jueves, 20 de junio de 2013

James Stanley. Getting over

9. James Stanley. Getting over

-You were right.
-I know.
Habían pasado unos días, pero no era necesario que precisara de qué hablaba. Él lo sabía. La luz de las farolas dibujaba nuestras sombras sobre la acera mientras caminábamos por Princesa hacia Plaza de España. Algunos jóvenes pasaron junto a nosotros riendo y los vimos alejarse en dirección a Moncloa.
-I don't want to play with readers.
-You are not. They're free to read your texts or not.
Asentí levemente.
-But there's something else... -dije.
Harry se detuvo y me sujetó por el brazo para que yo también lo hiciera.
-You don't agree with James..., not completely.
-No -admití sin ambages.
-You feel ashamed. -¡qué bien me conocía!-. You can't...
-I can't -lo interrumpí- llorar o  embobarme en una sonrisa ñoña sin sentirme avergonzado por ello... -cité de memoria.
Creí adivinar que asentía con la cabeza a cada una de mis palabras, pero no podría asegurarlo. Tenía la mirada puesta en la acera de enfrente, escondiéndosela a la de él, y suspiraba por descansar la espalda sobre los muros del Palacio de Liria, en busca de un apoyo que disimulara el temblor de las piernas, mientras me concentraba en obviar el contacto de sus manos en mis brazos.
-You can get over your fears.
-No, I can't.
-Of course you can! -exclamó afable- You did it with me.
Mi mirada atónita se topó con esa sonrisa absolutamente encantadora que, en una fulgurante revelación fui consciente entonces, él sólo dibujaba para mí. Trastabillé torpemente en ella mientras la sombra de un recuerdo ya casi oscurecido en la memoria cruzaba mi mente: no llovía, su chaqueta no me cubría la cabeza y había cientos de lugares a los que huir. Y, sin embargo...
-Yes -rocé con los dedos la solapa de su abrigo-, I did it.
-And was it a mistake? -había dado un paso y ahora estaba a unos centímetros de mí.
Agité suavemente la cabeza de un lado a otro, con la vista clavada en la espiguilla de su abrigo.
-Raise your...
Apoyé un dedo sobre sus labios y lo hice callar. Levanté la cabeza. Nadie iba a decirme que lo hiciera más que yo misma y él accedió en silencio. En la mano tenía algo para él. Observó paciente cómo lo empujaba con la punta de los dedos en el bolsillo de su pechera. Sonrió de nuevo y junto a mi mitad del billete puso la suya.

Las miradas de ambos proyectaron el mismo fotograma a la vez: ya no había fuerza humana que lo evitara ni, ahí estaban nuestras sonrisas precipitándose la una en la otra, pretensión alguna de eludirlo. Lo vi inclinarse hacia mí...

...

A su espalda, un autobús pasó ante nosotros y nos sustrajo a las miradas indiscretas.

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Antes, en James Stanley: The great pretender.
Y después...
No hay después. It's over.

miércoles, 19 de junio de 2013

Esta ola (azul) polar...

Esta ola (azul) polar...

...que nos viene amargando desde el otoño pasado ya se está haciendo un poquito cargante, ¡canastos!




A Celda103: Have you heard the latest gossip at Heaven? Dimite la Virgen de la Cueva: "Esto se me ha ido de las manos".

A Celda104: 


James Stanley. The great pretender

8. James Stanley. The great pretender

-Have you read it yet?
-Yes!
Quizá dejé percibir mi entusiasmo un poco más de lo que me hubiera gustado.
-And?
Desde que leí el documento, no había podido dejar de pensar en las palabras que James Stanley había trazado sobre aquel manuscrito.
-You can't imagine how well I understand what he means.
Oí su risa ligera:
-Oh, be sure I can.
Ladeé la cabeza y me paré. Él también se detuvo. Relajado, con las manos metidas en los bolsillos del abrigo y un gesto tan natural en la cara que nadie diría que estaba una vez más allí dentro -agité inquieta la cabeza, como queriendo salpicármelo de encima-, correteando por mi cerebro y desvistiendo hasta la última neurona.
-Why are you so sure? -percibí cierto tono receloso en mi voz.
-'Cause you are like him.
Las palabras sonaron embutidas en un susurro. Negué con la cabeza.
-I'm not.
Él soltó una breve carcajada y echó a andar. Lo seguí. Las hojas anaranjadas que habían caído de los árboles formaron un remolino ante nosotros y opacaron durante un instante el brillo que los vidrios del Palacio de Cristal reflejaban al recibir la luz vespertina.

I write because I have fun, because it makes me happy, because I can't live another way... Escribo porque me hace saltar el alma... -mi mente transcribió los pensamientos de James Stanley al español. Si cinco meses de amistad con Harry Tisdale la habían despertado al ingenioso mundo del sarcasmo y los dobles sentidos, que ahora paladeaba mejor en inglés que en mi propio idioma, la prosa transparente y directa de Stanley seguía sonando mejor en mis oídos cuando la escuchaba en español- ...y estimula mi cerebro. Escribo porque, al hacerlo, creo mundos en los que luego puedo vivir, personas a las que puedo amar o detestar, transformar, ignorar. Escribo porque, entre las letras con que construyo un cosmos, las asperezas del mundo real desaparecen y llueve y brilla el sol al compás de las necesidades de mi corazón. Porque, a lomos de lo que escribo, puedo llorar o  embobarme en una sonrisa ñoña sin sentirme avergonzado por ello...

-I'm not -insistí.
-Oh, yes, you are!


I write because the paper is the great pretender... -Stanley tocaba a Freddie Mercury en mi cabeza-, ...porque en él atrapo pensamientos que jamás antes me habría atrevido a tener y enmascaro emociones que nunca habría admitido sentir...

-I'm not... -musité tan bajo que incluso a mí me resultó difícil percibir el temblor con que hablé.
Harry se detuvo de nuevo. Estaba tan cerca de mí que sentí las vaharadas de su aliento en mi oído.
-Feeling like him makes you feel ashamed?
No contesté.
-Oh, come on, don't cheat yourself. You can do better.
-I'm not pretending doing well -protesté.
-You think your writings are not good enough to be read.
-I haven't thought about it.
-Yes, you have. And you are afraid of giving them to your readers 'cause you think they will make them waste their time.
Calló, demandando una respuesta con aquel silencio, pero yo, una vez más, no contesté.Y él continuó:
-Just like him.
Volvimos a movernos. Caminábamos en silencio mientras las sombras del atardecer iban confundiendo nuestras figuras entre la bruma que comenzaba a levantarse. Lo oí tomar aire y temí lo que con él pudiera articular.
-But he took the risk and.. -encogió los hombros. El resto de la frase era tan obvio que podía soslayarse.
-I'd never give my life to any rude reader who...
-Pretending to hide what your heart can't conceal?
-Stop "pretending" to be Freddie Mercury. -me quejé.
-Playing with words?
-Look who's talking! You're a master with them -él no hizo caso a mi sarcasmo y continuó:  
-Both of you are so honest that couldn't even accept to steal time from others.
No le dejé seguir:
-Let's go. It's cold.
Lo hacía. El viento soplaba frío y de repente sentí la imperiosa necesidad de irme a casa.

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Antes, en James Stanley: One thousand and one nights.

martes, 18 de junio de 2013

James Stanley. One thousand and one nights

7. James Stanley. One thousand and one nights

Había ido dándome la información con cuentagotas: unas veces me hablaba sobre la infancia de James Stanley, otras me traía alguno de sus escritos, como si quisiera ir alargando el proceso en una especie de mil y una noches. Y así habíamos mediado el otoño.
-Sorry, I'm late.
-It's never late when you show up.
Me ayudó a quitarme el abrigo y me ofreció una silla frente a él, en una mesita apartada del café donde habíamos quedado, mientras simulaba no haber percibido la sonrisa eufórica que me me habían arrancado sus palabras.
Fuera el tiempo estaba borrascoso, pero dentro hacía calor. No me quitó la vista de encima mientras me desanudaba la bufanda y aguardaba a que el camarero que me había traído el café se alejara. Aún siguió así unos segundos más después de que nos quedáramos solos, pero para entonces ya no me sentía intimidada por sus silencios ni por la vehemencia de su mirada. Me limitaba a disfrutarlos.
La cálida bebida tentó la firmeza de mis labios con un cosquilleo mientras lo miraba por encima del borde de la taza. Era una firme roca a la que asirse. Tamborileé en la curvada línea de la taza, como si necesitara tantear con los dedos lo que la mente pensaba. Era grande y, entorné la mirada y calculé, dos como yo podrían ovillarse fácilmente entre sus brazos. Rechacé la idea. ¿Dos? Yo sola podía arreglármelas muy bien para ocupar todo el espacio. Ahogué una carcajada con un sorbo de café. Era un hombre tan fiable, tan convincente, tan manso y afable. Era perspicaz e ingenioso y, bueno, ¿por qué contener el pensamiento?, tan apuesto y varonil....
Le vi examinar el interior de un portafolio.
-A new story? -pregunté al tomar el documento que me tendía.
-Not this time.
Elevé una ceja interrogativamente. Creo que para entonces ya imitábamos nuestros tics con tanta precisión y naturalidad que podríamos mimetizarnos el uno en el otro sin que ello nos causara desconcierto o confusión.
-It's a kind of meditation or literary consideration.
-About?
-The fact of writing.
-It sounds suggestive.
-Belive me: it is.
Asentí en silencio mientras guardaba el portafolio en mi cartera. Él pareció sorprenderse:
-Aren't you going to read it?
-Not now. 
-No?
Negué con la cabeza. 
-No, not this time -repetí sus propias palabras sin añadir nada más.
Percibí un ligero brillo de expectación que disimuló con un par de pestañeos.
-And so...? 
Apoyé los antebrazos sobre la mesa y me incliné hacia delante. Él también se acercó y pareció ocupar todo el espacio, incluyéndome a mí. Su forma de aproximarse transmitía un mensaje nítido: yo no sobraba. Lo miré de frente:
-Let's talk.
Me pregunté cuánto tiempo esperaría a que yo empezara la conversación y conté mentalmente: uno, dos, tres, cuatro...  
-About? -interrumpió mi cómputo.
Demasiado. Tendría que mejorar mi entonación y lograr hacerla más tentadora. Cuatro segundos para colmar su paciencia eran demasiados. Me propuse bajarlos a tres para la próxima cita. Lo miré y él me animó con un gesto vehemente. No lo dudé. ¿Para que andarse con melindres a aquellas alturas?
-Us?
Sonrió. Era una forma elocuente de hablarme. Yo le devolví la sonrisa. También para mí era ya un significativo modo de dirigirme a él.
-Nice topic of conversation.

Seguro que sí, pensé. Y tal vez, con un poco de suerte, daría para dos mil noches más.

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Antes, en James Stanley: Fiction in reality.
Y después: The great pretender.

lunes, 17 de junio de 2013

¡Feliz cumpleaños!

¡Feliz cumpleaños!



Y de regalo un arco nuevo:


¡Pasa un buen día, Arquera!

Besos.

domingo, 16 de junio de 2013

Y más nenas... aún

Y más nenas... aún



Planes...

Planes...

(...o maniobras de resucitación)

Una ducha hirviente, un baño de crema, una cena ligera, unas temperaturas que se relajan, una cierta cantidad de sustancia química que proporciona relax y sueño, una almohada especial para el cuello y un día libre mañana. 

¿Será suficiente?

Belén 2011

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