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lunes, 27 de enero de 2014
The Book Thief
The Book Thief
Había oído hablar muy bien de esta película y tenía muchas ganas de ir a verla, de hecho iba a hacerlo este fin de semana. Sin embargo, hace unos días, una compañera del departamento me aconsejó que fuera a verla en versión original porque, según dijo, tenía un inglés tan... Bueno, no recuerdo la palabra que utilizó, pero me llamó la atención. Así que el sábado pasado me planté en el cine, en sesión tardía y V.O. Ahora puedo poner la palabra por mí misma: un inglés muy germanizado, pero perfectamente entendible y, aunque raro al oído, con su punto de encanto.
La película es absolutamente encantadora, deliciosa y con mucha moralina. ¡Una preciosidad!
Mi recomendación no tiene dudas: ve a verla.
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Cine y teatro
lunes, 30 de agosto de 2010
Origen
OrigenYa mencioné, estos días de atrás, que había ido a ver la película Origen. Había oído hablar mucho de ella, pero no tenía ni idea de qué iba, de modo que fui a verla un poco a ciegas. Sin embargo, me gustó. Es una pesadilla meterse en el mundo que plantea esa película y, desde luego, juega mucho con la mente del espectador.
Película rara, rarísima, de hecho, que te bate las neuronas y retoza y corretea por tu cerebro todo lo que quiere, pero muy buena y con un final...
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Información más exhaustiva que eso de ahí arriba: Origen.
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Cine y teatro
sábado, 10 de abril de 2010
Avatar
Avatar
Uno de los días de la recientemente pasada Semana Santa, finalmente fui a ver la película Avatar, aunque aún no sé si lo hice porque, siendo yo uno de los pocos humanos que aún no la habían visto, andaba deseosa de sacudirme el halo de bicho raro que me señalaba como tal, o quizá porque utilicé la película a modo de excusa para salir una noche a cenar y después ir al cine. Me da en el olfato que anduvieron mis deseos más por la segunda causa que por la primera, pero vaya usted a saber en realidad cuál fue la verdadera motivación.
El caso es que aquí estoy, con una entrada que escribir bajo el título Avatar... al qué podría haber añadido el subtítulo: o nada nuevo bajo el sol, visto que el argumento de la película no esconde un sólo fotograma que pueda resultar inesperado al espectador, y leído este comentario que no aporta ninguna nueva idea a las que ya se han publicado sobre esta película.
Abreviando la entrada, que no está la vida para ir perdiendo el tiempo con las chorradas que se me ocurran escribir, con todo lo bueno que hay por ahí fuera esperando ser leído, como conclusión diré que la película no está mal, pero tampoco es una obra de arte que uno no pueda perderse (se puede vivir muy bien sin haberla visto -y no por ello es uno un bicho raro) y, por otra parte, el impacto que puede causar el 3D se reduce a unas cuantas escenas o momentos de la película, cuyo carácter tridimensional me pasó (¿seré un bicho raro, esta vez sí, por ello?) casi desapercibido.
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Cine y teatro
miércoles, 31 de marzo de 2010
Shutter island
Shutter island
Decía Edgard Allan Poe que la ciencia no nos ha enseñado aún si la locura es o no lo más sublime de la inteligencia y para Heinrich Heine, la verdadera locura quizá no sea otra cosa que la sabiduría misma que, cansada de descubrir las vergüenzas del mundo ha tomado la inteligente resolución de volverse loca. Es curioso que para ambos no sea la locura sino una forma de protección que la inteligencia adopta.
El pasado fin de semana fui a ver la película Shutter island, y lo hice un poco renuente porque los avances que había visto auguraban una cierta dosis de miedo que a mí me echa para atrás de inmediato: terror y S. Cid son antagónicos por definición. No hay tal, sin embargo, y si bien es cierto que hube de apartar la vista de la pantalla o cubrirme los ojos con las manos en un par de ocaciones, la película aun anunciada como thriller no da miedo... Miedo de ese que dan las películas de miedo, quiero decir, porque un repentino miedo a la mente... sí que te da. ¿Estamos a salvo cualquiera de nosotros... de nuestra propia mente? Es la única cosa de la que no podemos huir, con la que no podemos poner tierra de por medio: siempre va allá donde vamos nosotros. Y, así: ¿puede llegar a ser la mente nuestra enemiga más mortal? ¿Trasladarnos hasta un paroxismo demencial que nos conduzca al sufrimiento extremo? ¿O es la mente la última tabla de salvación que crea mundos falsos en los que podamos vivir con una cierta tranquilidad? ¿Está loco un ser que toma una decisión brutal sobre la premisa: "prefiero morir como un hombre bueno a vivir como un monstruo"?
En Shutter island nada es lo que parece y lo que es parece increíble. Muertos que están muy vivos en la mente de quien los ve, doctores de pasado nazi que forjaron su conocimiento sobre prácticas inhumanas cometidas en campos de concentración, policías que persiguen fantasmas...
Buenísima película que hay que ver.

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Cine y teatro
domingo, 21 de marzo de 2010
Soledad y soledumbre
Soledad y soledumbre
Este tipo, cuya máxima prioridad en la vida es acumular vuelos hasta alcanzar la cifra de diez millones de millas voladas, no sólo disfruta un trabajo que consiste en comunicar a otros que han perdido el suyo, sino que adora la vida que lleva: una vida sin hogar, sin pertenencias, sin familia, sin amigos…, una vida para vivir con lo puesto y en plena soledad.
La película trajo a mi mente una noticia que leí hace poco: la que hablaba sobre la concesión del premio Julio Camba a Ángela Vallvey por un artículo titulado La soledad, publicado en el
periódico La Razón en noviembre el año pasado, y con el cual la escritora abogaba por el derecho a estar solo: El dictado de los usos sociales -decía- ya empieza desde la escuela. “No estés solo”, le dicen al niño, porque podría parecer un psicópata, un enfermo. “El patio de recreo de la vida lo tortura con su ruido y su furia, al niño solitario”, dice la autora con su ironía característica. Así describe Vallvey la presión más temprana. A los niños se les dice: “Tú eres tu peor compañía”. En ese microcosmos de las relaciones sociales empieza a adentrarse el peor tópico de las series americanas, la popularidad: “No seas el patito feo del recreo”.
Ciertamente, Vallvey tiene mucha razón: el solitario es el tipo raro…, ése que no quiere andar con nadie y que con el tiempo acaba por ser señalado como “ése con el que nadie quiere estar“. Se suele murmurar a sus espaldas si tendrá alguna carencia mental o es simplemente un maleducado, sin contar con que el pobre tipo probablemente es tan sólo un solitario que se encuentra feliz en su propia compañía y que, por el contrario, con frecuencia se siente sumamente desgraciado cuando ha de quebrar ese mundo ideal en el que habita para pasar unos instantes de inquietud y disgusto en la compañía de otros a quienes casi con toda probabilidad ni admira, ni soporta y de quienes con certeza casi absoluta sólo obtiene fastidio y desazón.
El protagonista de Up in the air no tiene ningún complejo por vivir como vive, ni siente vergüenza alguna cuando aboga por la vida en soledad. Sin embargo, la vida da muchos vuelos y cuando el personaje que encarna George Clooney descubre que quiere pasar el resto de su existencia con alguien al lado…, la vida le sorprende con que como única compañía contará con una nueva tarjeta (que tan sólo seis más como él tienen en el mundo) que certifica los diez millones de millas voladas, las cuales, bromas del destino, serán las únicas que le acompañen.
Al fin…, solemos tener lo que tanto anhelamos. Habrá que decidirse, pues: ¿soledad o soledumbre?
Aunque la RAE no recoge divergencia alguna, hace años un profesor me hizo notar la diferencia entre las dos palabras que titulan el texto de hoy. "Soledad, decía mi profesor, es la falta de compañía por más que ésta se haya buscado y deseado; soledumbre es la soledad querida, la que se disfruta en esos momentos en los que uno se aparta porque desea estar, simplemente, consigo mismo. Mientras la primera daña, la segunda es un bien para el alma propia".
Est
os días he ido a ver la película Up in the air, que cuenta la historia de un tipo, encarnado por George Clooney, que se gana la vida despidiendo a los empleados de empresas ubicadas a lo largo y ancho del país, razón por la cual se ve obligado a saltar de aeropuerto en aeropuerto y a sobrevivir con una simple maletita donde casi no cabe más que la muda y, eso sí, una considerable cantidad de tarjetas de índole muy variada que le abren todo tipo de puertas allá donde va.
os días he ido a ver la película Up in the air, que cuenta la historia de un tipo, encarnado por George Clooney, que se gana la vida despidiendo a los empleados de empresas ubicadas a lo largo y ancho del país, razón por la cual se ve obligado a saltar de aeropuerto en aeropuerto y a sobrevivir con una simple maletita donde casi no cabe más que la muda y, eso sí, una considerable cantidad de tarjetas de índole muy variada que le abren todo tipo de puertas allá donde va.Este tipo, cuya máxima prioridad en la vida es acumular vuelos hasta alcanzar la cifra de diez millones de millas voladas, no sólo disfruta un trabajo que consiste en comunicar a otros que han perdido el suyo, sino que adora la vida que lleva: una vida sin hogar, sin pertenencias, sin familia, sin amigos…, una vida para vivir con lo puesto y en plena soledad.
La película trajo a mi mente una noticia que leí hace poco: la que hablaba sobre la concesión del premio Julio Camba a Ángela Vallvey por un artículo titulado La soledad, publicado en el
periódico La Razón en noviembre el año pasado, y con el cual la escritora abogaba por el derecho a estar solo: El dictado de los usos sociales -decía- ya empieza desde la escuela. “No estés solo”, le dicen al niño, porque podría parecer un psicópata, un enfermo. “El patio de recreo de la vida lo tortura con su ruido y su furia, al niño solitario”, dice la autora con su ironía característica. Así describe Vallvey la presión más temprana. A los niños se les dice: “Tú eres tu peor compañía”. En ese microcosmos de las relaciones sociales empieza a adentrarse el peor tópico de las series americanas, la popularidad: “No seas el patito feo del recreo”.Ciertamente, Vallvey tiene mucha razón: el solitario es el tipo raro…, ése que no quiere andar con nadie y que con el tiempo acaba por ser señalado como “ése con el que nadie quiere estar“. Se suele murmurar a sus espaldas si tendrá alguna carencia mental o es simplemente un maleducado, sin contar con que el pobre tipo probablemente es tan sólo un solitario que se encuentra feliz en su propia compañía y que, por el contrario, con frecuencia se siente sumamente desgraciado cuando ha de quebrar ese mundo ideal en el que habita para pasar unos instantes de inquietud y disgusto en la compañía de otros a quienes casi con toda probabilidad ni admira, ni soporta y de quienes con certeza casi absoluta sólo obtiene fastidio y desazón.
El protagonista de Up in the air no tiene ningún complejo por vivir como vive, ni siente vergüenza alguna cuando aboga por la vida en soledad. Sin embargo, la vida da muchos vuelos y cuando el personaje que encarna George Clooney descubre que quiere pasar el resto de su existencia con alguien al lado…, la vida le sorprende con que como única compañía contará con una nueva tarjeta (que tan sólo seis más como él tienen en el mundo) que certifica los diez millones de millas voladas, las cuales, bromas del destino, serán las únicas que le acompañen.
Al fin…, solemos tener lo que tanto anhelamos. Habrá que decidirse, pues: ¿soledad o soledumbre?
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Varios
viernes, 29 de enero de 2010
La Ratonera
La Ratonera (Agatha Christie)Ayer por la noche fui al teatro para ver esta obra, basada en la novela de Agatha Christie Tres ratones ciegos (si es que no estoy equivocada) y que en Londres lleva en cartel más de medio siglo.
El teatro es el Reina Victoria y entre los actores hay algunos nacidos de series de televisión que, al parecer, han estado muy en boga en la pequeña pantalla, aunque confieso mi absoluta ignorancia al respecto. Por ejemplo, entre los protagonistas se encuentra una tal Ana Castro (parece ser que muy conocida gracias a una serie cuyo título ya me espanta: Sin tetas no hay paraíso) y un tal Leandro Rivera (que trabajó en Estados alterados, también desconocida para mí). Comparten cartel con ellos otros actores y actrices jóvenes y también algunos de edad madura. No sé si será, precisamente, la edad -y por tanto las tablas- pero la diferencia en la calidad de la interpretación que ofrecen unos y otros es notable. La de los tres actores de edad supera enormemente a la de los jóvenes, sobre todo en la parte postrera de la obra, cuando el director, Víctor Conde, decide ofrecer al espectador un melodramático final que no imagino ideado por Agatha Christie y menos aún con los niveles de histrionismo a los que le lleva la interpretación de los actores jóvenes.
Me gustó mucho la puesta en escena: las entradas y salidas del escenario son numerosas, bien distribuidas y dan un juego sin el que probablemente sería imposible construir y mantener el misterio. La iluminación es otro elemento a destacar: ¡es magnífica! De hecho, la escena inicial que comienza con una iluminación de aquellas partes del escenario donde están situados los personajes, que aparecen y desaparecen de nuestra vista en sólo un instante merced a una iluminación casi espectral, es casi espeluznante. Todo ello, además, acompañado de buen sonido y buena música. Contenta, pues, con la experiencia.
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Fe de erratas: gracias a Bookworm, que me ha hecho caer en la cuenta, puedo corregir el error que cometí en el texto sobre La Ratonera: donde dice Ana Castro debe decir María Castro. Perdón por el error.
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Fe de erratas: gracias a Bookworm, que me ha hecho caer en la cuenta, puedo corregir el error que cometí en el texto sobre La Ratonera: donde dice Ana Castro debe decir María Castro. Perdón por el error.
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Cine y teatro
miércoles, 23 de diciembre de 2009
Planet 51
Planet 51Anoche fui a ver esta película con dos amigas y tuve dos sorpresas. Una: tan sólo estuvimos 3 personas en la sala. Jamás, jamás de los jamases me había ocurrido eso: una sesión sólo para nosotras. Y dos: efectivamente, en España a veces se hace buen cine.
Se trata de una película muy, muy bonita y llena, repleta, rebosante de guiños a cuál más simpático o curioso. El último de ellos..., cuando de hecho crees que la película se ha acabado, es quizá el mejor. Claro que este ímpetu amoroso por la película que despliego se ve justificado porque se desarrolla en los años 50, que es la época que más me gusta del siglo XX.
Si debe haber subvenciones para el cine español, sin duda es este tipo de películas el que debe llevarse la mayor parte y no los bodrios infumables, groseros y absurdos de esos cuatro cejistas que viven del peloteo político.
Buenísima película, insisto. Hay que ir a verla.
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sábado, 10 de octubre de 2009
Bruce me engañó
Y, sin querer escribir como lo haría una mujer despechada, confieso que por su engaño ya siempre albergará mi corazón la sospecha... y nunca más podré confiar en él ciegamente como había venido haciéndolo hasta ahora.
La elección de película oscilaba entre Discrict 9, opción que estaba sumamente clara hasta el jueves por la tarde, y Los sustitutos, película que vi anunciada ese jueves en un cartel del metro cuando iba camino del médico. Finalmente, y a causa de Bruce, peleé por la opción Willis y gané, de modo que ayer por la noche arrastré a mis acompañantes hasta la sala 8, donde esperaba pasar un buen rato en compañía del calvito.
La primera sorpresa no fue nada agradable: "En el tercer milenio..." empezaba la película, mientras, sobre imágenes futuristas, iban apareciendo nombres en español... Murmullos generales en la sala: "¿Qué es esto? ¿Una peli española?". En mi grupito surgió la duda: "¿Acaso nos hemos equivocado de sala?". Luz del móvil para comprobar la entrada. No, la sala es la correcta. ¿Entonces...? Mandamos un equipo de investigación que salió de expedición y al cabo de unos minutos volvió con la información que buscábamos: "Es un corto español -de esos que primero tenemos que pagar con nuestros impuestos, nos guste o no, y luego hay que tragarse por narices- tras el cual vendrá la peli... de Bruce".
Y la peli de Bruce fue un fiasco. ¡Qué desilusión! De vuelta a casa, a eso de la una de la mañana, cuando, muerta de cansancio, me esforzaba en conducir como Dios manda, sin salirme del carril y pensando en las ganas que tenía de pillar la horizontal, una amiga aún tuvo ánimos para parlotear y decir que..., bueno..., la película tenía cierto trasfondo que..., bien mirado..., bla, bla, bla. Además señaló una laguna que quedaba sin aclarar cuando..., bla, bla, bla. Yo seguía concentrada en mi conducción y pensando en la horizontal. No obstante, aún tuve suficiente cantidad de cerebro despierto para registrar en la memoria la laguna que apuntó mi amiga y que, sin embargo, no pienso relatar aquí porque la película ni siquiera merece que se comenten sus fallos.
¡Ay, Bruce..., después de tantos años...! ¡Ay!
¡Ay, Bruce..., después de tantos años...! ¡Ay!
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domingo, 13 de septiembre de 2009
Up
Up
Ayer por fin pude ir a ver Up. Le tenía muchas ganas a esta película y aunque el cine nos engañó un poco porque en su página web anunciaba la sesión a la que fuimos como 3D y luego no lo fue, la película mereció la pena de cabo a rabo.
Sí, de principio a fin, no hay segundo que no se disfrute. Desde el corto inicial: excelente, tierno y delicado, que busca, sin duda, la sonrisa del alma; hasta los créditos finales.
Preciosa historia que encierra, además, una lección muy buena para los tiempos que corren: no mitifiques a nadie, no cuelgues de tu cuello al héroe de turno: puede que detrás no haya sino un engaño. Me pregunto, no obstante, si los niños alcanzarán a entresacarlo de la historia y aplicarlo a sus Gutis, Raules, Ronaldos y demás.
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