me atormenta la idea de volver a consumirme en esa llama infecunda a la que me dedicó la vida. Y, sin embargo, a pesar de tanta penumbra que ciega mi vista, no puedo dejar de recordar la décima famosa de La vida es Sueño:

Cuentan de un sabio que, un día,
tan pobre y mísero estaba
que sólo se sustentaba
de unas hierbas que comía.
“¿Habrá otro”, entre sí decía,
“más pobre y triste que yo?”
Y, cuando el rostro volvió,
halló la respuesta, viendo
que iba otro sabio cogiendo
las hojas que él arrojó.

¡Qué largas veo las colas del INEM, cuando vuelvo mi rostro y las miro…! ¡Virgencita, que me quede como estoy…, a pesar de mis ayes!

miércoles, 29 de julio de 2009

Más allá del mar de hielo

Más allá del mar de hielo (William Sarabande)

Más allá del mar de hielo es el primero de los volúmenes que integran la trilogía en la que se narra la historia de Torka y su familia después de que el ataque brutal de la bestia, un mamut vengativo, inteligente y asesino de hombres, acabe con su tribu, de la cual sólo sobreviven el protagonista de esta saga, su abuelo y Lonit, la niña indeseada y maltratada por todos, que acabará convirtiéndose en mujer excepcional, heroína y compañera de Torka.

Buena novela en la que se narra una entretenida historia desarrollada en la Edad de Hielo, con la ruda naturaleza de aquellos tiempos, convertida en un personaje más, como amenaza continua contra la cual los personajes del relato deben luchar y a la cual deben sobreponerse. Se incluye en la historia una bella pincelada que consiste en la domesticación del primer perro por parte del ser humano. Aar es su nombre.

Traición, lealtad, amor, lucha…, numerosos temas secundarios componen esta historia, narrada con buena prosa y estilo adecuado, del hombre primitivo en su lucha por la supervivencia.

lunes, 27 de julio de 2009

Duda

¡Buena almohada la duda para una cabeza bien equilibrada! MICHEL DE MONTAIGNE

sábado, 25 de julio de 2009

El nombre del blog: Beatus Ille

El nombre del blog: Beatus Ille

“Qué descansada vida / la del que huye del mundanal ruido / y sigue la escondida / senda por donde han ido / los pocos sabios que en el mundo han sido”. Siempre utilizo estos versos de Fray Luis de León para introducir el tópico del Beatus Ille a mis alumnos. Generalmente, mientras lo hago, la mayoría de ellos están a cualquier cosa menos a la Oda a la vida retirada. También, generalmente, mientras intento declamar los versos, mi garganta se rompe en aullidos con los que ambiciono hacerme oír por encima del murmullo, y a veces del griterío, que la charla de mis alumnos provoca. Por último, y no menos generalmente que en los dos casos anteriores, mi ánimo también se quiebra, como la voz, al comprobar que, cada día de mi existencia laboral, no hago sino arar sobre las olas del mar y que mi esfuerzo es infructuoso y baldío.

Normalmente me mosqueo, doy cuatro voces, pongo a cada uno en su sitio y, una vez hecho el silencio, retomo los versos arriba escritos. Pero hay ocasiones en que el desaliento me rinde. Entonces me siento en mi silla, hundo la cabeza entre las palmas de mis manos y recito los versos para mí. Como mi imaginación es muy viva…, no necesito un gran esfuerzo para sumergirme en un mundo idílico, de verdes prados y arroyos cristalinos, un entorno bucólico donde mi espíritu reposa. Y sigo recitando esa Oda a la vida retirada: “Del monte en la ladera / por mi mano plantado, tengo un huerto, / que con la primavera / de bella flor cubierto / ya muestra en esperanza el fruto cierto”. Anhelo entonces un huerto del que obtener por fin frutos: el producto de mi trabajo que tanta energía y voluntad gasta. Deseo escapar de allí y cambiar mi existencia por la vida en el campo…

Y así viene este Beatus Ille hasta aquí, de manera que este blog, de llamarse así, pueda convertirse en mi retiro hortelano, donde plantar las semillas que algún día brotarán en jugosos frutos.

jueves, 23 de julio de 2009

El nombre del blog: Finis Terrae y La Última Thule

El nombre del blog: Finis Terrae y La Última Thule

La Última Thule vuelca en mi memoria reminiscencias infantiles: mañanas de verano, refugiada del sol junto al resto de la prole bajo la parra del patio, leyendo con lentitud los tebeos de El Capitán Trueno que me dejaban mis hermanos mayores. La bella Sigrid me llevaba hacia esa Thule desconocida y hechicera que seducía mi mente de niña. Por las noches, soñaba con los dibujos observados con lupa y las historias leídas lentamente, casi silabeadas a esa edad, por la mañana; y, a pesar del calor, me rebujaba con la sábana e imaginaba que me cubría una cálida piel de oso, cuyos bordes se chamuscaban en la hoguera que ardía a mis pies, junto a los muros de un castillo vikingo…

Finis Terrae también me traslada a un mundo misterioso, al borde del cual se abre la sima ignota que marca la frontera final…, el límite postrero…, el lugar donde todo se acaba y tras el cual sólo queda el vacío devorador de los hombres audaces que pretendan traspasarlo. Imagino un faro edificado al borde mismo del abismo. Es abatido por la lluvia mientras la luz que desprende intenta traspasar las tinieblas del Hades que se abre a sus pies. Allí estoy yo, entre esos húmedos muros, oyendo el ulular del viento, con un libro sobre las rodillas, al amor de la lumbre que arde en la chimenea.

Ambos son lugares recónditos, de acceso imposible, donde las visitas no son esperadas. El refugio perfecto para un espíritu inquieto e idealista, novelero, fantasioso, utópico, ingenuo y escéptico que se distrae consigo mismo. El abrigo perfecto, pues, para una mente pusilánime que en aquellas soledades se siente libre y única. ¿No son, por tanto, ambos términos buenas opciones para nombrar este blog, mi castillo vikingo, mi faro ignoto?

martes, 21 de julio de 2009

El nombre del blog: Mare Nostrum

El nombre del blog: Mare Nostrum

Si miras a la derecha, verás que propongo una encuesta en la que se pide tu opinión sobre posibles nombres para este blog. En concreto, se sugieren cuatro: Finis Terrae, La Útima Thule, Mare Nostrum y Beatus Ille, aunque se ofrece también la posibilidad de que votes que no te gusta ninguno de ellos.

La razón que explica por qué quiero cambiar el nombre a mi blog es sencilla: el nombre que luce ahora mismo, “Los libros de S. Cid”, se debe a que en un principio estaba pensado para mis libros (es evidente); pero al ir cobrando vida, el blog ha derivado por caminos diversos (y por otros muchos que lo hará, tal y como ya me anuncia mi cabecita creativa), de modo que el nombre quedó obsoleto casi nada más nacer el blog. Ahora bien, ¿por qué propongo esos latinajos que aparecen en el párrafo anterior? ¿Acaso voy de tía culta por la vida…? ¡Qué va! Todo tiene su razón de ser… Y te las voy a explicar. Hoy te hablaré, solamente, de la presencia de Mare Nostrum.

Lo cierto es que esta opción no me gusta demasiado, pero así fue como se llamó mi primera página web (hace de esto ya más de diez años. ¡Uffff! ¡Tempus fugit! “Miré los muros de la patria mía…”) y decidí incluirla por una cuestión ñoña: en recuerdo de la jovenzuela que fui un día, cuando Mare Nostrum apelaba a nuestra filiación romana. Me sentía, y aún me siento, muy contenta por ser hija de Roma. Ésa es la única razón de que la opción Mare Nostrum aparezca en la encuesta: la melancólica evocación de un pasado mirado al trasluz de la neblina que el paso del tiempo deja tras de sí. ¡Toma frasecita! ;-) Mañana, más.

lunes, 20 de julio de 2009

Yo también lo vi

Yo también lo vi


El bebé dormía plácidamente en su cuna cuando los brazos de su madre lo sacaron de allí. Probablemente parpadeó somnoliento. ¿Qué pasa por la cabeza a esa edad? En realidad…, ¿desfila alguna idea que no tenga que ver con un buen biberón? Tal vez el bebé se sorprendió de que lo despertaran en mitad de la noche y lo llevaran al cuarto de estar donde toda la familia y algunos invitados estaban sentados delante del televisor, o tal vez no. El bebé no se acuerda de nada, ni siquiera de si pensó algo, pero su madre dice que fue testigo de la llegada del hombre a la Luna.


Cuarenta años después (¡caray, cómo suena esa cifra!) puedo decir que, aunque no recuerde nada, ¡yo también vi a Armstrong dar un pequeño paso para el hombre, pero enorme para la humanidad! Mi madre dice que así fue.



viernes, 17 de julio de 2009

La princesa de Éboli

La princesa de Éboli (Almudena de Arteaga)

Lo confieso (e inclino la cabeza humildemente en señal de arrepentimiento): cuando compré este libro lo hice pensando que sería el apaño de una niña bien para sacarse unas pelillas. Sin embargo, me equivoqué: el libro es interesante y está bastante bien escrito. Pido, pues, disculpas a la autora y le restituyo el mérito del que mis prejuicios le habían despojado.

La narración del libro está concebida de manera curiosa, pues es la crónica que hace Ana de Mendoza, Princesa de Éboli, sobre su vida, en respuesta a una petición de su hija Ana. El estilo trata de reproducir la expresión empleada en el Siglo de Oro y la verdad es que lo consigue, si bien en ocasiones se vuelve un tanto reiterativo y, desde mi subjetivísimo punto de vista, por supuesto, creo que hubiera hecho bien la autora en intentar evitar una clonación total del modo de expresarse que gastaban a la sazón, para lo cual hubiera sido deseable modificar la escritura de algunos párrafos, pues para el lector actual no es un tipo de expresión natural: llega a percibirse con demasiada claridad que es un estilo artificial, lo que en ocasiones da lugar a que la narración pierda frescura.

La historia, sin embargo, está contada con brío, lo que impele al lector a una lectura continuada (yo lo leí en un par tardes), y encanto: la figura de Ana de Mendoza se hace cercana y atractiva, si bien el punto de vista desde el que la historia está construida es muy subjetivo.

jueves, 16 de julio de 2009

Hoy toca hablar...

Hoy toca hablar…

…de una gesta que realizaron hombres valerosos y esforzados. Toca alabar la inteligencia humana puesta al servicio del afán aventurero e investigador que nos ha hecho sapiens sapiens y de cómo esa masa de kilo y medio que sostiene nuestro cuello nos llevo tan lejos como nunca antes se había estado. Hoy, hace cuarenta años, comenzó el viaje que llevaría al hombre hasta la Luna. La humanidad disipó la oscuridad del espacio con la genial luz de su intelecto. A veces… hasta somos una especie digna de admiración y respeto.




Estas fotos están tomadas en el verano de 2007 con una cámara digital ¡sujeta manualmente! (obsérvese el mérito que tienen, pues) al visor del telescopio. No son buenas fotos, pero sí producto de una agradabilísimo rato de observación astronómica en buena compañía.


miércoles, 15 de julio de 2009

Quiero ser apátrida

Quiero ser apátrida

· Uno de los titulares en la portada del El Mundo, del 15 de Julio de 2009: “Sólo Madrid aportará fondos a la solidaridad”.

· Subtítulo: “ERC se jacta de que Cataluña se quedará con todo lo que recaude”.

· Mi comentario: Ya se sabe quién hace que esté quien está en el Gobierno.

· Mi pataleo: ¡Dios, qué vergüenza de país!

martes, 14 de julio de 2009

¿Negligencia o inadecuada instrucción?

¿Negligencia o inadecuada instrucción?


Ayer dieron la noticia de que había muerto el bebé de la mujer que falleció hace unos días a causa de la gripe A. En el caso del recién nacido, sin embargo, no ha sido esta enfermedad la que ha acabado con su vida sino un error humano fatal. Al parecer, una enfermera introdujo el alimento por vía intravenosa, confundiéndola con la sonda nasogástrica (¿?). Hoy todo el mundo se pregunta cómo ha podido ocurrir algo así, y desde periódicos y cadenas de televisión se piden cabezas. La primera, presumo, la de la enfermera incompetente. Supongo que debe ser así… Y digo supongo porque, sin quitar hierro al terrible error, quizá las tornas no vayan tanto por el descuido de la enfermera… como por su formación. ¿De verdad es un error tan básico? Yo no lo sé. No soy enfermera. Pero…, si lo es…, entonces…, ¿es verosímil que se pueda cometer?


Al parecer, la chica tiene 22 años y llevaba un día en ese puesto haciendo una sustitución. Los sindicatos de enfermería argumentan la inexistente especialización para estos sanitarios, que un día están en la sección de neonatos y al siguiente en la de enfermos coronarios. ¿Y?, me pregunto. Si se trata de un error básico, da igual la sección donde se encuentre: lo cometerá allí o en otra diferente. Quizá, pues, el motivo del error se halle en una muy deficiente cualificación de nuestros técnicos (sean sanitarios o de cualquier otra rama). ¿Alguien se ha preguntado qué estamos haciendo con nuestros jóvenes? Les vamos regalando sus estudios primarios y secundarios; bajamos el listón del Bachillerato para que aquello no sea un desastre y así llegamos a que en la Universidad… se den casos de estudiantes en 3º de Arquitectura que tienen problemas para despejar. ¿Dónde vamos? Los errores se pagan: un bebé, con su vida; una enfermera, con pena de cárcel. ¿Y los responsables de sistemas educativos negligentes?


Y algo más… que no me puedo callar: nos echamos las manos a la cabeza por la muerte de este bebé debida a un error inexcusable, pero... cuántos mueren cada día sin que movamos una sola pestaña. Quien tenga estómago, que lo vea: escriba la palabra “aborto”, busque en imágenes de Google y luego trate de descubrir en las fotos dónde estaba la vía intravenosa y dónde la sonda nasogástrica.

lunes, 13 de julio de 2009

Perdóneme, padre, porque he pecado...

Perdóneme, padre, porque he pecado…

–¿De qué te acusas, hija?
–De buscar, al modo de Diógenes, un hombre de cultura media cuando yo soy una doña nadie iletrada. De no prestar atención a la sintaxis cuando escribo, ni tomarme la molestia de corregirla después. De embrollar mi estilo adrede para jugar con los lectores que no tengo. De permitirme el lujo de perorar sobre aquello que no domino…
–¡Pero estos son grandes pecados!: soberbia, pereza, arrogancia, vanidad… ¡Arrepiéntete y haz propósito de enmienda!
–No puedo…, no… Soy demasiado acomodaticia.
–Entonces vete de aquí y no vuelvas más.
–Pero tengo algunas virtudes…
–¿Una pecadora como tú?
–Sí…, incluso una pecadora como yo.
–¡Ja! Veamos cuáles…
–Cuando escribo…, al menos consulto el diccionario y…
–¿Y…? ¿Que? ¿Y…? ¿Que?
–¡No cometo faltas de ortografía! ¡Póngale la tilde al “qué”!

sábado, 11 de julio de 2009

Galimatías léxico

Galimatías léxico

Señala el manual de redacción que mencionaba unos artículos atrás que la claridad de un texto también requiere un léxico apropiado, ni preciosista ni excesivamente técnico, creo que decía. Recuerdo que cuando era pequeña (muy, muy pequeña), no concebía la idea de escribir bien sin llenar los textos de palabras raras. Hoy, mi concepción de lo que es una buena escritura se encuentra muy alejada, afortunadamente, de aquella idea. Sin embargo, no para todo el mundo es así y por ello muchos aficionados a la escritura utilizan extrañas palabras (cuanto más largas, además, creen que mejor, según Lázaro Carreter), algo en lo que, según mi opinión, se equivocan.

No obstante, el mayor error no creo que sea este. El error imperdonable es el uso incorrecto del vocabulario, hasta el punto de que, con frecuencia, el significado final de un texto semánticamente descuidado no es, ni más ni menos, que un galimatías léxico. El diccionario no existe para la mayoría de las personas (ya sean escritores aficionados, periodistas o meros usuarios del lenguaje). Nos hemos dejado llevar por una dejadez léxica tal, que produce sonrojo el uso del vocabulario que hacemos. Conectamos el piloto automático y nos dejamos conducir por un automatismo en el que lo mismo nos da ocho que ochenta.

Nunca, jamás podrá escribirse un buen texto si no se cuida hasta el aburrimiento el léxico que en él se utiliza. Tampoco seremos buenos hablantes si descuidamos nuestro vocabulario, no sólo no preocupándonos por aumentarlo, sino también si damos por bueno todo lo que oímos y lo añadimos a nuestra lista particular de vocablos y expresiones. Es nuestro deber, como hablantes de una lengua, cuidarla y mimarla en todos sus ámbitos, y es, por supuesto, una obligación para aquél que tenga a bien llamarse escritor. Ante esta tajante afirmación, no valen excusas –al menos yo no las admito–, pues cualquiera que se esgrima indicará, simple y llanamente, indolencia.

jueves, 9 de julio de 2009

La revoltosa sintaxis

La revoltosa sintaxis

En cuanto a la sintaxis…, encontrar un texto sin tacha sintáctica es una labor más ardua, si cabe, que la de hallar una aguja en un pajar. Casi nadie conoce bien la sintaxis española y, así, es imposible escribir con corrección. Frente a otras lenguas muy encorsetadas por las estructuras sintácticas, como el inglés, el español nos proporciona una holgura que, para el escritor, sobre todo, es de agradecer..., pero que, también, si no se maneja con la debida precaución, puede llegar a convertirse en una tela de araña de la que resultará muy difícil escapar.

No obstante, esta manga ancha que brinda la sintaxis no significa paso franco: hay unas reglas. Con frecuencia, la gente (o al menos los estudiantes que han de examinarse de ella) se pregunta para qué sirve la sintaxis, pues bien, he aquí la respuesta: las reglas sintácticas ordenan los elementos que componen una oración de acuerdo con la función gramatical que tiene cada uno de ellos, y este orden es el que sigue: en primer lugar, el sujeto; a continuación, el verbo; después, el atributo (si el verbo fuera copulativo); no obstante, si el verbo es predicativo, el complemento directo es el que ha de ocupar el tercer lugar, seguido del indirecto y, por último, de los circunstanciales.

Por supuesto, tal y como se dijo anteriormente, el orden fijado en el párrafo anterior admite sus combinaciones… más o menos acertadas. Y es aquí donde entra la pericia de cada cual bien a socorrerle y favorecer un buen escrito, bien a enfangar el texto y volverlo retorcido y muchas veces hasta incoherente.

Por todo ello, creo conveniente aconsejar, a todo aquel que sienta el aliento de la escritura respirando en su interior, que es primordial armarse con un buen manual de sintaxis y estudiárselo de cabo a rabo; lo cual, sin embargo, tampoco le hará alcanzar la cima de la corrección sintáctica a la primera. Será necesaria la práctica constante para adquirir un nivel aceptable que, eso sí, mientras tanto, debe ir acompañando con el sentido de armonía y buen gusto.

martes, 7 de julio de 2009

Pensamiento diáfano

Pensamiento diáfano

El otro día dejé colgados del teclado los comentarios que quería hacer con respecto al articulito anterior. Retomo hoy la palabra empeñada y, si se me permite, comenzaré con una sonrisa. La que dibuja en mi rostro la frase: Claridad significa expresión al alcance de un hombre de cultura media… De inmediato, salta mi cerebro tarareando una canción: “Buscando en el baúl de los recuerdos…”, y me pregunto por qué… Será porque puedo entender a qué tipo de hombre se refería en aquella época…, pero…, hoy en día, me cuesta localizar al individuo ideal que podría encarnarlo.

Habla luego del pensamiento diáfano. Hace tiempo, una editorial me regaló una taza en la que estaba apuntado este sabio juicio: “El límite de tu lenguaje es el límite de tu pensamiento”. Creo que esta frase expone lo que quiero decir con tanta nitidez que bien podría ponerle el punto final al articulito, sin embargo, voy a permitirme el lujo de continuar un poquito más para trasladar hasta aquí el recuerdo de una conversación acaecida hace ya algunos años, en una agradable tertulia con una amiga al amparo de una noche veraniega: “La base sobre la que se sustenta un buen pensamiento –le decía yo– es un dominio óptimo de la palabra”. Y afirmaba, no sabía si con razón o sin ella, pero empujada por la intuición: “El pensamiento es palabra”. Al parecer, no era la primera que tenía esta idea (¡Quía, qué vas a ser!), pero no me importa demasiado no serlo, sino la satisfacción de que he llegado a la misma conclusión que otros por mis propios medios.

Pero…, me desvío del asunto que venía a tratar aquí hoy. Volvamos, pues, a él: poseer un pensamiento diáfano es imprescindible si se desea escribir con claridad. Si las ideas no están nítidas en la cabeza, será imposible desarrollarlas hábilmente sobre el papel y conseguir el efecto deseado. Por otra parte, las palabras son los límites que le ponemos a nuestro pensamiento. Allí donde llegan las unas, llega el otro y ni una pizca más allá. Por ello… nuestro dominio del lenguaje nos dará la medida de nuestro pensamiento: cuanto mayor sea el uno, más ordenado y lúcido será el otro. Se trata, pues, de un círculo vicioso: el pensamiento es palabra, pero sin un buen lenguaje, no hay pensamiento diáfano. De modo que no se me ocurre otra idea mejor que la de recomendar un estudio profundo de la lengua, cuyo conocimiento nos permitirá organizar bien las ideas en la cabeza, pues, al fin y al cabo (y con la frase con la que acabé la conversación con mi amiga aquella noche de verano termino también hoy): la palabra es el instrumento que nos da la posibilidad de volver tangible el pensamiento.

domingo, 5 de julio de 2009

Del cuaderno en las hojas...

Del cuaderno en las hojas…

…por mi mano escrito tengo un cuento. ¿Qué tal? ¿He conseguido darle el aire a Fray Luis de León? No me he vuelto loca, no… Quiero hoy hablar de la claridad en los escritos y comienzo el mío con este hipérbaton absurdo porque creo que en muchas ocasiones estropeamos nuestro estilo con ensayos y juegos, normalmente poco ortodoxos, que suelen terminar por parir textos farragosos y de difícil digestión.

El escritor generalmente ambiciona tanto un buen argumento que llevar a sus escritos como un estilo propio con el que poder distinguirse. Para el escritor aficionado, normalmente perdido entre remedos de sus lecturas, la búsqueda del estilo propio también acostumbra a ser una prioridad, aunque quizá no de igual calibre a la que pretende el escritor profesional. En cualquier caso, el primero de ellos confunde demasiado a menudo buen estilo con dificultad y rebuscamiento, y suele olvidar que la primera gran cualidad del buen estilo es, precisamente, la claridad.

Pero…, ¿qué es exactamente la claridad? Copio literalmente de un excelente manual de redacción, publicado en los tiempos en los que una buena redacción era fundamental: “Claridad –dice– significa expresión al alcance de un hombre de cultura media. Claridad, que quiere decir también pensamiento diáfano, conceptos bien digeridos, exposición limpia, es decir, con sintaxis correcta y vocabulario o léxico al alcance de la mayoría: ni preciosista ni excesivamente técnico. Dicho de otro modo: un estilo es claro cuando el pensamiento del que escribe penetra sin esfuerzo en la mente del lector. Porque se puede ser profundo y claro, y superficial y oscuro. Una cosa es hondura de pensamiento y otra cosa muy distinta… el jeroglífico, el crucigrama”. Eso es claridad, y como creo que no se puede definir con mayor claridad que con la que ahí arriba se expone, me abstendré de intentarlo; pero sí voy a comentar algunos de los puntos que aparecen en la definición, aunque eso lo dejaré para otro día.

viernes, 3 de julio de 2009

Vacaciones

Vacaciones

Dentro de 4 horas exactamente comenzarán mis vacaciones y dentro de 24 estaré de camino hacia la tierra donde en otro tiempo nacían los dioses. Me despido, pues, del blog durante varias semanas, puesto que allí donde voy no tendré acceso a Internet (o al menos no todos los días). He dejado, sin embargo, programada la publicación de al menos 3 entradas por semana, de manera que este blog seguirá ofreciendo lectura a aquél que quiera visitarlo. No podré, no obstante, contestar los comentarios que los esperados visitantes tengan a bien dejarme. No, al menos, durante estos días en que la tecnología internáutica estará fuera de mi alcance. Prometo, sin embargo, que, tan pronto vuelva, daré debida respuesta a todos, si los hubiere.

No albergo demasiada esperanza en lo que a visitas se refiere, pues comprendo que la gran mayoría estaremos de vacaciones, alejados de la rutina diaria y olvidados de aquello que dejamos en nuestras hogares habituales, pero no he querido que el blog quedara mudo durante tanto tiempo. Así pues, a lo largo de estas semanas veraniegas, mostrará textos variados que irán engordando las etiquetas de Boletín Personal, Cuadernillo de Citas, Libros y Varios. Si no os ven estas letras por aquí durante las vacaciones, espero, al menos que os encuentren a la vuelta.

Saludos y feliz verano a todos.

S. Cid

miércoles, 1 de julio de 2009

El fuego del cielo

El fuego del cielo (César Vidal)

Libro de lectura muy fácil y rápida (ideal para que se enganche aquél que no es un buen lector) y que se disfruta mucho y se termina en un pispas (las páginas se devoran sin dar pausa).

César Vidal se las arregla muy bien para, utilizando un hecho de carácter histórico, aunar la vida de cuatro personajes en una historia con un final... que deja muy buen sabor de boca. Buena prosa, diálogos vivos e inteligentes, excelente descripción de la época y, como trasfondo, naturalmente y vistas las tendencias espirituales del autor, una religiosidad sin la cual difícil sería tanto encauzar la historia como alcanzar su final. Lo recomiendo sin ningún tipo de duda.

Belén 2013

Belén 2011