jueves, 10 de diciembre de 2009

Estos sí que dan miedo...

Estos sí que dan miedo...

Tenía variados planes para este largo puente que acaba de pasar: avanzar en mis relatos del Atrápame si puedes, preparar una colaboración (prometida y aún pendiente) con un blog amigo, escribir, para algunas futuras entradas, ideas que bullían en mi cabeza, pasear, leer... Al final, de entre todas ellas, sólo pasear un poco y leer mucho, muchísimo es lo que ha ocupado mi tiempo. En estos escasos cuatro días me he bebido, porque la novela lo vale y empuja a que se consuman sus páginas sin pausa, las 881 páginas de Los cipreses creen en Dios. Ahora, en las Navidades, y supongo que dará también para algunos días después, irán cayendo las tres partes que aún quedan de esta tetralogía.

Ya llegará por aquí el comentario de todas ellas, pero, de momento, puedo ir recomendando su lectura a todo aquel que pase por aquí y todavía no lo haya hecho. Es una novela memorable, fabulosamente bien escrita y que da mucho en que pensar... Traeré, supongo, más de una mención a ella, pero precisamente hoy me viene al pelo. Le tomo prestados, pues, a Gironella estos párrafos:

Matías comprendió en seguida que la cerilla había sido echada a los leños. Sucesos de gravedad sin precedentes ocurrían en la capital de España, a juzgar por lo que acontecía en los escaños del Parlamento. Matías no sonrió como antaño al leer: "Tumultos en la sala"; por el contrario, su rostro expresó desde el primer momento la mayor preocupación.

Calvo Sotelo había descrito la situación de España en tono patético. Al parecer, no era sólo el río Ter el que bajaba crecido. Calvo Sotelo dio las cifras oficiales de lo ocurrido desde el 16 de febrero: 400 bombas habían estallado aquí y allá, 330 asesinatos, 1.511 heridos, 170 iglesias destruidas totalmente, 295 parcialmente, 485 huelgas; en cárceles y calabozos se hallaban unos doce mil ciudadanos pertenecientes a partidos derechistas...

Las palabras de Calvo Sotelo habían causado una impresión profunda en las Cortes, y el Presidente del Consejo, señor Casares Quiroga, le amenazó por cuarta vez. Entonces, Calvo Sotelo alzó los hombros. "¡Bien, señor Casares Quiroga! Me doy por notificado de la amenaza de Su Señoría. Y le digo ante el mundo lo que Santo Domingo de Silos contestó a un rey castellano: "Señor, la vida podréis quitarme, pero más no podréis." ¡Pues no faltaba más! Tengo anchas las espaldas."

A la salida, en los pasillos, "La Pasionaria" había dicho en voz alta: "Este hombre ha hablado por última vez."

[...]

Matías Alvear sufría porque desde el primer instante intuyó que aquello no quedaría en meras palabras, que se llevaría a cabo conduciendo a una situación irremediable.

[...]

Por ello, al llegar el 13 de julio todo el mundo comprendió. A Matías Alvear no le sorprendió; al comandante Martínez de Soria tampoco... Cuando la radio, "La Vanguardia" y "El Proletario" dieron la noticia de que el Presidente del Consejo había cumplido su palabra, todo el mundo comprendió que tenía que ser así, que no había descanso porque no podía haberlo.

"La Dirección del cementerio Este, de Madrid, ha comunicado al Ayuntamiento que, sobre las cinco de la madrugada, ha sido dejado allá un cadáver que ha resultado ser el del señor Calvo Sotelo."

[...]

13 de julio. Las radios dieron los consabidos detalles. Guardias de Asalto se habían presentado en el domicilio de Calvo Sotelo invitándole a que los siguiera. En la camioneta le atravesaron la nuca de un balazo.

A mi vuelta a Madrid, oí en la radio que Hermann Tertsch había sido pateado por la espalda después de que el periodista hubiera anunciado que interpondría una querella contra el programa que presenta el tal señor Wyoming en la cadena de televisión La Sexta, por haber tergiversado éste unas palabras pronunciadas por aquél mediante la emisión de unos vídeos humorísticos, según el muy discutible parecer del jocoso Wyoming. Esta mañana, además, leí en el blog Contando estrelas el artículo de Elentir titulado Señalar como asesino a Tertsch es "broma", señalar como ladrona a La Sexta es "ataque", y no pude sino pensar que cuando se relaja la conciencia y se permite pasar a unos lo que se denosta en otros... no se hace sino caminar hacia el caos. Eso es, al fin y al cabo, el relativismo moral, ya se sabe..., cuando las cosas, todas las cosas, incluso las más básicas son discutidas y discutibles... Eso es, para todo ser, libre de ideas fanáticas e intransigentes que le obcequen el intelecto y, con él, esclavicen sus ideas, la estrategia que con tanto acierto despliega la progresía española: si lo digo yo, vale ciento; si tú, cuando menos, el menosprecio. Y, así, encontramos a nuestro flamante Ministro del Interior señalando hoy que no se puede culpar al gobierno de los secuestros realizados por Al Qaeda y, sin embargo, haciendo precisamente eso, culpar al gobierno de Aznar por los atentados con los que nos despertó una buena mañana de marzo el club de Ben Laden. Supuestamente, claro..., que a saber qué diría el policía Manzano si contara la verdad...

Sigamos, pues, jugando al juego de los retroprogres, los cejistas, los medios de comunicación vendidos al poder, los votantes que aceptan X si lo dicen los suyos y abominan de ese mismo X si lo dicen los del otro lado..., sigamos, digo, y veremos llegar hasta nuestro Parlamento sombrías figuras ávidas de emular a aquella Pasionaria que, como todo el mundo sabe, fue digno espejo en el que toda democracia debe mirarse y adalid de la libertad.

Mientras tanto, señor Tertsch, repóngase y vuelva pronto a Telemadrid para seguir dando su opinión como mejor le plazca. Es un derecho que tiene recogido en nuestra Constitución. Ésa que el señor de las cejas se ha pasado por su santo arco del triunfo.

6 comentarios:

José Manuel Guerrero C. dijo...

Me dejó una profunda impresión la obra de Gironella, fue como descubrir una historia paralela y verídica de mi país, que hasta entonces, tenía vedada. Te hablo del año 2000 -cuando la leí- , el último año que voté a un partido de izquierda. A mi me dejó tocado esa novela. Todo lo que está pasando en España, tiene un claro referente.
Sabemos donde lleva tanto fanatismo.
Aconsejo ese libro como el beber.

posodo dijo...

Leí la entonces trilogía en la edición de mi padre del Círculo de Lectores hace más de treinta años (por cierto ¿cuál es la cuarta novela de la serie?).
En aquel entonces hubiera podido hablarse de ella como "novela histórica"; leída ahora,... es otra cosa, mucho más real y pavorosa.
Sobre la agresión a Tertsch, deduzco que no has leído ciertos comentarios que se pusieron a la noticia de la agresión publicada en intereconomía,... porque hubieras sido más contundente aún, si cabe. El fanatismo de que habla bate es poco en comparación con esos comentarios.

Guido Finzi dijo...

Yo ya estoy saturado de las tergiversaciones del pasado, de querer ganar la guerra civil con efectos retroactivos, de tanto catetismo en el periodismo y de la falta de criterio en la gente, que la lleva a creerse cualquier cosa por demencial que parezca. Así que, me voy unos días a Oporto a comer lenguado al horno, bacalao,tomarme unas copas de vinho Douro y de Porto, visitar la librería Lello & Irmao, pasear por sus calles y no pensar en una cotidianidad que cada día se me hace más cargante.
Un saludo.

S. Cid dijo...

Bate: Bueno, algunos sabemos dónde lleva tanto fanatismo..., otros parece que no han aprendido la lección. Yo, a medida que iba leyendo, pensaba en otras cosas... más familiares. Debió de ser horrible, pero parece que aún hay a quien no le importa jugar a ese juego.

Posodo: Da pavor, sí, y cuando ves a Wyoming y a Pilar Barden, puño en algo, insultando la inteligencia de (algunos) españoles (a otros parece que les encante que les llamen tontos,) una no puede sino pensar que algunas cosas... no han cambiado nada en absoluto. En cuanto a la trilogía, para mí también siempre lo fue: "Los cipreses creen en Dios", "Un millón de muertos" y "Ha estallado la paz". Sin embargo, hace poco leí que en realidad había una cuarta novela: "Los hombres lloran solos". Yo tenía la primera (una edición de 1959 que me regaló mi tía) y este fin de semana me compré la segunda (la tercera me la regalarán por Navidad), en la cual se explica que Gironella continuó "Ha estallado la paz" con esa "Los hombres lloran solos". Yo aún no la tengo, pero en cuanto caigan la segunda y la tercera parte, me pasaré por la Casa del libro a comprarla (o encargarla, si no la hubiere).

Y, no..., no leí los comentarios a la noticia publicada por Intereconomía... Quizá, si lo hubiera hecho, no habría conseguido se más contundente (¿lo fui lo suficiente?) sino sólo mosquearme más... Hace tiempo que me viene rondando una idea al respecto. Igual uno de estos días me pongo a ordenarla en mi cabeza y la traigo al blog.

Guido: También yo estoy saturada de todo eso que escribes ahí arriba y no sería capaz de expresarlo mejor, de modo que subscribo tu comentario de principio a fin. Eso sí..., no me he ido a Oporto, aunque sí me han propuesto un viajecito a Lisboa que he tenido que rechazar por incompatibilidades de agenda (no sólo los ministros la tienen) ;-). Eso sí, entérate de la receta del leguando... y pásamela ;-)

Saludos a los tres.

S. Cid

Miguel Baquero dijo...

Yo a veces doy la razón a unos, otras a otros, intento ir bastante por libre porque sé que me intentan manipular por todos lados, pero cuando leí y oí lo del "cordón sanitario", sencillamente me estremecí. Me parece que por ahí empiezan todos los males, por querer machacar, y destruir al contrario. Te juro que ese día advertí perfectamente la naturaleza de ciertos individuos que hasta entonces yo creía se limitaban a adoptar una pose para forrarse de dinero y al mismo tiempo pasar por enrollados y "progresistas". Empece a ver las cosas un poco más claras cuando precisamente me pidieron que me ofuscara contra el enemigo de la derecha. Cuando me pidieron que les pateara la espalda cuando se dieran la vuelta

S. Cid dijo...

Sí, tristemente, el mundo es pura manipulación (hasta para comprar una caja de galletas). No descarto que me engañen (sean los de un lado u otro). Al fin y al cabo no puedo leer las mentes, pero cuando me percato de que lo han hecho, les pongo la cruz (y me importa un comino el partido que sea). Todos pecan de ello, pero estos de este lado lo hacen con tanto descaro... que clama al cielo.

En cuanto a lo del cordón sanitario..., a mí también me llegó al alma: por ahí empiezan las cosas y luego... a ver quién las para.

Saludos

Belén 2013

Belén 2011