Cosas... que una lee por ahí
En 1959, en el desierto del Gobi, se halló una huella de zapato con millones de años de antigüedad, a pesar de que, según la ciencia, el hombre no existía todavía en aquella época. Los miembros de la expedición paleontológica chino-soviética, dirigida por el doctor Cow Ming Chen, que realizaron este asombroso descubrimiento, fueron incapaces de explicar al mundo científico y al simple curioso este misterio y hasta cierto punto aterrador hallazgo.
En el Fisher Canyon, situado en el estado norteamericano de Nevada, se encontró también una huella de suela de zapato con tenues señales de costura. (...)
En Broken Hill, Rhodesia, se ha encontrado el cráneo de un hombre de cuarenta mil años de antigüedad; actualmente se se conserva en el Museo de Historia Natural de Londres. Aparece en este cráneo una especie de orificio sin ninguna estría de las que suele producir un golpe aplicado por un cuerno, un hacha o cualquier otro arma de las usadas en aquella época remota. Se trata del tipo exacto de orificio que produce una bala. Falta el lado opuesto del cráneo, lo que confirma esta hipótesis.
El profesor K. Flerov, directo del Museo Paleontológico de la Unión Soviética, posee el cráneo de un bisonte mucho más antiguo que el hombre del que acabamos de hablar. Presenta un orificio de bala similar: ¿quién pudo disparar sobre este animal en una época en la que se supone que el hombre no se distinguía prácticamente del mono?
En 1960, T. G. Gritsai e I. J. Yatsco descubrieron esqueletos de camello, avestruces y hienas en las cavernas de Odessa, en la URSS. Se calcula su edad en un millón de años aproximadamente; estos esqueletos presentaban agujeros perfectamente circulares y hendiduras muy regulares. Los expertos dictaminaro que estos huesos habían sido cortados con un instrumento metálico y posteriormente pulidos. ¿Quién pudo tallar estos huesos?
P'os eso...