9. James Stanley. Getting over
-You were right.
-I know.
Habían pasado unos días, pero no era necesario que precisara de qué hablaba. Él lo sabía. La luz de las farolas dibujaba nuestras sombras sobre la acera mientras caminábamos por Princesa hacia Plaza de España. Algunos jóvenes pasaron junto a nosotros riendo y los vimos alejarse en dirección a Moncloa.
-I don't want to play with readers.
-You are not. They're free to read your texts or not.
Asentí levemente.
-But there's something else... -dije.
Harry se detuvo y me sujetó por el brazo para que yo también lo hiciera.
-You don't agree with James..., not completely.
-No -admití sin ambages.
-You feel ashamed. -¡qué bien me conocía!-. You can't...
-I can't -lo interrumpí- llorar o embobarme en una sonrisa ñoña sin sentirme avergonzado por ello... -cité de memoria.
Creí adivinar que asentía con la cabeza a cada una de mis palabras, pero no podría asegurarlo. Tenía la mirada puesta en la acera de enfrente, escondiéndosela a la de él, y suspiraba por descansar la espalda sobre los muros del Palacio de Liria, en busca de un apoyo que disimulara el temblor de las piernas, mientras me concentraba en obviar el contacto de sus manos en mis brazos.
-You can get over your fears.
-No, I can't.
-Of course you can! -exclamó afable- You did it with me.
Mi mirada atónita se topó con esa sonrisa absolutamente encantadora que, en una fulgurante revelación fui consciente entonces, él sólo dibujaba para mí. Trastabillé torpemente en ella mientras la sombra de un recuerdo ya casi oscurecido en la memoria cruzaba mi mente: no llovía, su chaqueta no me cubría la cabeza y había cientos de lugares a los que huir. Y, sin embargo...
-Yes -rocé con los dedos la solapa de su abrigo-, I did it.
-And was it a mistake? -había dado un paso y ahora estaba a unos centímetros de mí.
Agité suavemente la cabeza de un lado a otro, con la vista clavada en la espiguilla de su abrigo.
-Raise your...
Apoyé un dedo sobre sus labios y lo hice callar. Levanté la cabeza. Nadie iba a decirme que lo hiciera más que yo misma y él accedió en silencio. En la mano tenía algo para él. Observó paciente cómo lo empujaba con la punta de los dedos en el bolsillo de su pechera. Sonrió de nuevo y junto a mi mitad del billete puso la suya.
Las miradas de ambos proyectaron el mismo fotograma a la vez: ya no había fuerza humana que lo evitara ni, ahí estaban nuestras sonrisas precipitándose la una en la otra, pretensión alguna de eludirlo. Lo vi inclinarse hacia mí...
...
A su espalda, un autobús pasó ante nosotros y nos sustrajo a las miradas indiscretas.
- - - - - - - - - - - - - - - -
Antes, en James Stanley: The great pretender.
Y después...
No hay después. It's over.
-I know.
Habían pasado unos días, pero no era necesario que precisara de qué hablaba. Él lo sabía. La luz de las farolas dibujaba nuestras sombras sobre la acera mientras caminábamos por Princesa hacia Plaza de España. Algunos jóvenes pasaron junto a nosotros riendo y los vimos alejarse en dirección a Moncloa.
-I don't want to play with readers.
-You are not. They're free to read your texts or not.
Asentí levemente.
-But there's something else... -dije.
Harry se detuvo y me sujetó por el brazo para que yo también lo hiciera.
-You don't agree with James..., not completely.
-No -admití sin ambages.
-You feel ashamed. -¡qué bien me conocía!-. You can't...
-I can't -lo interrumpí- llorar o embobarme en una sonrisa ñoña sin sentirme avergonzado por ello... -cité de memoria.
Creí adivinar que asentía con la cabeza a cada una de mis palabras, pero no podría asegurarlo. Tenía la mirada puesta en la acera de enfrente, escondiéndosela a la de él, y suspiraba por descansar la espalda sobre los muros del Palacio de Liria, en busca de un apoyo que disimulara el temblor de las piernas, mientras me concentraba en obviar el contacto de sus manos en mis brazos.
-You can get over your fears.
-No, I can't.
-Of course you can! -exclamó afable- You did it with me.
Mi mirada atónita se topó con esa sonrisa absolutamente encantadora que, en una fulgurante revelación fui consciente entonces, él sólo dibujaba para mí. Trastabillé torpemente en ella mientras la sombra de un recuerdo ya casi oscurecido en la memoria cruzaba mi mente: no llovía, su chaqueta no me cubría la cabeza y había cientos de lugares a los que huir. Y, sin embargo...
-Yes -rocé con los dedos la solapa de su abrigo-, I did it.
-And was it a mistake? -había dado un paso y ahora estaba a unos centímetros de mí.
Agité suavemente la cabeza de un lado a otro, con la vista clavada en la espiguilla de su abrigo.
-Raise your...
Apoyé un dedo sobre sus labios y lo hice callar. Levanté la cabeza. Nadie iba a decirme que lo hiciera más que yo misma y él accedió en silencio. En la mano tenía algo para él. Observó paciente cómo lo empujaba con la punta de los dedos en el bolsillo de su pechera. Sonrió de nuevo y junto a mi mitad del billete puso la suya.
Las miradas de ambos proyectaron el mismo fotograma a la vez: ya no había fuerza humana que lo evitara ni, ahí estaban nuestras sonrisas precipitándose la una en la otra, pretensión alguna de eludirlo. Lo vi inclinarse hacia mí...
...
A su espalda, un autobús pasó ante nosotros y nos sustrajo a las miradas indiscretas.
- - - - - - - - - - - - - - - -
Antes, en James Stanley: The great pretender.
Y después...
No hay después. It's over.

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