jueves, 31 de diciembre de 2009

Feliz noche a todos

Feliz noche a todos

Si todo va bien, dentro de un rato estaré montándome en el coche para volver a Madrid y pasar la última noche del año con mi familia. Ésta es, pues, la última entrada del año y hace el número 150 (me empeñé en que el blog cerrara el 2009 con un número redondo de entradas y al final, aunque un poco apurada, lo he conseguido).
La razón principal de estas letras es desearos una feliz noche, por supuesto, pero como todo el mundo hace su anuario cada vez que se cierra un año, he pensado que bien podría hacerlo yo también, recordando mi favorita de entre estas 150. No me he parado mucho a pensarlo, la verdad, de modo que así, de sopetón, me quedo precisamente con una que nada tiene que ver conmigo -quiero decir que no es producto de mi imaginación-, pero que me gustó mucho: Una preciosidad.

Espero que todos tengáis una feliz noche y, por supuesto, os deseo un feliz y próspero (aunque con ZP va a ser difícil) año nuevo.

Saludos.

S. Cid

martes, 29 de diciembre de 2009

Millennium 3

La reina en el palacio de las corrientes de aire (Stieg Larsson)

Después de varios meses de espera, finalmente una amiga me prestó la tercera parte de esta trilogía del sueco Larsson a quien, como ya señalé, no tenía el placer de conocer.

Si ya en la segunda parte, la trama se deslizaba sin ningún tipo de rubor hacia la ciencia ficción, en esta tercera, donde se produce el desenlace, casi que rozamos las naves espaciales de La Guerra de las Galaxias: Lisbeth Salander es operada, se le extrae la bala del cerebro y vive para contarlo… con total control de sus facultades mentales. Puesto que mis conocimientos médicos no van más allá de la colocación de una tirita en un dedo, es obvio que no puedo opinar al respecto; pero parece un tanto inverosímil que tal pueda ocurrir. No me extiendo en ello, sin embargo, bastante hablé del disparate con que acaba la segunda de las novelas.

La novelita está entretenida, me refiero a su trama, naturalmente, y es perfecta para esos momentos en que la mente está tan cansada que a lo más que llega es a poner el piloto automático y dejarse llevar por lo fácil. He leído muchas críticas, algunas muy duras, hacia la obra de Larsson. Estoy de acuerdo en que no escribe alta literatura, pero sí es capaz de hilar fino en las tramas de sus novelas y entretener durante un rato, al final del día, justo antes de ir a dormir, a una mente harta de pensar.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Millennium 2

Millennium 2: La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina (Stieg Larsson)

Si el primer título de Millennium constaba de 8 palabras, el del segundo lo supera con creces, ya que está integrado por 12. Pero no es este el único ejemplo de este segundo tomo en el que Larsson se supera a sí mismo… No, ¡qué va! Su imaginación en esta segunda parte vuela hasta cotas inimaginables… Primero un tiro en la cadera, luego otro en el omoplato y después un tercero en el cráneo. Lisbeth Salander es enterrada con estos tres tiros en su cuerpo bajo una capa de tierra que…, sin embargo, no parece ser suficiente para que el personaje muera… Y no sólo eso, con esos tres tiritos en su cuerpecillo, será capaz de salir de la tumba, recorrer un buen trecho hasta alcanzar la granja donde están los malos malísimos, matar al mafioso, ex espía ruso, y ahuyentar al gigante rubio. ¡Caray, esto es ficción y lo demás es tontería!

El segundo título de la trilogía deja bastante que desear con respecto al primero, tanto en lo que se refiere al fondo de la investigación que ocupa esta novela como a la forma. Larsson encontró un filón en Millennium y supo aprovecharlo bien, supongo que imaginando la mansa, y por supuesto parca, exigencia de sus lectores, a los que no parece importar que el escritor introduzca un cuento chino en mitad de la trama de prostitución, tan suecamente ambientada, que mueve la novela.

No quiero ser ácidamente crítica con este autor ni con su trabajo. Millennium no es una obra maestra de la literatura, pero sí una novela que entretiene y adecuada para sobrellevar el calor intolerable de las siestas veraniegas que con Proust, por decir algo, sería insufrible. Sin embargo, no se puede timar al lector de la forma en que lo hace Larsson. Por favor…, no somos estúpidos. ¿O sí?

domingo, 27 de diciembre de 2009

Millennium 1

Millennium 1: Los hombres que no amaban a las mujeres (Stieg Larsson)

Bueno…, ya leí la primera parte de esta trilogía. Todo el mundo hablaba de ella y yo no podía sino confesar mi ignorancia. Ahora…, ¿qué decir? Lo primero que se me ocurre es que la portada no puede ser más desagradable probablemente porque es imposible. Es fea como un demonio, la pobre. Aunque…, quizá para el gusto estético de los suecos sea el no va más y llame la atención… casi tanto como los ex-tre-ma-da-men-te lar-guí-si-mos títulos de esta trilogía.


En cuanto al libro en sí…, la historia abre de una manera llamativa: el prólogo invita a continuar leyendo. ¿Qué misterio encierra el envío anual de una flor enmarcada a un pobre viejo de ochenta años que perdió a su sobrina hace cuarenta y tantos? Después, una apertura sugerente: el resultado de un juicio. Y, a continuación, cincuenta o sesenta páginas un poco infumables, aunque necesarias para el desarrollo posterior de la novela.


Puntos a favor de Larsson: es capaz de hilvanar varias tramas interesantes que acaban componiendo una estructura bien construida, o al menos con sentido. También me parece un acierto la creación del universo Vanger (¡vaya ganado!) y, sobre todo, el del personaje de Lisbeth Salander. Es una tía rara de narices, pero el autor consigue hacer atractivo al personaje. En cuanto al protagonista, Mikael Blomkvist, cae bien, aunque en ocasiones no logra hacerse verosímil, y no me refiero a hechos como la relación sexual que mantiene con Erika Berger con la anuencia del marido de ésta (gente rara o con este tipo de tragaderas las hay en todas partes, incluso en Suecia), sino a otro tipo de detalles…


¿Conclusión de mi análisis? La novela es entretenida y pretende albergar un trasfondo moral mediante la inclusión de cifras sobre el maltrato a la mujer en Suecia así como el planteamiento de una ética periodística encarnada en la revista Millennium.

sábado, 26 de diciembre de 2009

En un suspiro vuelvo

En un suspiro vuelvo

Me voy de nuevo unos días, amigos, en busca de paz (espero que el bumba-bumba-bumbabá) sea más clemente conmigo en esta ocasión y, si no, ya me buscaré el remedio.

Como en otras ocasiones, dejo programadas algunas entradas para que se vayan publicando estos días de ausencia.

Mientras tanto, que paséis unos buenos días y, si salís, cuidado con las carreteras.

Saludos.

S. Cid

viernes, 25 de diciembre de 2009

¡Feliz Navidad!


¡Feliz Navidad!



Y paz a los hombres de buena voluntad.

Bueno, y a los que no la tienen... también, anda. ;-)

jueves, 24 de diciembre de 2009

Y llegó la Nochebuena

Finis Terrae, albergado por lo que en un principio fue simplemente Los libros de S. Cid, no podía felicitar la Nochebuena a los lectores de otra manera que no fuera sobre todo literaria. He aquí, pues, de la mano de Dickens y de Walt Disney, mi felicitación:












Feliz Nochebuena a todos.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Planet 51

Planet 51

Anoche fui a ver esta película con dos amigas y tuve dos sorpresas. Una: tan sólo estuvimos 3 personas en la sala. Jamás, jamás de los jamases me había ocurrido eso: una sesión sólo para nosotras. Y dos: efectivamente, en España a veces se hace buen cine.

Se trata de una película muy, muy bonita y llena, repleta, rebosante de guiños a cuál más simpático o curioso. El último de ellos..., cuando de hecho crees que la película se ha acabado, es quizá el mejor. Claro que este ímpetu amoroso por la película que despliego se ve justificado porque se desarrolla en los años 50, que es la época que más me gusta del siglo XX.

Si debe haber subvenciones para el cine español, sin duda es este tipo de películas el que debe llevarse la mayor parte y no los bodrios infumables, groseros y absurdos de esos cuatro cejistas que viven del peloteo político.

Buenísima película, insisto. Hay que ir a verla.

lunes, 21 de diciembre de 2009

La muerte viene a cenar

La muerte viene a cenar

–Tal vez, si se lo propongo, aceptará otra cita conmigo que no se deba a esta invitación obligada por su inestimable ayuda, miss West.
Sonreí. El inspector Carter estaba cumpliendo su promesa y ello explicaba que por primera vez hubiera pisado las elegantes alfombras del Hotel Cartlon, en cuyo selecto restaurante estaba cenando con aquel sabueso tan guapo.
–Tal vez –sonreí de nuevo–, tal vez… –contesté mientras volvía a mi memoria la llamada con la que principió todo.

La noche que telefoneé a casa de Thomas Allerton para asegurarme de que había recibido los documentos que le habíamos enviado, no podía imaginar que mi llamada ocasionaría el descubrimiento de un crimen. Mientras aguardaba a que el mayordomo lo confirmara, escuché los gritos de pánico que llegaron a través del aparato, justo antes de que la voz del criado me apremiara a dejar la línea libre, pues había de comunicar urgentemente con la policía. Después de aquello, no supe nada más hasta que el inspector Carter se presentó en mi oficina a la mañana siguiente: Thomas Allerton, el célebre escritor de novela negra, había sido asesinado la noche anterior en su residencia.

El crimen me incumbía como directora de la Agencia de Mecanógrafas Templeton, ya que Allerton había sido envenenado a través de la piel por un potente veneno esparcido en las hojas del documento que le habíamos enviado. Así pues, importaba despejar toda duda sobre nuestra implicación en el crimen. Sin embargo, el principal interés de la policía se centró en la declaración de George Curtis, nuestro botones y portador del paquete, puesto que, de acuerdo con la secuencia de los hechos que los agentes habían logrado establecer, los acontecimientos ocurridos desde el momento de la entrega nos eximían de toda culpabilidad.

Según la narración de George, a las siete llamó a la puerta de Allerton, quien debía de estar aguardándolo, pues salió de inmediato a abrirle sin esperar a que lo hiciera el mayordomo. Al parecer de George, Thomas Allerton se mostró sumamente complacido con el paquete, ya que no sólo le tranquilizó por el desgraciado incidente del que Curtis fue responsable al tirar las lentes, rompiéndolas sin remedio, que Allerton tenía en las manos cuando le hizo entrega del paquete, sino que le gratificó con una propina de considerable cuantía.

Una vez que entregados los documentos en mano, el escritor se encerró en la biblioteca con ellos. A las ocho, el mayordomo llamó para la cena y Allerton se reunió con su esposa en el hall. Ambos se dirigieron al aseo situado bajo la escalera donde el escritor se lavó las manos antes de cenar mientras su esposa permanecía en la puerta, hablándole sobre un lienzo del célebre pintor Stanley Paddock que había visto en la galería Shackerfield y deseaba adquirir para el salón. Todo ello fue corroborado por el mayordomo y la doncella, únicos sirvientes presentes en la casa aquella noche, que pudieron escucharlo y observarlo desde el comedor, donde aguardaban a los señores.

Una vez servida la cena, los cuatro permanecieron en el comedor hasta que, finalizada ésta, Allerton volvió a la biblioteca para continuar con su trabajo. Fue entonces cuando entró en contacto con el veneno, que lo mató de inmediato, al tiempo que se producía mi llamada , ocasionando con ella que el mayordomo descubriera el cadáver de Allerton, cuyo rostro, según la declaración del sirviente, mostraba señales evidentes de sufrimiento: el gesto crispado, los labios contraídos por el dolor, y los globos oculares queriendo atravesar las gafas mostraban bien a las claras los terribles estragos del veneno.

El hecho de que Allerton tuviera las gafas puestas no sorprendió tanto a la policía, pues el difunto contaba con otro par que sustituyó a las que Curtis había roto, como la presencia de unas bolitas de cera halladas junto a las hojas envenenadas y los restos carbonizados de lo que sin duda había sido un pliego de papel, de los cuales sólo se pudo descifrar el membrete del despacho de abogados que trabajaba para Allerton. Estas insólitas piezas del puzzle enredaban aun más un caso que parecía irresoluble, ya que el fulminante efecto del veneno hacía imposible que éste se hubiera esparcido por el documento antes de la cena, y las comprobaciones realizadas por la policía demostraron que, a lo largo de ésta y aun después, nadie que no fuera Thomas Allerton había tenido acceso al documento. Sin embargo…, yo lo vi todo con claridad. Sin dudarlo, llamé a Carter y concerté una entrevista con él.
–Inspector, ¿sabe usted dónde estaban las gafas de repuesto que Allerton llevaba puestas?
–En la mesita de noche de su dormitorio. ¿Por qué?
–Me pregunto cómo llegaron hasta la biblioteca…
–Las fue a buscar él mismo cuando se rompieron las otras.
–¿Y dejó el documento sin custodia?
–Sí, pero eso ocurrió antes de la cena y el veneno, por su efecto fulminante, sólo pudo ser esparcido sobre las hojas después.
–O no… –sugerí.
–Pero entonces Allerton habría muerto antes de cenar –arguyó Carter.
–¿Saben ya de dónde procedían las bolitas de cera?
–Sin duda de una vela con la que quemó el pliego de papel cuyas cenizas encontramos.
–Inspector…, ¿ha pensado que tal vez la grasa de la cera con la que Allerton moldeó las bolitas protegió sus dedos del veneno y que sólo después de que se lavara las manos pudo éste llegar hasta sus yemas?

Lo demás fue fácil para Carter, experimentado sabueso. Mistress Allerton confesó: lo había asesinado porque su marido quería divorciarse de ella y, según las cláusulas del acuerdo matrimonial que firmaron antes de casarse, de producirse el divorcio ella no obtendría ni un penique.

Carter llamó mi atención, huida del restaurante desde hacía tiempo:
–¿No quiere postre?
–Inspector… –dije por toda respuesta–, ¿saben ya qué decía el documento que quemó Allerton antes de morir?
–Sin duda se sorprenderá, miss West: Allerton destruyó la solicitud de divorcio que sus abogados le habían enviado. Al parecer…, había decidido no divorciarse.

sábado, 19 de diciembre de 2009

De cómo Adán (probablemente) fue quien comió del árbol prohibido

De cómo Adán (probablemente) fue quien comió del árbol prohibido

Me ocupa el tiempo estos días la lectura de una estupenda novela de Claude Cueni, El druida del César, que está trayendo a mi mente, además de sumo placer, alguna que otra reflexión.

En ella se cuenta cómo César, agobiado por las deudas que ha dejado en Roma, busca en la Galia un pretexto con el que ir a la guerra, única solución que, entre otros, incluido el propio César, encuentra el tribuno senatorial Labieno: Creo que sólo una guerra puede salvarnos. Ahora bien, para hacer la guerra hay que tener un motivo y César lo encuentra sin dificultad: los celtas helvecios, huyendo de las tribus germanas que los amenazan, deciden trasladarse a la tierra de los santonos, en la costa atlántica, pero para ello han de cruzar la provincia romana de la Galia Narbonense de la cual es gobernador César, que encuentra en esta necesidad la situación ideal para provocar esa guerra tan anhelada.

Como habrá imaginado el lector, César deniega el permiso a los helvecios y estos, queriendo evitar un enfrentamiento con los romanos, deciden dar un largo y tortuoso rodeo. Sin embargo, César no está dispuesto a dejar escapar su excusa fácilmente:

-Estoy sorprendido -dijo Cayo Oppio- [...]. Desde la guerra de los cimbros tenemos el miedo metido en el cuerpo. ¿Y qué pasa ahora? ¡Que vienen los helvecios! ¿Y qué hacen? No atacan ni una sola vez nuestras líneas fortificadas. ¿Cómo vamos a explicar al Senado de forma plausible el reclutamiento de dos nuevas legiones sin su consentimiento?
-Los helvecios se guardarán de atacar una provincia romana. Van al Atlántico y no a la guerra -contesté de la forma más neutral y objetiva posible.
-Corisio, éste no es un despacho de información de utilidad pública. Tenemos el deber, el ánimo y la posibilidad de influir y manipular con acierto en Roma. Recopilamos noticias y novedades, y comprobamos su utilidad. Para nosotros una noticia perjudicial no es una noticia. Debemos fundamentar por qué y para qué necesita César seis legiones. En caso necesario, hay que inventar las noticias convenientes.

[...]

-[...] Nos atenemos a la realidad, siempre que no perjudique a César. Pero César ha reclutado esas dos legiones sin el consentimiento del Senado y ha vuelto a actuar así en contra del derecho romano. ¡Imagínate cómo caerán sobre él en Roma si entra en la Galia con treinta y seis mil legionarios y no se ve ninguna amenaza por ninguna parte! [...] Transformamos la política en palabras -continuó Cayo Oppio- [...]. Hacemos política con las noticias. Para eso nos paga César.

Y después de leer este esclarecedor diálogo, encuentro en La Razón esta mañana un artículo firmado por José María Marco, del cual extraigo esta cita: Cambia las palabras, decía Confucio, y habrás cambiado la realidad. Y es que, al parecer, una asociación dedicada a falsificar la historia con el patrocinio del gobierno está presionando para que el diccionario de la RAE califique de "fascista" el franquismo, cosa que no fue. La RAE ya se había anticipado [...] y su diccionario explica que el franquismo tuvo "tendencias totalitarias" [...]. A partir de ahí, La Razón ha puesto en claro que en la entrada sobre "comunismo" no aparece mención alguna al "totalitarismo", como si el comunismo fuera una ideología respetable, mucho más, por supuesto, que ese régimen execrable que fue el franquismo.

La cuestión es que, bien antes de que sucedan los hechos -como en el caso de César que hoy se narra aquí-, bien después -como se contaba ayer con Ramses II u hoy en La Razón con ese lobby progresista-, la manipulación de la historia es constante, al parecer, desde que el hombre es hombre. De ahí que, con tanta intervención artera, una pueda llegar a plantearse, por ejemplo, si no sería el propio Adán quien comió del árbol prohibido.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Ramses II

Ramses II

Mil seiscientos años antes de Cristo, ya existía sobre el planeta un agrio enfrentamiento entre dos superpotencias: Egipto y el reino de los hititas. Una pugna que, no obstante, podría haber acabado en alianza cuando, a finales de la XVIII dinastía egipcia, desaparecidos todos los hombres de sangre real que pudieran ocupar el trono, la reina viuda ofreció su mano a uno de los hijos del rey hitita quien, indeciso ante la oferta o tal vez receloso de ella, fue aplazando la respuesta a una proposición que habría cambiado el destino de ambas naciones. Sin embargo, para cuando éste se decidió y envió a su hijo, ya era demasiado tarde: el príncipe hitita fue asesinado y el enlace matrimonial jamás llegó a hacerse realidad; razón por la cual comenzó a reinar el primero de los Ramses, abriendo con ello el camino hacia el trono a su nieto, el que sería Ramses II.

La hostilidad mantenida durante tan largo tiempo por ambas naciones se acrecentó ahora con la enemistad a que dio lugar la oferta nunca aceptada y el asesinato del príncipe hitita; y así continuó con el correr de los años hasta que, pasado el tiempo, llegó el turno de acceder al trono para Ramses II quien deseaba acabar con una enemistad de tan larga duración, aunque, eso sí, con la victoria de su parte. Por esta razón, preparó concienzudamente a su ejército durante cuatro años, al cabo de los cuales se puso en marcha hacia una más que segura victoria…, a su modo de ver. Sin embargo, merced al fiasco cometido por los servicios de información, se vio Ramses, en compañía tan sólo de su guardia del cuerpo pretoriano y del cuerpo de Amón, cercado por el ejército hitita en las proximidades de la ciudad de Kadesh, en el río Oronte.

El valor de Ramses en este encuentro hizo leyenda: prácticamente solo, se lanzó contra las tropas hititas con la esperanza de abrirse paso y lograr, así, alcanzar al grueso de su ejército. A pesar de tamaña valentía, jamás lo habría logrado si un cuerpo de mercenarios no le hubiera prestado su ayuda, poniéndolo a salvo. Pudo salvar la vida, pero no logró la victoria: en Kadesh quedó destruido parte del ejército egipcio y numerosas posiciones perdidas. Si Kadesh no fue una derrota total, tampoco fue, sin embargo, la victoria que Ramses hizo propagar por todo su reino a través de las numerosas y colosales construcciones que el faraón mandó edificar para gloria propia.

Con cada una de estas magníficas edificaciones, Ramses proclamaba su poder. Una de ellas fue el templo de Abu Simbel, levantado en una zona bastante aislada que dio lugar a que permaneciera prácticamente desconocido para Occidente hasta 1813 y que ahora, sin embargo, es de sobra conocido debido al traslado que fue menester realizar en los años 60 del siglo pasado, cuando el peligro de ser sepultado por las aguas que las obras de construcción de la presa de Assuán habían de llevar hasta él removió las conciencias mundiales que, a las órdenes de la UNESCO, lograron lo impensable: trasladar el templo a una zona segura donde jamás pudiera ser lamido por las aguas del Nilo. Esta magnífica edificación levantada por Ramses hace más de tres milenios continúa mostrando su gloria… así como la narración partidista e interesada que el faraón realizó de la batalla de Kadesh.

En la foto de la derecha se muestra un bajo relieve perteneciente al complejo de Abu Simbel donde Ramses afirma haber derrotado a los hititas en dicha batalla. Se trata de un ejemplo de La ley de la Memoria Histórica egipcia, sin duda…, que ya Ramses introdujo como muestra y modelo a seguir por las generaciones venideras de gobernantes.

jueves, 17 de diciembre de 2009

El polvo del camino


Aquel lector que guste podrá encontrar una nueva colaboración mía en El blog de los liberales, de título, en esta ocasión, El polvo del camino.

Saludos.

S. Cid

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Hastío en verde

Hastío en verde

Después de visitar los blogs y diarios de los varios amigos internatuas que he conocido y solazarme con sus textos, entro en esta Finis Terrae como el que se asoma a la puerta del dentista: con desgana, casi con la necesidad imperiosa de huir una vez que el olor a anestesia y a los diversos productos para el tratamiento bucal han atravesado la pituitaria y avisado al cerebro de que el cuerpo sobre el que manda se halla en zona peligrosa.

De repente encuentro tedioso enfrentarme con este fondo verde. Llevo varios días volereando por aquí sin decidirme a escribir una sola letra. Ideas no faltan, lo que faltan son ganas. ¿Fondo verde, sofá, libro? Las dos últimas opciones llevan venciendo unos días, de modo que me repanchingo en el sofá y me pierdo entre mis lecturas.

Ahí está la pila de libros, observando cómo me acerco hasta ella mientras sonríe maliciosamente por alzarse con la victoria una vez más. Echo un vistazo y elijo el que más me va para esa ocasión. Y es que no puedo leer los libros de uno en uno. Tengo que leerlos de cinco en cinco, o de seis en seis, o... de n en n. Soy, por ello, el hazmerreír de mi familia. A veces los tengo desperdigados por la casa y a veces los coloco sobre la mesa, delante de mí, a medida que voy tomando uno u otro, formando con ellos una muralla tras la cual a penas sí se me adivina. Y es que quizá hay una lectura encubierta que, aun sin encontrarse dentro de los libros que me ocultan, puede resultar patente al que observa ese muro literario detrás del que me parapeto mientras que permanece desconocida para mí: señor Freud, ¿qué se esconde tras esa pared de sabiduría, además de mi persona? ¿Quizá algún trauma infantil?

Abandono el fondo verde y me marcho a mi muralla. Ya desde aquí oigo cómo me llama.

-Voy, voy..

sábado, 12 de diciembre de 2009

Mahoma

Mahoma (Carter Scott)

No sé si es porque el personaje no me seduce absolutamente nada o porque el autor del libro es bastante malo (ya tuve la oportunidad de indicarlo en el comentario de otro de sus libros: Los cátaros) , pero el tiempo dedicado a la lectura de esta biografía ha sido más que perdido.

Es un libro aburrido, mal estructurado y escrito con una prosa que roza lo pueril. Está elaborado, además, desde una perspectiva muy positiva hacia el personaje que ha chocado frontalmente con la visión que tengo de él.

No alargo más el comentario, que ya me hizo el librito perder suficiente tiempo con su lectura.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Estos sí que dan miedo...

Estos sí que dan miedo...

Tenía variados planes para este largo puente que acaba de pasar: avanzar en mis relatos del Atrápame si puedes, preparar una colaboración (prometida y aún pendiente) con un blog amigo, escribir, para algunas futuras entradas, ideas que bullían en mi cabeza, pasear, leer... Al final, de entre todas ellas, sólo pasear un poco y leer mucho, muchísimo es lo que ha ocupado mi tiempo. En estos escasos cuatro días me he bebido, porque la novela lo vale y empuja a que se consuman sus páginas sin pausa, las 881 páginas de Los cipreses creen en Dios. Ahora, en las Navidades, y supongo que dará también para algunos días después, irán cayendo las tres partes que aún quedan de esta tetralogía.

Ya llegará por aquí el comentario de todas ellas, pero, de momento, puedo ir recomendando su lectura a todo aquel que pase por aquí y todavía no lo haya hecho. Es una novela memorable, fabulosamente bien escrita y que da mucho en que pensar... Traeré, supongo, más de una mención a ella, pero precisamente hoy me viene al pelo. Le tomo prestados, pues, a Gironella estos párrafos:

Matías comprendió en seguida que la cerilla había sido echada a los leños. Sucesos de gravedad sin precedentes ocurrían en la capital de España, a juzgar por lo que acontecía en los escaños del Parlamento. Matías no sonrió como antaño al leer: "Tumultos en la sala"; por el contrario, su rostro expresó desde el primer momento la mayor preocupación.

Calvo Sotelo había descrito la situación de España en tono patético. Al parecer, no era sólo el río Ter el que bajaba crecido. Calvo Sotelo dio las cifras oficiales de lo ocurrido desde el 16 de febrero: 400 bombas habían estallado aquí y allá, 330 asesinatos, 1.511 heridos, 170 iglesias destruidas totalmente, 295 parcialmente, 485 huelgas; en cárceles y calabozos se hallaban unos doce mil ciudadanos pertenecientes a partidos derechistas...

Las palabras de Calvo Sotelo habían causado una impresión profunda en las Cortes, y el Presidente del Consejo, señor Casares Quiroga, le amenazó por cuarta vez. Entonces, Calvo Sotelo alzó los hombros. "¡Bien, señor Casares Quiroga! Me doy por notificado de la amenaza de Su Señoría. Y le digo ante el mundo lo que Santo Domingo de Silos contestó a un rey castellano: "Señor, la vida podréis quitarme, pero más no podréis." ¡Pues no faltaba más! Tengo anchas las espaldas."

A la salida, en los pasillos, "La Pasionaria" había dicho en voz alta: "Este hombre ha hablado por última vez."

[...]

Matías Alvear sufría porque desde el primer instante intuyó que aquello no quedaría en meras palabras, que se llevaría a cabo conduciendo a una situación irremediable.

[...]

Por ello, al llegar el 13 de julio todo el mundo comprendió. A Matías Alvear no le sorprendió; al comandante Martínez de Soria tampoco... Cuando la radio, "La Vanguardia" y "El Proletario" dieron la noticia de que el Presidente del Consejo había cumplido su palabra, todo el mundo comprendió que tenía que ser así, que no había descanso porque no podía haberlo.

"La Dirección del cementerio Este, de Madrid, ha comunicado al Ayuntamiento que, sobre las cinco de la madrugada, ha sido dejado allá un cadáver que ha resultado ser el del señor Calvo Sotelo."

[...]

13 de julio. Las radios dieron los consabidos detalles. Guardias de Asalto se habían presentado en el domicilio de Calvo Sotelo invitándole a que los siguiera. En la camioneta le atravesaron la nuca de un balazo.

A mi vuelta a Madrid, oí en la radio que Hermann Tertsch había sido pateado por la espalda después de que el periodista hubiera anunciado que interpondría una querella contra el programa que presenta el tal señor Wyoming en la cadena de televisión La Sexta, por haber tergiversado éste unas palabras pronunciadas por aquél mediante la emisión de unos vídeos humorísticos, según el muy discutible parecer del jocoso Wyoming. Esta mañana, además, leí en el blog Contando estrelas el artículo de Elentir titulado Señalar como asesino a Tertsch es "broma", señalar como ladrona a La Sexta es "ataque", y no pude sino pensar que cuando se relaja la conciencia y se permite pasar a unos lo que se denosta en otros... no se hace sino caminar hacia el caos. Eso es, al fin y al cabo, el relativismo moral, ya se sabe..., cuando las cosas, todas las cosas, incluso las más básicas son discutidas y discutibles... Eso es, para todo ser, libre de ideas fanáticas e intransigentes que le obcequen el intelecto y, con él, esclavicen sus ideas, la estrategia que con tanto acierto despliega la progresía española: si lo digo yo, vale ciento; si tú, cuando menos, el menosprecio. Y, así, encontramos a nuestro flamante Ministro del Interior señalando hoy que no se puede culpar al gobierno de los secuestros realizados por Al Qaeda y, sin embargo, haciendo precisamente eso, culpar al gobierno de Aznar por los atentados con los que nos despertó una buena mañana de marzo el club de Ben Laden. Supuestamente, claro..., que a saber qué diría el policía Manzano si contara la verdad...

Sigamos, pues, jugando al juego de los retroprogres, los cejistas, los medios de comunicación vendidos al poder, los votantes que aceptan X si lo dicen los suyos y abominan de ese mismo X si lo dicen los del otro lado..., sigamos, digo, y veremos llegar hasta nuestro Parlamento sombrías figuras ávidas de emular a aquella Pasionaria que, como todo el mundo sabe, fue digno espejo en el que toda democracia debe mirarse y adalid de la libertad.

Mientras tanto, señor Tertsch, repóngase y vuelva pronto a Telemadrid para seguir dando su opinión como mejor le plazca. Es un derecho que tiene recogido en nuestra Constitución. Ésa que el señor de las cejas se ha pasado por su santo arco del triunfo.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Jamón ibérico

Jamón ibérico

El que no se consuela es porque no quiere -dicen- y si, tal y como asegura Sancho, la salud del cuerpo reside en la oficina del estómago, algo más sorda y con mayores niveles de estrés habré vuelto..., sí, pero también con un sabroso y sumamente barato papeleo con el que trabajar en mi oficina estomacal. Así pues, bienvenido sea, al fin y al cabo, el viajecito del puente.

Lo escuché como en sueños a las cuatro de la mañana: bum-ba, bum-ba, bum-babá... La discoteca que nos agría las noches vacacionales desde hace más de treinta años se ha convertido ahora en un local after-hours y la noche del sábado al domingo (como las dos siguientes) decidió aguarnos el descanso. La ¿música? se veía acompañada de algún grito histérico de niñata maleducada y de un par de voces semi graves en las que la testosterona aún no ha logrado maquillar la infancia y, a pesar de ello..., intenté sugestionarme: "Duerme, duerme..., no lo estás oyendo. Hay silencio, duerme...". Sin embargo, el bum-ba, bum-ba, bum-babá se vio acallado por un nuevo ruido, estridente y chirriante, similar al que un gigantesco insecto hiciera al frotar sus patas, provocando, con ello, el estrés agudo de mis nervios.

Me levanté resuelta, decidida..., audaz. Oh, ni Agustina de Aragón habría podido emular mi osadía. Asomé la nariz por la ventana y lo vi: un imbécil veinteañero había aparcado su maldito coche delante de la puerta de casa y, seguido de otros dos coches que le hacían coro con sus bocinas, había abierto el maletero del que brotaba aquel chirrido agudo. ¿Qué hacer? Mi madre, de edad ya considerable, se niega a llamar a la policía. Primero, porque no hacen nada; después, porque serán los individuos que interrumpen nuestro descanso nocturno los que sí podrían hacer algo... en nuestra casa. Sin embargo, en esta ocasión mi madre se había quedado en Madrid..., de modo que podría, por una vez, saltarme sus instrucciones a la torera y llamar a la guardia civil (en los municipales ni pensar... Su misión en ese pueblo se reduce exclusivamente a cortar calles en verano para que las terrazas de los bares se puedan instalar). Pero..., una, que es buena hija, optó por no montar el pollo. Me limité a salir al balcón y llamar -muy educadamente, eso sí, no fueran a ofenderse- la atención a los de los cochecitos de marras. No sé si es que llevo impresa en la cara la mala uva del profesor quemado que ya no está por aguantar adolescentes, o es que lo hice muy bien, pero de inmediato el individuo objeto de mis atenciones... cerró el maletero y los tres coches desaparecieron. Eso sí..., ahí siguió la maldita -así arda en los infiernos por toda la Eternidad- discoteca dando la murga ¡hasta las ocho de la mañana! Desesperada por el bum-ba, bum-ba, bum-babá, los gritos chillones de la adolescente y las voces semi graves de los jóvenes que la acompañaban, bajé al cuarto de estar y me puse a leer.

Y..., a todo esto, ¿a qué viene lo de Jamón ibérico...? Pues... a que algo positivo tenía que contar, ¿no?, y, después de realizar un concienzudo exámen de estos cuatro días, me quedo con la paletilla de jamón ibérico -¡pura pata negra!- de 5 kilos por 50 euros -¡cuatro veces menos que en Madrid!- que vino ayer como una reinona en el maletero de mi coche.

Sí, algo bueno había que tener el viajecito del puente...

martes, 8 de diciembre de 2009

Verdad

Verdad:

La verdad se guarda en nuestro interior, y lo externo nada más que es apariencia. CONFUCIO

domingo, 6 de diciembre de 2009

El espejo se rajó de parte a parte

El espejo se rajó de parte a parte (Agatha Christie)

Saint Mary Mead, el pueblecito de la campiña inglesa donde vive miss Marple, es el enclave en el que tiene lugar esta historia de asesinatos en la que, como es propio de las novelas ideadas por la imaginativa mente de Agatha Christie, nada es lo que parece y la amenaza procede de donde uno menos se lo espera.


Personalidades ocultas, un asesinato cometido por rencores dormidos durante largo tiempo que despiertan repentinamente, una bella y famosa actriz, un pueblo repleto de entrometidos que van y vienen con chismes, pasados misteriosos, más crímenes indescifrables y… frente a todo ello una anciana atraída por la naturaleza humana, que conoce y comprende mejor que nadie, que se sirve de su lúcida inteligencia para penetrar el alma y alcanzar los más profundos y oscuros entresijos del ser humano.


Interesante historia de final sorprendente, aderezada toda ella con las pinceladas costumbristas de la vida inglesa que tan agradable hacen leer a esta maestra del crimen.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Hora M... de "me piro"

Hora M... de "me piro"

Pues eso..., que me voy, me abro, me esfumo, desaparezco, me desvanezco...

A la hora en que se esté publicando esta entrada, yo estaré abrochándome el cinturón de seguridad.

Buen puente a todos. He dejado programadas un par de entradas para estos días, pero espero que no podáis leerlas porque estéis todos de vacaciones :-).

A la vuelta..., más.

Saludos.

S. Cid

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Choque de planetas

Choque de planetas

Leo en la sección de Ciencia del periódico El Mundo (Miércoles, 12-Agosto-2009) que el telescopio Spitzer localizó los restos de un colosal impacto entre dos cuerpos planetarios de tamaño similar al de Mercurio y al de la Luna. La foto, aunque espectacular, no muestra en realidad el impacto, pues éste tuvo lugar hace miles de años junto a una estrella situada en la constelación del Pavo, a 100 años luz de la Tierra.

El brutal choque entre los dos planetas, que debían de moverse a una velocidad superior a los 36.000 Km. por hora, desintegró el cuerpo de tamaño similar a la Luna, “vaporizó sus rocas y lanzó al espacio enormes estelas de lava”. Algo similar a lo que ocurrió con nuestro propio planeta, tal y como ya se dijo en el artículo Una estrella frustrada, cuando, en su etapa de formación, la Tierra chocó contra un cuerpo del tamaño de Marte que, a decir de los expertos, pudo ser la causa de la formación de nuestro satélite, la Luna.

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Nota: la foto, tomada del periódico El Mundo (Miércoles, 12-Agosto-2009), es una recreación artística realizada por la NASA que simula el choque entre dos planetas.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Al fin..., ángeles

Al fin..., ángeles

Leyendo hace unas semanas Plato por plato, encontré que Posodo había dedicado el pasado 29 de septiembre, día de los Santos Arcángeles, una anotación a estos seres etéreos: Tres que son siete. Sin que albergue mi ánimo deseo alguno de parecer petulante, puedo decir que no me sorprendió el número de siete, pues sabía que hay más arcángeles de los que habitualmente se conocen: Miguel, Gabriel y Rafael; pero confieso (tal vez con sonrojo…, o sin él) que no podría decir el nombre del resto.

Pocos días después de leer tal anotación, publicó Posodo otra sobre el Yom Kipur Desconociendo el Perdón, fiesta judía extraña, sin duda, para la mayoría de los españoles. Me pregunté yo entonces si ese desconocimiento no sería inducido. Ya se sabe: se teme y odia lo que se desconoce. Y hablaba, creo recordar, en un comentario que escribí de que no hay que trasladarse a la religión judía para encontrar un amplio desconocimiento entre los españoles: basta con hacer cuatro preguntitas sobre la católica y veremos “alfabetos sueltos” (que los llama Guido) por todas partes.

Y, entre una y otra anotación de Posodo, fui a dar en mis lecturas con una que me reveló el porqué de que haya 4 y sólo 4 Evangelios. O, al menos, uno de los porqués. Al parecer, y según una de las varias razones que aduce San Ireneo para ello, El Verbo creador del universo reina y brilla sobre los querubines, los querubines tienen cuatro formas, y he aquí por qué el Verbo nos ha obsequiado con cuatro Evangelios. De nuevo los ángeles se abrieron paso en mis lecturas. Así pues, intrigada por esa pirámide jerárquica de arcángeles, serafines, querubines y demás… me puse a investigar (que horroriza a mi ánimo convertirme en una “alfabeta suelta“), y he aquí el resultado de mis pesquisas:

De acuerdo con la teología medieval, se organizan los ángeles en nueve coros agrupados en tres jerarquías.

A la Primera Jerarquía pertenecen los Serafines, primeros en este orden jerárquico y cuya principal función es alabar a Dios. Le cantan y se recrean en Su infinita bondad y belleza (Isaías 6, 1-7); los Querubines, guardianes de la luz (¿era Luzbel uno de ellos?) y con respecto a los cuales corre cierta controversia, pues no está claro si los Querubines están dentro del nivel donde se encuentran los Ángeles o algunos escalones por encima. Son cuatro y cada uno muestra un rostro diferente: de águila, que representa la sabiduría de Dios; de toro, la fuerza; de hombre, el amor; y de león, el poder. (Genesis 3, 24; Ezequiel 10, 17-20; y 1 Reyes 6, 23-28) y Tronos, constructores del orden universal y encargados de trasladar el trono de Dios por el paraíso.

Dentro de la Segunda Jerarquía encontramos a las Dominaciones, cuya labor consiste en gobernar las funciones de los ángeles inferiores y asegurar el orden del universo; Virtudes, que supervisan a las personas; y Potestades guardan las conciencias y entre ellos se encuentran los ángeles del nacimiento y la muerte de cada ser humano.

Ya, por fin, en la Tercera Jerarquía, la de grado inferior y, por tanto, donde se encuentran los ángeles más cercanos a los hombres, se hallan los Principados, cuya labor consiste en guardar las naciones; los Arcángeles, agentes especiales con licencia para llevar a cabo misiones de máxima relevancia; y los Ángeles, que aunque ocupan el nivel más bajo dentro de esta jerarquía son, sin embargo, los más conocidos por los hombres pues a ellos se les encomiendan las labores que tienen que ver con éstos.

Luego, además, está Ramón… que es mi ángel de la guarda. ;-)

domingo, 29 de noviembre de 2009

Rebelión cívica

Rebelión cívica

En esta mañana dominical, lluviosa y desapacible para los que andan fuera de casa, que para los que estamos en ella no deja de ser sumamente tranquila, mansa y agradable, tengo tiempo para sentarme con mi estupor mientras le echo un vistazo al periódico. Durante su lectura, encuentro letras que conforman pensamientos asombrosos sobre los que podría hablar largo y tendido. Y, sin embargo, se detiene mi pasmo, esta mañana dominical y lluviosa, en las declaraciones salivadas por un tal Ramón Bagó, empresario catalán, ex alcalde de Calella (dice el periódico que paradójicamente gracias a los populares) y presidente del grupo turístico Serhs. El adverbio "paradójicamente" de la frase que he he escrito en cursiva, por ser cita exacta del periódico, en esos paréntesis, se entiende a la perfección cuando se añade la información de que el tal Bagó considera que este partido es el culpable de los males que tiene Cataluña y se animó a decir en público que "habría que matarlos a todos".

Después del Editorial conjunto publicado hace unos días por 12 periódicos catalanes sostenidos con las subvenciones -obtenidas, como no podía ser de otra forma, de nuestros impuestos- mediante las cuales los políticos pagan favores; después de haber escuchado y leído de todo durante estos días, incluida una exhortación de Ussía al conde de Godó para que renuncie al título -qué pena no oírle otra simultánea dirigida a la Corona para que se lo retire- y, sobre todo, tras haber tenido que digerir las palabras, no recuerdo ahora si de los políticos o los periodistas -al fin son lo mismo- catalanes sobre una posible rebelión cívica si el Tribunal Constitucional no acata la extorsión nacionalista; en esta mañana dominical, lluviosa y tan mansa, no puedo sino pensar en mi propia rebelión cívica.

Al fin y al cabo, mal que les pese a algunos, también yo soy ciudadana, a pesar de mi nacionalidad española -y quizá vengan a cuento aquí las palabras que Clarín recita en su Regenta: porque es la patria, al que dichoso fuere, de donde se nace, no; de donde se quiere-, pues yo, decía, como española -por nacimiento y por deseo- dotada de ciudadanía -que nadie me puede negar ni quitar- y, puesto que nací ser humano, equipada con el libre albedrío con el que llega al mundo todo ser de esta especie, declaro que también a mí me da el gusto de comenzar mi propia rebelión cívica y, por tal razón, desde este preciso instante, no volverá a entrar en mi casa producto catalán alguno. Empezando por los viajes que pueda ofrecer el grupo turístico Serhs, del que un tal Ramón Bagó, que escupe palabras aversas y antipatías, es presidente.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Tormento

Tormento (Benito Pérez Galdós)

Me topé por primera vez con Galdós de la mano de mi profesora de Lengua, cuando tenía 15 años, en las páginas de Tristana y desde entonces se convirtió en mi escritor favorito. A lo largo de los años he devorado muchas de sus novelas, pero hacía largo tiempo que no me daba al placer de leer una. Esta racha se interrumpió con Tormento, una historia en la que encontramos a personajes conocidos, como Rosalía Pipaón, mujer de Bringas y que tiene su propia novela bajo el título de La de Bringas. En Tormento, sin embargo, desempeña un papel importante pero secundario.

Aquí los protagonistas son dos: Amparo Sánchez Emperador, la Emperadora o Tormento, como quiera llamársela, y Agustín Caballero, entre los cuales se teje un nudo amoroso que ha de acabar mal a causa de un pecado de juventud cometido por Amparo con Pedro Polo, un sacerdote que deja de serlo para tornar de nuevo a la sacristía a regañadientes.

Galdós establece dos luchas en el interior de los dos protagonistas. Por una parte, Amparo se enfrenta a la duda terrible de si debe confesar su falta nefanda a aquél que le ha propuesto matrimonio y parece la solución total a su pobreza. Por otra, una vez las malas lenguas han hecho su trabajo, Agustín Caballero, un hombre hecho a sí mismo y más acostumbrado a vivir entre los indios americanos que en la sociedad hipócrita europea, debe decidir qué hacer con ella: perdonarla u olvidarla. Con el final de la historia, Galdós se permite escandalizar a la de Bringas, arpía donde las haya, de la boca de su propio marido.

Bonita novela, estupendamente escrita y desarrollada de principio a fin. Lo afirma alguien totalmente parcial y que no podría decir otra cosa de una obra de (mi) Galdós.

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Nota extra: no se me ha escapado que en esta novela Galdós utiliza dos veces la palabra “antípodas” con género masculino, que es uno de los dardos que lanza Lázaro Carreter en su El dardo en la palabra. ¿Alguien, en la tele y la radio de nuestros días, ha oído o ha leído en los periódicos otra cosa que no sea “las antípodas”? Claro que… Galdós pertenece a un tiempo en el que los escritores sabían escribir.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Aniversario II: La propiedad de Jeremiah Pembelton

Aniversario II: La propiedad de Jeremiah Pembelton

Finalmente decidí llevarme a mi novia a una romántica noche de observación astronómica en mitad del monte. La cosa fue bien: primero monté la tienda y demás aparejos del campista y, luego, el telescopio. Después, mientras esperábamos a que oscureciera por completo, serví una cena de lo más novelero que había encargado y que tomamos a la luz del camping-gas. Al acabar, nos hicimos arrumacos en la tumbona hasta que nuestros ojos se adaptaron a la oscuridad y entonces... comenzamos la observación.

Mi novia ya sabía de mi interés por la astronomía, pero aquella noche me marqué un buen tanto con mis conocimientos. Entre grititos de admiración y alabanzas a mi imponente saber, aproveché, además, para hacer unas fotos a la Luna que aquella noche estaba espléndida. Soy muy tuno, cuando es menester, y saqué doble partido al aniversario de una manera muy inteligente: por una parte, mi novia quedó sumamente satisfecha con la experiencia única que le brindé; por otra, las fotos astronómicas de aquella noche alimentaron con un par de entradas mi blog, al que últimamente no sabía qué darle de comer.

Semanas después, estaba yo tumbado en el chollo-sofá que había adquirido a los traperos de Emaús, cuando reparé que en que entre el correo que había recogido del buzón aquella tarde se encontraba una extraña carta cuyo remitente me era totalmente desconocido: Smith & Wilson Law Firm. Enarqué una ceja sorprendido. ¿Quiénes eran esos tipos? ¿Y qué querían de mí? Abrí el sobre y comencé la lectura. La carta estaba escrita en un español impecable, pero, no sé por qué, la leí con acento inglés:

Estimado Sr. X

A través de la presente, y en representación de nuestro cliente, Jeremiah Pembelton, nos ponemos en contacto con usted para comunicarle que, de acuerdo con el artículo tropecientos-punto-28A, barra, apartado no-sé-cuántos, párrafo tal del Código Penal del Estado de Canadá, ha delinquido usted al atentar contra el derecho a la intimidad de nuestro cliente con la publicación en Internet de unas fotos en las que aparece su propiedad. Razón por la cual, es usted advertido del hecho para que, en previsión de que quiera evitar el triste paso por los Tribunales, abone 3.000 euros a nuestro cliente en concepto de indemnización.

Atentamente,
Firmado:

Smith & Wilson


Primero me quedé ojiplático. Luego eché una larga carcajada y me recosté en el sofá. ¿Smith & Wilson? ¿Quiénes eran esos frikis? Volví a reír. Sin embargo, cuando los estertores de las carcajadas se apagaron, reflexioné. Investigué en Internet y encontré que existían. Les mandé un correo pidiéndoles explicaciones y a la vuelta de su contestación lo entendí todo: en mi deambular por la Red, no descubrí que, además de ponerle el nombre a una estrella y mandar un poema de amor en la nave Koi, puedes comprar una parcela de la Luna... Y ahí estaba el quid de la cuestión: Jeremiah Pembelton lo había hecho. Había adquirido un terrenito que los abogados Smith & Wilson tuvieron a bien señalarme con una flecha blanca dibujada sobre una de las fotos de la Luna tomada la dichosa noche del aniversario y publicada en mi blog. He aquí la prueba:


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Nota: la foto, que está tomada de la edición digital del dirario ABC, señala en realidad el lugar donde tomó tierra (sería mejor decir luna, ¿no?) el Apollo 11. Ésta es la fotografía original:


martes, 24 de noviembre de 2009

Aniversario I: El amor no viaja en nave espacial

Aniversario I: El amor no viaja en nave espacial

Se acercaba el día del aniversario y andaba yo preocupado preguntándome con qué regalo podría sorprender a mi novia en esta ocasión. Obviamente, como buen internauta, interrogué a Google. Las respuestas que me ofreció no me convencieron en absoluto: peluches, colonias, juguetes eróticos… “Un tipo que se precie no puede andar con esas chorradas”, me dije; pero, y a pesar de que en la Red se encuentra todo, hasta lo imposible, lo cierto es que seguía sin saber qué hacer.

Navegué a la deriva y fue la suerte a llevarme hasta una página donde se vendían estrellas. “¡Caray! –exclamé–, esto sería una buena idea”. Leí con atención: «¿Quiere sentir cómo la admiración de su pareja alcanza cotas hasta ahora nunca experimentadas por usted? No lo dude: ¡REGÁLELE UNA ESTRELLA! Póngale al astro el nombre de su amante y pronto verá cómo se iluminan sus ojos hasta competir en brillo con la propia estrella, llamada desde ahora (y colocaban un enlace en la palabra ahora) con el nombre de su amor». Sin embargo, sospeché… ¿Quién estaba acreditado para ponerle nombre a las estrellas? Intenté indagar sobre la Autoridad competente en la materia, pero no hallé nada que tranquilizara mi ánimo, así que desistí y seguí buscando.

No tuve que ir muy lejos: en la misma web en la que me encontraba localicé otro enlace de sugerente nombre: Envíe un poema de amor a las estrellas. “¡Caramba con las estrellas!”, pensé, pero no me resistí a pulsar sobre el enlace y ver qué se escondía tras aquel viaje estelar: La nave Koi (amor en japonés) iba a ser lanzada con sus bodegas repletas de poemas de amor. Todo aquel que quisiera podría enviar en su interior un poema de amor que viajaría hacia el infinito estelar por los siglos de los siglos, amén. “Otro curioso regalo –me dije–. ¿Le gustará a mi novia?”. Husmeé por la página durante un rato hasta que di con el precio que me costaría el viajecito de la poesía. “¡500 eurazos! ¡Caray!, mi novia los vale, sin duda, pero…”. No se me había ocurrido hasta entonces que…, además de pagar esa exorbitante cantidad de dinero, tenía que escribir la poesía de marras, ¿y quién era yo para emular a Bécquer? “No –reflexioné– esto no va a funcionar. Mejor pienso otra cosa…”. Y me senté, dispuesto a meditar largamente, en un sofá nuevecito del que algún pardillo o un snob pirado, de esos que tiran la casa por la ventana cada dos por tres, se había desecho y que yo acababa de comprar a los traperos de Emaús

lunes, 23 de noviembre de 2009

El timo sostenible

Merced a la invitación de D45 para participar en El blog de los liberales, he publicado allí un comentario sobre la nueva ocurrencia ecológica del inefable Zapatero titulado El timo sostenible, que podéis visitar, si es vuestro gusto, aquí.

Un saludo.

S. Cid

domingo, 22 de noviembre de 2009

¡Qué ilusión!

¡Qué ilusión!

Lo oí por la radio: firmaría su libro Mitos y falacias de la Historia de España en el Corte Inglés de Goya, el sábado, 21 de noviembre, de 12 a 2. Me dije: “¡Caray, la oportunidad a dos pasos y medio de casa!”. Hablé con una amiga para sugerírselo y aceptó. De modo que ayer, a la una y pico, estaba yo ya dentro de El Corte Inglés comprando su libro cuando mi amiga llegó. La cola no era muy larga, como se puede ver en la foto de la derecha, pero, eso sí, la llegada de ilusionados lectores que acudían a la firma de libros era constante.

Y allí estaba él… Yo no me puse de inmediato en la fila. Anduve husmeando por las proximidades mientras observaba a mi amor platónico… (ya Espinosa reclamaba el amor intellectualis en lugar de las ciegas pasiones...). Quise sacarle unas fotos y, escondida tras unas librerías, lo intenté en varias ocasiones. Sin embargo, cada vez que me decidía a ello…, él levantaba la cabeza y me miraba. ¡Qué vergüenza! Me pilló en un par de intentos. Al final, sólo pude obtener ésta… de tan mala calidad. Cuánto más fácil hubiera sido, al llegar el momento de la firma de mi ejemplar, preguntarle si podía hacerle una fotografía. Sin embargo…, soy pusilánime por naturaleza para intentar estos menesteres.

Una vez en la cola, me preguntaba qué se le dice a un escritor en casos como éste…, pero no di con la respuesta. Cuando me llegó el turno… sólo pude decir: hola, y al acabar, mientras me tendía el libro con una mano y me ofrecía la otra a modo de saludo, muchas gracias. Ésa fue toda mi conversación. Eso sí, su dedicatoria la tengo:




¡Y qué ilusión me ha hecho! :-)

sábado, 21 de noviembre de 2009

Los cátaros

Los cátaros (Carter Scott)


El libro pertenece a una colección coronada con el título general de “Enigmas de la Historia”, de la cual no poseo ningún otro. En él, Carter Scott realiza un somero vuelo sobre la historia de estos hombres y mujeres tildados de herejes y que, sin embargo, según cuenta Scott –de manera muy subjetiva, hay que decirlo– vivían una existencia que parecía rozar la santidad.


En la primera parte del libro, Scott presenta la vida cotidiana y la forma de entender el mundo desde la perspectiva cátara, así como las principales pautas que regían la espiritualidad de estos hombres y mujeres. Nos explica la diferencia entre Perfectos y hombres y mujeres buenos, y la relación que mantenían con sus vecinos: un auténtico maridaje de buena vecindad. En la segunda, el autor se instala ya en un tono más novelesco y nos muestra la codicia, la traición y también el heroísmo que recorrieron aquella época en la gran campaña que se desarrolló en toda Europa, pero sobre todo en el sur de Francia, contra los cátaros. Es ésta una parte más histórica, en la que se narran hechos comprobados, batallas y persecuciones cruentas.


Se hace, pues, un recorrido histórico de la época necesario, ya que se narra con detalle la cruzada católica realizada por el Papa Inocencio III y llevada a cabo, sobre todo, por Simon de Montfort hasta su muerte, que encontró el 25 de junio de 1218 al huir de una iglesia que estaba siendo bombardeada por proyectiles de piedra lanzados desde una pequeña catapulta por un grupo de mujeres. El mayor perseguidor de los cátaros, responsable de miles de muertes, halló la suya a manos de unas débiles mujeres empeñadas en continuar la lucha.


Es curioso encontrar en el libro referencias a la Inquisición, creada el 20 de abril de 1233, y no directamente relacionada con España. Lo digo sarcásticamente, por supuesto, en referencia a todos aquellos foráneos que se rasgan las vestiduras en lo que a la Inquisición española se refiere (de labor siempre reprobable) y olvidan con frecuencia la obra de esta máquina torturadora y asesina a lo largo y ancho de Europa.


El libro no me ha gustado. No está bien escrito y su estructura la he encontrado muy deslavazada. Tengo otro acerca del mismo tema que aún no he leído, pero que encontrará su hueco en este sitio dedicado a libros cuando llegue su momento.

viernes, 20 de noviembre de 2009

España, convidada de piedra

España, convidada de piedra

Parte de mi vida como estudiante la pasé en un colegio mercedario, de modo que, por un lado, no se me esconde la biografía de Pedro Nolasco y, por otro, en mi visión del mundo, Tirso de Molina es mucho más que el autor de El burlador de Sevilla.

Sin embargo, y aunque el carisma mercedario acabó por prender en mi memoria, la cercanía de un colegio de escolapios repleto de niños monos, dos de los cuales eran mis hermanos -motivo doble que explica por qué más de un romance se evaporó entre los ayes de una hermana casi tan irritada con ellos como chiflada por el chico anhelado-; la cercanía de un colegio de escolapios, decía, inclina a la ausencia y la ensoñación, por lo que es fácil imaginar que en la época de la que hablo, plena adolescencia, una no estaba para prestar mucha atención a la monja que se recreaba en contar las bondades de la orden mercedaria. La liberación de cautivos es su lema y, aunque suspirando por el escolapio apetecido por el corazón, confieso que algo de mí escuchaba a la monja en aquellas clases de religión en las que una no podía evitar que le recorrieran escalofríos al pensar en lo valiente que habían de ser los frailes para, cuando faltaba con qué pagar el rescate, irse así, motu proprio, a cambiarse por un prisionero en tierras lejanas. Por supuesto, casos como el del mundano fraile mercedario al que acompaña Lázaro en el Cuarto Tratado eran simplemente eso: casos… excepcionales. Mucho me quedaba entonces por aprender de la vida, pero, y a pesar de la doblez del alma humana, mercedarios hubo que dieron su vida por otros.

“¿Y qué? -se preguntará el lector-. ¿Acaso pretende vendernos una suscripción al sublime mundo de la Merced?”. No, no…, amigo leedor. No se trata de eso. Toda la retórica previa no deja de ser, por una parte, la búsqueda del deleite en las vivencias del pasado y, por otra, viene a servirme de rodeo para introducir el asunto que desde el principio quería tratar: el fiasco del Alakrana.

Creo -aunque hay bastantes posibilidades de que me equivoque, pues esta memoria mía no da más que para lo absolutamente imprescindible- que era Ansón quien llamaba a nuestro bondadoso presidente Zapatero, el de las mercedes. Se debía el remoquete a las dádivas con que este tipo se prodiga para su simple bien -que el de los demás le suele importar un colín- y no a la Merced de la que hablaba ahí arriba. Mas parece que la vida, atando cabos aquí y allá, se complace en retorcer la existencia y traer hasta la realidad lo que nunca pudo alcanzar la imaginación: que el laico ZP satisface el rescate con que liberar a los cautivos apresados por los piratas. Eso… porque no hay de lo otro para irse a cambiar por ellos, claro. ¡Si Cervantes levantara la cabeza… y la volviera hacia Argel…!

Y es que, para ir terminando, hace un par de días no pude dejar de asociar dos ideas mientras, al ojear el ABC en el recreo, encontré el chiste de Martín Morales al tiempo que iba mi mente trazando el bosquejo de este escrito: que España ha quedado, merced al ansia infinita de paz que alberga el alma de ZP, como simple convidada de piedra en las funciones circenses del planeta.

jueves, 19 de noviembre de 2009

La música... y las fieras.

La música... y las fieras.

¡Increíble pero cierto: la música amansa a las fieras!

Ayer comenzamos la semana de exámenes globales de la primera evaluación. Hoy, al llegar a una de las clases, los alumnos se han abalanzado sobre mí como zombis posesos:
-Prooofeeee, déjanos estudiar, déjanos estudiar, déjanos tu hora para estudiar el examen de Sociales que tenemos después.
-Vaaaaleee, pero sólo si estáis en absoluto silencio [así, también yo puedo trabajar ;-), je, je, je...].
-Sí, sí, profe..., prometido..., vamos a estar callados.

Diez minutos después el caos reina en el aula: empujo la silla hacia atrás, hago amago de levantarme... y el silencio vuelve. Cinco minutos después..., otra vez. De nuevo se repite la estrategia y de nuevo obtengo silencio. Dos minutos después... Decido inventar algo..., no voy a estar haciendo ejercicio toda la mañana... ;-)

De repente, una idea ilumina mi mente: entro en YouTube, busco el Canon de Pachelbel, conecto los altavoces y empieza a sonar... Sólo unos segundos y el silencio se hace en la clase...

Pero..., señor Pachelbel..., ¿por qué no compuso usted un canon de duración infinita?


miércoles, 18 de noviembre de 2009

Absurdo español en Do mayor

Absurdo español en Do mayor.

-Duérmete niiiiiiiño, duérmete yaaaaaa; que viene el Cooooooco y te comeráaaaaaa.
Meció la cuna unos instantes y salió despacio de la habitación. Antes de cerrar la puerta, se giró y echó una última ojeada. El bebé dormía plácidamente.

Al llegar al salón, un fogonazo la deslumbró. Miró asombrada hacia el ventanal y observó el cuerpo de un hombre colgado de unas cuerdas que la fotografiaba desde el exterior. Antes de que el cerebro pudiera encontrar una explicación lógica, el ruido atronador de un golpe dado sobre la puerta de la calle desvió su atención hacia allí.

Un grupo de hombres uniformados y armados hasta los dientes penetró en la casa y se abalanzó sobre ella.
-¡Al suelo, al suelo!
En apenas unos segundos, se encontró tirada sobre el parqué y con las manos esposadas a la espalda.
-Señora -dijo un hombre de labios babosos que apareció tras los GEO-, pagará cara su osadía...
-¿Mi osad…? -intentó preguntar ella.
-¡Silencio! -gritó él-. Yo le enseñaré a ser buena… -añadió mientras, agachado a su lado, le pasaba la mano por el pelo- y no volverá a cantar nanas sin pagar derechos a la SGAE.

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Dedicado a la Tuna, que un día me cantó bajo la ventana.

lunes, 16 de noviembre de 2009

El incómodo taburete de la cocina

El incómodo taburete de la cocina


Me visualicé… Bañador azul de nadadora profesional, gorro por el que siempre acaban saliéndose los pelos, gafas empañadas y aletas, sobre todo… aletas. Es lo que más se ve (si olvidamos por un instante la tripa aventajada que siempre llega la primera allá donde voy, a pesar de meterla hasta casi quedar sin respiración). No, no me sentí horrorizada, al fin y al cabo, todos vamos de la misma guisa, de modo que no ha sido éste el motivo que me ha impulsado hoy a saltarme la hora de natación.


¡Sopor!, así lo llamo. Él es el culpable. Abrí la puerta de casa al volver del trabajo y ahí estaba, como el cobrador del frac, vestido de luto pero con un aire lánguido que el otro no tiene.

–Ven –me dijo–, sentémonos en el sofá.

–No puedo, tengo que ir a nadar.

–Anda, ven… Verás qué bien estamos.

–Contigo no quiero nada.

–¿Y con el sofá?

–¿Con el sofá? –pregunté sorprendida–, ¿qué voy a querer yo con el sofá?

–Son gustositos y cariñosos…, te abrazan, te acogen cálidamente, te acucan y saben darte lo que les pides.

“¿Todo eso hace?”, me pregunté atónita. Miré al sofá inquieta y allí estaba…, con sus rayas verdes y rojas. Me pareció apreciar una apostura licenciosa que no observé en él cuando lo compré en Ikea. Aquel ser vestido de funeral me guiñó un ojo y tendió su mano, invitándome con ella a caer entre los brazos del sofá. Rechacé su ofrecimiento y corrí despavorida hacia la cocina. Nerviosa, me senté en un taburete con la respiración agitada e intenté reflexionar. De repente, supe lo que tenía que hacer: cogí el teléfono y marqué un número escrito sobre un post-it pegado a la nevera.

–¿Los traperos de Emaús? Vengan cuanto antes… Tengo un sofá para ustedes.


El peligroso objeto lúbrico ha salido de mi vida. Pero…, a cambio de mi virtuosa tranquilidad…, ¡qué incómodo el taburete de la cocina!

sábado, 14 de noviembre de 2009

Los 36 hombres justos

Los 36 hombres justos (Sam Bourne)


Thriller protagonizado por un periodista recién llegado a The New York Times, Will Monroe, que se verá obligado a realizar una investigación de cuyo resultado final, al parecer, depende la vida de su mujer. Con la ayuda de un padre al que apenas conoce, pues su trato con él se redujo al propio de un hijo de divorciados, Will Monroe emprende una carrera contrarreloj para descubrir el paradero de su mujer.


Las cosas no son como parecen, sin embargo, y la trama de esta novela nos llevará por vericuetos diversos en los que el protagonista habrá de resolver enigmas basados en fragmentos bíblicos, enfrentarse a fanáticas sectas religiosas y comprender, al fin, que el juego no sólo concierne a su mujer sino que interesa, y mucho, a la humanidad en pleno, cuyo destino se desliza por el borde del abismo, demasiado fino y escarpado, quizá, para las fuerzas de un periodista bisoño. Un sorprendente hallazgo espera a Will Monroe al final de esta aventura: los lazos de sangre… no siempre son tan fuertes como dicen.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Absurdos del azar

Absurdos del azar


–¡No puedo creerlo!

–Lo siento…

–¿Lo sientes? ¡Ja! ¡Lo sientes! –gritó iracundo el hombre.

–No era mi intención… –contestó la mujer, que se echó a llorar.

–Pues me has jodido bien. ¿Qué va a decir ahora mi mujer?

–Tal vez si se lo explicara, si le contara que tú no tienes la culpa… ¿Cómo podría remediarlo? –gimoteó.

–¿Remediarlo? –el hombre pestañeó repetidamente con total perplejidad–. ¿Pero tú eres tonta o qué? Se ve que no estás bien de la cabeza, desde luego.

El llanto de la mujer se acentuó y por un momento él la miró con cierta lástima.

–Mira, ya vienen a por nosotros –dijo señalando el furgón.

Por toda respuesta, ella gimió de nuevo.

–Venga, va…, deja de llorar. Bien es verdad que podrías haberte suicidado a otra hora para no caerme encima, pero ya no se puede hacer nada. Son cosas del azar.

martes, 10 de noviembre de 2009

Diversidad de paladares

Diversidad de paladares

Son las siete y media y acabo de sentarme ante el ordenador. Entre unas cosas y otras, se me ha ido la tarde en menesteres domésticos de diversa índole, pero al fin -suspiro para mis adentros-, puedo dedicar un ratito a una actividad relajante. Desde aquí puedo ver el sofá y me pregunto, alentada quizá por el cansancio que me aturde, si no sería más provechoso para el espíritu zarandeado que se lamenta por ahí dentro, así como reposado para el cuerpo agotado que me sostiene, tirarme como Dios me dé a entender sobre el sofá y dedicarme a la lectura de la horrible novela que estoy deglutiendo, de título Bungalow 2 y vomitada sobre el papel por la Corín Tellado americana, Danielle Steel. Algún día, supongo, traeré hasta estas páginas la razón que explica con meridiana claridad el porqué de esta lectura. Lo haré con sorna, pues nada más que con este cariz se puede comentar un libro de estos. No es el momento, sin embargo, de modo que a otra cosa.

Repaso el día y encuentro que el momento más feliz lo he vivido durante mi guardia de biblioteca. A Dios gracias, hoy sólo hubo un castigado, y llegó cuando la guardia tocaba casi a su fin, de modo que pude disfrutar de sesenta minutos de silencio en un edificio donde mil niños y adolescentes gritan sin parar por los pasillos cada 55 minutos, y constantemente dentro del aula cada uno de los segundos que una tiene la desgracia de pasar en su compañía. Durante mi estancia en ese oasis de paz, estuve reunida con Tomás Moro, inyectándome un chute de su Utopía. Allí leí: Sin embargo, a decir verdad, no estoy aún bien decidido a editar el libro, ya que son tan diversos los paladares de los mortales, tan torpes las inteligencias de algunos, tan ingratos los ánimos, tan absurdos los juicios, que les son más simpáticos los que se conceden una vida alegre y suelta que los que se molestan con preocupaciones y el estudio de algo que pueda ser de provecho y placer para los ingratos y los injuriosos. La mayor parte ignora las letras; muchos las desprecian. El bárbaro rechaza como molesto lo que no es netamente bárbaro. El timbre sonó y el oasis volvió a situarse en el remoto horizonte. Me convertí de nuevo en el desgraciado náufrago de ese mar inhóspito que es el desierto… intelectual. Tomé aire y luego resoplé, dejando escapar con el dióxido de carbono (anhídrido carbónico lo llamaban en mis tiempos) que expulsaba de mis pulmones la visión de las miserias que intuía próximas, me até los machos… (¿de quién es el mundo si no de los valientes?) y marché al tajo.

Y el tajo ha sido hoy… extraordinariamente inhabitual. No tanto por lo ocurrido (que tiene su miga), sino por el vacío mental que me aquejó en el instante en que sucedían los hechos y que me ha llevado a no saber qué hacer. Nada… No vino nada hasta mi mente, por demás generalmente ingeniosa. Soy mujer de recursos, al menos en lo que a la disputa diaria que entablo en el aula se refiere. Sí, tengo una chispa especial que me ha salvado de muchas. No miento si digo que suelo salir con garbo de situaciones embarazosas gracias a la ayuda de una especie de ingeniosa caja hacedora de ocurrentes deus ex machina. Sin embargo, hoy…

Él se acercó hasta mi mesa para solventar una duda. De repente, dio un respingo y se volvió hacia el compañero cuyo pupitre quedaba a su espalda. La bofetada sonó dura.
-¡Fulano! -exclamé mientras miraba a Zutano, receptor del golpe, y veía la piel enrojecida de su cara. Puse las manos sobre mi mesa y estaba levantándome cuando Fulano se volvió hacia mí y me espetó:
-Me estaba metiendo el dedo por el culo.
-El dedo, no; el boli -se defendió Zutano mientras agitaba el bolígrafo, usualmente inofensivo pero que ahora mostraba a mis ojos la amenazadora forma de un objeto penetrante y doloroso.
Oí las risotadas del resto de la clase mientras intentaba meter baza. Vano propósito. Su conversación continuaba y yo no existía.
-Si es lo que te gusta, maricón de mierda.
-¡Eh, Zutano!
-Lo que le gusta a tu madre que le haga.
-¡Eh, Fulano!
-Pues… -Zutano iba a escupir veneno de nuevo, pero esta vez sí lo impedí. No recuerdo lo que dije, pero eché broncas a diestro y siniestro…, sin pensar una sola de las palabras que salían de mi mente. Tampoco me importaba, la verdad, me traía sin cuidado lo que estaba diciendo. Lo importante es que había parado aquel cruce de invectivas que estaba empezando a tornarse peligroso… De repente, Fulano me protestó. En realidad, lo de la madre era inadmisible, pero no podía dejar de comprender la bofetada que le había endosado al violador del bolígrafo, ni olvidar que la mención materna había sido precedida de ese “es lo que te gusta, maricón”. Sin embargo, no podía permitir una nueva arremetida. Protestaba mientras yo le echaba la bronca y, de repente, me espetó:
-Él empezó, no te jode.

Se acabó. Ese “no te jode” fue la guinda. Abrí el cajón de mi mesa, saqué un papelito de expulsión y lo mandé a la biblioteca. Sí, a ese remanso de paz en el que había estado escuchando a Tomás Moro hablar de la diversidad de paladares y de las torpes inteligencias…

Son las 20:42, hora ya de ir acabando el día. Me despido, pues, que tengo una cita con Danielle Steel.

Belén 2013

Belén 2011