miércoles, 9 de junio de 2010

Clepsidra

Clepsidra

Me gusta la ciencia. Me encanta. De hecho..., fui por la rama de ciencias puras en mi juventud y por ella me examiné en Selectividad. Cómo vine a acabar viviendo de las letras es una historia larga que no ve en el día de hoy su momento ni en este blog lugar para ser contada.

Pero comienzo esta entrada con esa liviana pincelada biográfica porque es precisamente debido a esa afición que vive en mí por lo que acostumbro a leer con frecuencia textos de divulgación científica de variada índole. Ahora, de hecho, uno de los libros que ocupan mi tiempo libre es precisamente una Historia básica de la ciencia donde estoy recordando mucho de lo que he leído en otras ocasiones y aprehendiendo nuevos conocimientos. Y tanto me gusta..., que estos días de atrás me cruzó la mente la idea de abrir un nuevo blog al que llamaría Clepsidra, de ahí el título de la entrada de hoy, donde ir subiendo todas esas interesantes historias que aprendo con mis lecturas. No lo haré, supongo (ay, ese tiempo que se me escapa tan raudo), y la idea de la bitácora llamada Clepsidra se quedará escondida entre las teclas, pero no me resisto a incluir aquí algunos datillos (de sobra conocidos pero no por ello menos interesantes) sobre los que se han paseado mis ojos en los últimos días. Por ejemplo:

-El vocablo ciencia procede del latín scientia, de scire, "conocer".

-Ptlomeo I Soter fundó en Alejandría el Museo, templo dedicado al honor de las Musas junto al que e construyó una gran Biblioteca (500.000 volúmenes en sus comienzos). Además de la Biblioteca, el Museo disponía de grandes recursos materiales para la investigación: salas de lectura, de estudio, de disección de animales, observatorio astronómico, parque zoológico, jardín botánico, etc.

-Eratóstenes (276 a.C.-196 a.C.) fue bibliotecario en la ciudad griega de Alejandría, en Egipto. Desarrolló un experimento para medir la circunferencia de la Tierra, basado en la observación de que el Sol iluminaba el fondo de un pozo en Asuán, al mediodía del solsticio de verano. Descubrió que a la misma hora, el ángulo era en Alejandría, unos 800 kilómetros al norte de Asuán, de cerca de 1/50 de círculo. Dedujo que la distancia de Alejandría a Asuán debía de ser de 1/50 de circuferencia de la Tierra, que calculó en 40.000 kilómetros. Esa conclusión estaba asombrosamente cerca de la verdad, ya que los cálculos actuales han establecido que la cifra es 40.007 km.

Tres breves anotaciones con las que, sin embargo, ya he satisfecho mi necesidad clepsídrica ;-)

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Notas tomadas del libro Histórica básica de la ciencia, de Carlos Javier Alonso.

13 comentarios:

GUIDO FINZI dijo...

¡Mirá vos! (que diría algún personaje mío).

Me hiciste acordar de "Laboratorio bajo la clepsidra", de Bruno Schulz.

Un saludo

S. Cid dijo...

Guido: No lo conozco. ¿Qué tal es? ¿La recomiendas?

Sue dijo...

Yo descubrí que no odiaba las ciencias durante mi carrera de letras y la mejor nota la obtuve, precisamente, en una asignatura de ciencias que era mi preferida: Filosofía de la Ciencia. Bueno, la profesora también hizo mucho porque en el siguiente cuatrimestre otra catedrática impartió la segunda parte de la asignatura y era para llorar.
Vale que no eran ciencias puras y duras, se trataba más bien de entender la importancia de la ciencia, de reflexionar sobre las nuevas concepciones sobre materia, espacio y tiempo, los cambios de pensamiento, la revolución científica... En fin, que me ha encantado recordar aquellas clases con tu post: Aristóteles, Descartes, Copérnico, Galileo, Newton ...

Miguel Baquero dijo...

Ánimo con ese nuevo blog, aunque yo particularmente no he cogido el intríngulis del experimento de Erastótenes y el truco ese de los pozos. A mí me sacan de la bañera de Arquímedes y ya se acabó mi ciencia, pero ánimo de todos modos

GUIDO FINZI dijo...

A mí no me volvió loco, la verdad. Lo que ocurre es que, aparte de escribir bien, el tipo tuvo un final trágico y hay ciertas anécdotas interesantes en torno a él. Ahora mismo recuerdo un libro donde se ficciona sobre un supuesto manuscrito suyo que nunca vió la luz. Se titula "El Mesías de Estocolmo", y la autora es Cynthia Ozick.
Un saludo

Un saludo

Carlos dijo...

Noooooo. otro blog no, que no me da tiempo a leeros a todos, por favor.
No, en serio, si tienes tiempo de escribir en dos blogs distintos, adelante, guapa.
Besos.

S. Cid dijo...

Sue: Materia, espacio, tiempo... A mí todas esas cosas me vuelven loca. Te da para pensar mucho y te alucina mucho, también. He leído algunos libros buenísimos sobre ese tipo de temas. Me encanta, me encanta.

Miguel: Bueno..., lo del blog sobre cositas de ciencia fue una idea que cruzó la mente... y se fue. No tengo mucho tiempo (a veces hasta este pobre Finis Terrae se ve abandonado), así que aunque me gustaría, creo que no lo haré.

Guido: Desde luego eres como una enciclopedia. Aprendo mucho contigo, la pena es esta memoria mía incapaz de almacenar todos esos datos.

Pues, ¿sabes?, el otro día, en la Feria del Libro, me compré uno que recoge relatos de terror de un tal Lugones, argentino al que no tenía el placer de conocer. Todavía no lo he empezado, pero ya os contaré.

Carlos: Jajajaja, tranquilo, que al final la Clepsidra no verá la luz ;-) No, no tengo tiempo. De hecho, hace bastantes meses que abrí otro blog... del que nunca he dicho nada porque lo abrí, pero está vacío. No he subido nada en todo este tiempo.

Saludos, amigos

GUIDO FINZI dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
GUIDO FINZI dijo...

Leopoldo Lugones es uno de los grandes nombres de la literatura argentina. Sin entrar en detalles literarios, te comento que el tipo terminó suicidándose bebiendo whisky con cianuro. Curiosamente, su hijo Leopoldo "Polo", que fuera jefe de la policía, torturador y represor, también se suicida. La hija de éste, por el contrario, le sale montonera, y "desaparece" durante el mandato de Videla, si mal no recuerdo. Ah, y un hijo de ella, también se quita la vida.
Una saga familiar con final trágico, y que hace que uno no pueda dejar de pensar en otro caso parecido; el de Horacio Quiroga y su estirpe.

Ya me comentarás qué te pareció el libro. Yo sólo tengo un par de títulos del autor y, ahora mismo, sólo recuerdo el título de uno de ellos: "La estatua de sal", que recoge una breve selección de relatos fantásticos. Lo tengo en Siruela, en aquellas magníficas ediciones de "La biblioteca de Babel", que era una colección dirigida por J.L. Borges.

Ya que estoy, te recomiendo a otro argentino: Manuel Mújica Lainez. Y de los actuales, entre un gran ramillete de buenos escritores, a Sergio Olguín, Sergio Bizzio, el ya por ti conocido Horacio Vázquez-Rial, o los cuentos de Marcelo Birmajer

Saludos

Sue dijo...

Bueno, yo me voy a escurrir tímidamente para recomendar otro libro (que es posible que haya recomendado en alguna ocasión porque me repito mucho). No es de ciencia, pero encierra parte del sentido de nuestra (pre)historia: "Qué sucedió en la historia" de Gordon Childe.

Es que Guido me ha dado envidia.

Paco Gómez Escribano dijo...

Definitivamente, Guido es una enciclopedia andante, vaya tela. S. Cid, si abres otro blog, pues habrá que leerlo, pero te advierto que tampoco tengo tiempo. A veces me tiro horas leyendo blogs, porque me mola, pero dejo de escribir o de hacer otras cosas y me remuerde la conciencia, ahhhhhhh.
Particularmente recomiendo "Historia del tiempo" de Stephen Hawcking, o como se diga. Un saludo.

bate dijo...

Sicomoro, y ahora clepsidra. Me estás enseñando palabras que no sabía de su existencia. Y las dos parten del antiguo Egipto.

El otro día intenté ver Hipatia (de Benidorm jejejejejuas juas), la peli del chaval ese que odia a la Iglesia con todas sus ganas. Pues bien, creo que no llegué a visionar más de 10 minutos. Este tipo dicen que es el mayor genio que ha dado el cine español en toda su historia. Es probable, pero eso sólo indica, que el cine español es una verdadera mierda a la altura de la gente de "cultura", destepaís, claro.

Esto que digo no es óbice para apuntar que Los Otros me dió mucho miedito. (Esta es la que sale Nicole, no?)

Feliz domingo

S. Cid dijo...

Guido: Caray, pues va a ser que la historia del propio Lugones es mucho más... terrorífica que sus cuentos. ¡Vaya biografía!

Sue: Me anoto el título en mi ya infinita lista de pendientes. Espero que en el Más Allá me dejen leer, porque en esta vida no tendré tiempo suficiente para acabar todo lo que voy apuntando en esa lista, jajaja

Paco: Sí, sí que lo es. Este Guido es mucho Guido. En cuanto a lo del blog..., no te preocupes, no lo abriré. A mí me pasa como a ti y justo como lo has descrito: tengo un montón de historias pendientes... y no me pongo a ello por falta de tiempo, así que mi conciencia también está que brinca ;-). Ese título de Stephen Hawkings creo que lo tengo, pero nunca me he atrevido con él porque siempre he oído sobre él que es bastante denso... ¿Lo es?

Bate: Bueno, pues me alegro ;-), seguro que con esas dos palabras ya te he ensañado a ti (o tú has aprendido de mí) mucho más que muchos de mis alumnos, jajaja.

Siempre me ha llamado mucho la atención el modo de medir el tiempo. De hecho, hace años se me ocurrió que me gustaría investigar sobre ello y escribir... sobre cómo el hombre aprendió a medirlo, a pensar en él, a aprehenderlo en su mente... Sin embargo, en este caso no es sólo falta de tiempo, también lo es de cabeza... Quiero decir, hay que tener mucha cabeza para meterse en un proyecto como ése y yo... no la tengo.

Saludos, amigos.

Belén 2013

Belén 2011