domingo, 9 de mayo de 2010

Operación Noé

Operación Noé

-¿Aarón?
Mortimer tanteó los mandos sin éxito. Hacía días que esperaba un milagro, pero el paso del tiempo y la ausencia de noticias presagiaba lo peor.
-¿Aarón? -insistió.
El monitor, sin embargo, se mostró terco y no dejó ver sino la odiosa línea continua que lo recorría de parte a parte. El hombre, desesperado, dio un leve golpe al altavoz que chisporroteó antes de que un pitido agudo y torturador rompiera el silencio. La oscuridad infinita que todo lo envolvía pareció fundirse con Mortimer, desdibujándo su figura en aquella soledad eterna que lo rodeaba y obligándole a hundir el mentón hasta hacerlo desaparecer en el cuello de su uniforme. Un leve crujido, sin embargo, vino a sacarlo de ese estado de inhibición en el que llevaba sumergido desde hacía días. El altavoz pareció carraspear y Mortimer abrió los ojos desmesuradamente.
-¿David? -la voz se escuchó lejana y entrecortada- ¿David?
-¿Aarón? ¿Estás ahí, Aarón?
El altavoz carraspeó con una tos seca, pero al fin calló de nuevo. La nada volvió a mezclarse con aquella leve chispa de vida que lucía impregnada del miedo a apagarse y en la que, paradójicamente, brillaba el encendido deseo de extinguirse sin tardanza y para siempre. Un lento caminar de horas sin fin retornó a comenzar otra vez en aquella eternidad extenuante, capaz de apabullar al ánimo más dispuesto y de cuyo influjo no había podido escapar el espíritu de Mortimer.
-¿David?
-¡Aarón, por Dios, Aarón, no te vayas otra vez!
-Tranquilo, Morti -la voz se escuchó clara y cercana esta vez-, el hardware de comunicación de la computadora cuántica me ha estado dando problemas, pero he logrado arreglarlo y ahora mi voz debería de llegarte alta y clara.
-Sí, sí... -gritó Mortimer-. Llegas bien.
Desde que el hombre había comprendido y domesticado la física cuántica, las comunicaciones en el espacio eran posibles incluso a distancias enormes, como las que separan las galaxias. Partiendo del hecho cuántico de que una sola partícula subatómica podía ocupar numerosos espacios al mismo tiempo, el reto consistió en hacer cabalgar sonido e imagen sobre un quark. Una vez conseguido, lo demás fue relativamente fácil.
-¿Aarón? -insistió Mortimer.
-Sí, sí..., todavía sigo aquí.
Mortimer sintió una punzada en el estómago al escuchar ese adverbio, bajo cuyo uso subyacía la posibilidad de que la comunicación volviera a cortarse. Sacudió la cabeza con la intención de borrar los negros presagios que lo acosaban y abrió su micrófono.
-¿Dónde estás?
-Navego a todo trapo por el camino marcado. Supongo que tú también...
Mortimer levantó la mirada y la dejó perderse por el panel delantero de la nave.
-Sí... -balbuceó-. Yo también, Aarón.
-Entonces todo va bien -Aaron dejó escapar el aire en un largo resoplido que David pudo oír a través del altavoz-. Me deja bastante tranquilo saber que todo está en orden. Creo que mi apaño con el hardware no será duradero y no descarto que vuelva a dar problemas, quizá irreversibles, de manera que es posible que perdamos el contacto. Así que me alegra saber que ambos tendremos éxito. Sandie quiere saludarte, pero está en la bodega. Subirá dentro de un momento...
-Aarón..., yo... Escucha, Aarón... -la voz de David tembló.
-¿Qué pasa, Morti? ¿Algún problema?
-Laurence ha muerto.
-¿Cómo dices, David? ¿Muerta?
-Sí, Aarón, muerta. Estoy solo.
-Pero..., ¿cómo ha ocurrido?
-No lo sé, te juro que no lo entiendo. No sé cómo no lo imaginé cuando la computadora de abordo informó sobre una microfisura en el fuselaje: nuestro escudo magnético debería habernos protegido de una lluvia de diminutos meteoritos que nos había sorprendido al atravesar una región de denso polvo estelar. Si no lo había hecho, la explicación era obvia, Aarón: la mini-magnetosfera fallaba. ¿Cómo no se me ocurrió? ¿Cómo pudo pasarme desapercibido un hecho tan evidente? Si yo... -un sollozo ahogó la voz de Mortimer-. Si yo lo hubiera pensado a tiempo, no le habría permitido salir mientras nuestro escudo no estuviera completamente activo, y ella no habría muerto.
-¿Cómo ocurrió? -preguntó Aarón con una voz cuyo tono había bajado un par de octavas.
-Ella estaba ahí fuera, arreglando el desperfecto, cuando un haz de rayos cósmicos atravesó el débil campo de fuerza a que había quedado reducido nuestro escudo magnético y la alcanzó.
-¿Y los embriones...? -preguntó Aarón con un deje de ansiedad que no le pasó desapercibido a David.
-Todos destruidos. El instrumental de la nave se vio afectado por completo. Fueron sólo unos instantes, Aarón, pero suficientes para hacerlos inviables.
-¡Oh, Dios santo, David! -exclamó Aaron.
-Sí,, la misión ha fracasado... -sollozó David, que permaneció unos instantes en silencio antes de continuar con un grito ahogado-: tengo que volver, Aarón. Estoy solo. Completamente solo.
El silencio sonó en el altavoz.
-¿Aarón?
-Sí, estoy aquí, David.
-¿Me has oído?
-Afirmativo.
-Tengo que volver, Aarón.
-¿Volver a dónde, David? No queda nada. A estas horas la Tierra sólo será una inmensa bola de fuego. No hay ningún lugar al que volver.
-Pues iré con vosotros.
-¿Con nosotros? Pero eso es imposible... Ya estamos demasiado lejos el uno del otro. Nuestra nave está a punto de penetrar en el brazo de Sagitario y tú..., según mis cálculos, tú debes de estar ya navegando por el de Perseo.
-Pero podéis esperarme, Aarón. Podemos fijar un punto de encuentro, recalcular los parámetros de navegación e hibernar hasta que las naves se encuentren.
-Imposible, David. Llevaría demasiado tiempo.
-¿Y qué? -gritó Mortimer- Tenemos toda una eternidad por delante.
-Pero la Operación Noé no cuenta con ella.
-¡Nosotros somos el Operación Noé, Aarón! -exclamó David desesperado.
-Y por ello debemos ser responsables. Alterar el plan podría llevarlo al fracaso. Quedábamos muy pocos cuando salimos de la Tierra, David, y todos sabíamos entonces lo que teníamos que hacer. En nuestras manos está la salvación de la especie humana.
-Pero, Aarón, Laurence ha muerto, los embriones también y yo estoy aquí solo. ¡Esta nave..., esta expedición ya ha fracasado!
-Por eso el resto debemos esforzarnos por alcanzar nuestro destino, donde quizá nuestra especie tenga una nueva oportunidad.
-¿Y a mí qué me queda por hacer entonces, Aaron? ¿Hibernar mi cuerpo y hacer que la nave se desplace eternamente sin destino?
-Tal vez encuentres vida...
-¡Tú y Sandie sois vida! -exclamó Mortimer con una desesperación que le rompió la voz.
-Lo siento, David. Las órdenes fueron muy claras: alcanzar el punto fijado y dar una oportunidad a nuestra especie. No podemos variar el rumbo ni esperarte. Contactaré contigo mañana. Ahora intenta dormir un poco.

La línea continua partió de nuevo el monitor en dos y el monótono pitido que escupió el altavoz hirió los oídos de Mortimer. Los instrumentos de navegación que pilotaban la nave por el espacio eterno continuaban mostrando una normalidad tediosa. Todo iba bien allí dentro. Todo, excepto por el hecho de que el cuerpo de Laurence dormía el eterno sueño de los justos.
-Cambio y cierro, Aarón...
Con un último estertor, el altavoz quedó en silencio. Mortimer lo apagó y se dirigió a la capsula de hibernación con el velo transparente de ese diluvio eterno que es la nada cubriendo su mirada.

10 comentarios:

Miguel Baquero dijo...

Inquietante historia, y contagiosa la angustia de David. Uno acaba el relato con un estremecimiento. Enhorabuena

Guido Finzi dijo...

A mí me ocurre como a Miguel, éste tipo de narraciones me provocan inquietud. Temo por el futuro terráqueo y no me gusta nada especular con el espacio exterior. Y vamos camino de tener que huir hacia él porque, la vida inteligente, está desapareciendo de nuestro planeta a pasos acelerados...

Un saludo

PD: Muy bien escrito, te felicito.

bate dijo...

Es de lo mejor que has escrito en este tu primer año entre nosotros, los terraqueos...

S. Cid dijo...

Miguel: Era lo que quería mostrar, Miguel: la angustia de saberte solo para siempre. Uffff, tiene que ser horrible.

Guido: Si todo va bien..., nada tiene que pasar antes de cinco mil millones de años, cuando el Sol empiece a apagarse, aunque no hay que descartar un gigantesco meteorito que aparezca por aquí a modo de armagedón. Pero, sí, el espacio es inquietante y su inmensidad... asusta.

Bate: Me alegra que te guste, y aunque ahí, con esa nada invadiendo la mirada de Mortimer, iba a quedarse el asunto..., ayer fui atando cabos de esos que la imaginación se complace en dejar sueltos por el cerebro. Si soy capaz de darles una unión lógica y conseguir lo que persigo..., a lo mejor dentro de poco vuelvo a llevaros al espacio... ;-)

Saludos, amigos. Siento tener que dejaros, pero he de salir en busca de una tarta de cumpleaños... ;-)

bate dijo...

¿Tarta de cumpleaños....?

S. Cid dijo...

Bate: Estás invitado, amigo Bate. Pásate por aquí... http://loslibrosdescid.blogspot.com/2010/05/un-pedacito.html y disfruta de la deliciosa tarta de fresa con sirope de arce (pero déjale un poco de sirope al Guido)

Ana Laura dijo...

Me ha gustado muchísimo, realmente logras transmitir la angustia del personaje, y ¡se te da muy bien la ciencia ficción!

S. Cid dijo...

Ana Laura: Bueno..., pues gracias. Tus palabras saben muy bien..., sobre todo viniendo de una fan de la ciencia ficción :-)

Ana Laura dijo...

Las merece. :)

Además, te cuento algo, dentro del género, siempre tuve debilidad por los cuentos, más que por las novelas. Adoro las antologías.

Saludos!

S. Cid dijo...

Ana Laura: Casi que yo también... De Asimov, por ejemplo, lo que más he disfrutado han sido sus cuentos.

Por cierto, ayer, que tenía puesta la morriña o me había dado un bajón de tensión o yo qué sé, el caso es que no podía mover un dedo, me tiré en el sofá y me pasé toda la tarde viendo capítulos de la primera temporada de Galáctica (la nueva serie, no la de los años 70). Hoy he seguido, claro (una vez que empiezas...) y me ha picado el gusanillo. A ver si llega el fin de semana y me voy en busca de otras temporadas que todavía no tengo.

Quien ha pagado el pato es mi lectura (ahí tengo colgado "El idiota" a la mitad) y mi escritura (un crimen cometido, pero todavía sin resolver). En fin..., ya vendrán días con una tensión más alta, jajajaja.

Saludos.

Belén 2013

Belén 2011