sábado, 6 de octubre de 2012

Las cosas importantes de la vida

Las cosas importantes de la vida

Nadie ha podido pestañear desde hace cinco semanas, pero esta última  ha puesto la guinda al pastel de estrés que el estómago digiere como mejor puede cada día. 

Los correos sin abrir se van amontonando, algunos de ellos, según anuncia el Asunto, importantes, pero importantes de verdad. ¿Cuántos están marcados ya con la estrellita de urgentes? ¿Y cuántos han sido atendidos y contestados? Un rápido vistazo basta para ver una columna de estrellitas, inabarcable a simple vista, que se extiende más allá de lo que la pantalla da de sí.

En mi mesa, a la izquierda, la agenda tiembla feroz. Las tapas vibran y oyes cómo rugen las páginas en su interior.  Con espanto, la miras de reojo, no sea que se percate de que la observas y acabe por explotar creyendo que así tendrá por fin tu atención. ¡No seas tonta! Sé muy bien lo que guardas -bisbisean los labios mientras la vista continúa fija en el ordenador, como si simulando ignorarla pudieras apaciguar sus bramidos-. Pese a lo cargada que vas, tengo presente todas las tareas que esperan turno.
-¡Se mueve! -una pitufilla de 1º que entra en el intercambio se ha dado cuenta y la mira con recelo.
-Shhhhhh, calla -susurro-. Ni la mires siquiera. Corre a tu sitio y siéntate.

Por la tarde, durante la reunión, el ordenador griiiiitaaaaaa tu nombre y te llama sin dar descanso a la insistencia. Dentro del servidor está todo lo que necesitas para darle un empujón más  a esa montaña inabarcable que tienes que ir allanando a ritmo de hormiga. Lo miras varias veces con gesto compungido y la frente fruncida por la impotencia. Quieres ir allí, quieres abrir tu perfil y ponerte a trabajar, pero te agarras al asiento, hasta que los dedos se te ponen blancos, y cruzas fuerte las piernas, enganchando los tobillos entre sí a modo de nudo marinero. Aguantas, aguantas, aguantas... Hasta que ya no puedes más: ¡Ya basta de memeces! Y decides tirar por la calle de en medio. ¡Que me llamen la atención si quieren. Tengo que acabar con esto! Vuelvo la espalda a la reunión, abro mi perfil, busco en mis carpetas y me pongo a teclear fieramente: dosieres, programaciones, pruebas iniciales, asignaturas pendientes, listas...

¡Es mi día de suerte! Ahí está medio Equipo Directivo y nadie me ha dicho ni media. Cierro mi perfil y me vuelvo hacia la reunión, pero, ¡Eh!, ¿qué es eso? Una imagen ha pasado fugaz ante mis ojos. Giro la cabeza hacia la derecha y entonces veo mi rostro reflejado en el cristal de la ventana, ahora que las luces están encendidas y fuera comienza a oscurecer. ¡Oh, Dios!, ni tres toneladas de crema hidratante lograrían relajar esa tensión. Y me quedo ahí, mirando esa cara abrumada. 

Vale, respira... Cierro los ojos un instante nada más, un segundo para mí. Sólo necesito eso y me recompondré. Pero el esfuerzo es baldío, tengo los sentidos aturdidos y no logro desconectar. De fondo se oye la voz de alguien hablando: ...y no olvidemos nunca priorizar. Recordad que las cosas tienen un orden de preferencia y, aunque todos vamos cargados de trabajo, es importante que estas estrategias estén funcionando a lo largo de la semana en 3º y 4º...

Rendida, vuelvo de nuevo la cara hacia la ventana. El rostro me mira y yo lo miro a él. Y..., ¡oh! Levanto las cejas sorprendida..., ¿me ha guiñado un ojo? Me llevo las manos a la cara y noto los míos abiertos y bien abiertos. Ningún tic me aqueja, en serio, pero juraría que me hizo un guiño. Vuelvo a mirarme  y veo cómo mi reflejo me hace un gesto que dirige mi interés hacia ahí fuera. Después, cuando le devuelvo mi atención, ahí está de nuevo el guiño. Y, entonces, sonrío con ganas,  me decido y, ¡ploc!, apago el mundo y destapo el tarro de las esencias...
...

...

...

Alguien me da un codazo. La voz vuelve a ser audible: ¿Se me ha entendido? Lo primero es atender las cosas importantes. Un murmullo de aprobación ronronea. ¿Allí al fondo también? Nuevo ronroneo y, esta vez, una ligera patadita por lo bajo hace que mi pie se balancee suavemente. 

Pese a estar en modo stand-by, asiento mecánicamente.

El rosado color del atardecer se va difuminando ahí fuera, igual que el rostro del cristal, ahora ya relajado y sonriente, como yo, mientras ambos escuchamos cómo el sonido de las últimas notas se va apagando. Un nuevo guiño, ya desvaído entre volutas de puro bienestar, me llega desde el cristal y, antes de que la música se extinga por completo, vuelvo a darle al play en mi cerebro. 



¡Jeje!, noto que el hoyuelo se me ha marcado en la mejilla, así que debo de estar sonriendo. La voz sigue hablando allá, en alguna parte, y yo, mientras comienzo a tararear mentalmente, pienso que, en efecto, nadie podrá decir de mí que no atiendo a las cosas importantes... de la  vida.

3 comentarios:

Dama Camelias dijo...

Las cosas importantes de la vida... y que muchas veces no nos damos cuenta que necesitan de nuestra atención. Y son tan diminutas pero tan importantes...

Bonta música, S.Cid. Gracias

Dama Camelias dijo...

Corrección: Bonta= Bonita. Jejeje...

S. Cid dijo...

Dama: Poca gente lo hace, pero yo estoy empeñada en lograrlo (será cosa de la visualización): hay que darle a cada cosa su importancia y, generalmente, lo que creemos que sobresale en importancia la tiene sólo... relativa.

La canción es muy mona, ¿a que sí? Me gusta mucho. La tengo metida en mi carpeta de favoritas.

Belén 2013

Belén 2011