Más excursiones y anecdotario
Ayer, por fin, la suerte nos sonrió y pudimos ver catedrales en todo su esplendor sin que los andamios se interpusieran entre ellas y nosotros. La primera catedral era fruto de la construcción humana y se encontraba en Mondoñedo:
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| Catedral de Mondoñedo |
En el interior de la catedral nos encontramos con esta imagen:
que es la de una Virgen traída en el siglo XV (creo recordar) directamente desde Inglaterra y que lleva incluso el collar de la Jarretera. Los angelitos son un añadido posterior, según contaba el cartel informativo que acompañaba la imagen.
Por supuesto, éste fue un buen lugar para hacer un descanso y meterse algo dulce para el coleto, lo cual además me brinda la oportunidad de traer el apunte gastronómico del día al blog. Un café y una porción de tarta de Santiago fue lo que degustamos en la plaza de Mondoñedo, frente a la catedral.
Después de abandonar Mondoñedo, fuimos en busca de otras catedrales, pero éstas un poco distintas a lo que se entiende usualmente por… catedral. Se trata de la Playa de las catedrales (según parece, el segundo lugar más visitado de Galicia después de Santiago). Lo cierto es que es una preciosidad, aunque no pudimos disfrutarlas como nos hubiera gustado: habíamos mirado en internet a qué hora era la marea baja, que es la que interesa para poder bajar a la playa y pasear entre esas catedrales naturales, pero la bajamar se producía a las 9 de la mañana y a las 9 y pico de la noche. Demasiado pronto y demasiado tarde para nuestro afán turístico, de modo que llegamos justo dos horas después de la pleamar y tuvimos que conformarnos con una vista desde arriba.
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| Playa de las catedrales |
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| Playa de las catedrales |
Dentro de nuestro itinerario turístico se encontraba también Ribadeo y allí estuvimos, pero hubimos de conformarnos con visitarlo en coche. El aparcamiento estaba imposible y yo ya estaba harta de conducir y dar vueltas como una peonza. Bajamos al puerto, donde sí encontramos sitio para dejar abandonada esa máquina infernal que te destroza los riñones, y echamos un vistazo por allí. Nada que reseñar al respecto.
Anecdotario
Durante nuestra estancia en este lugar, nos han ocurrido algunas cosillas verdaderamente curiosas, que no pueden sustraerse al interés de este blog. Por ejemplo…
Fukushima…, más o menos
La mañana del pasado miércoles me encontraba perezoseando en la cama mientras me preguntaba: A ver, ¿me levanto o no me levanto, me levanto o no me levanto…?, cuando, de repente, escuché un sonido opaco (sí, sí, así es como lo sentí) que no duró más de un segundo y que no supe identificar. Poco después de levantarme, mientras me tomaba el café en el banquito que hay junto a la puerta de casa, la dueña del alojamiento vino a preguntarme si había sentido algo aquella mañana. Al recordar el sonido, le contesté que sí, pero que no había sido capaz de asignarle un origen. Un temblor, me dijo, ha sido un temblor.
De caza nocturna
Durante los primeros días de nuestra estancia en la casa rural, observamos que, al anochecer, un extraño ruidito se escuchaba dentro de uno de los armarios de la cocina. Un par de días después de haber llegado, al sacar un paquete nuevo de galletas para desayunar, encontramos que estaba… mordisqueado. Se lo contamos a la dueña, que estuvo hurgando por detrás del armario en busca de lo que ella pensaba que sería un murciélago que debía de colarse, según creía, desde el falso techo por el agujerito que hay en la parte posterior del armario para que salga el tubo de extracción. Como no fuimos capaces de encontrarlo, sacamos toda la comida que teníamos en ese armario y la colocamos encima de la mesa. Por la noche (eran las cuatro, cero, cero horas) me desperté y escuché… un ras, ras, ras sobre el plástico de los envoltorios. Imposible, me dije, ya no tenemos la comida en el armario. ¿Habrá bajado hasta la mesa? Me levanté con mucho cuidado y, descalza, sin hacer ruido, encendí la luz. El ruido cesó, pero yo no cejé en mi intento por descubrir el misterio. Un poco asustada, la verdad, esperando que un vampirillo apareciese de repente y se pusiera a volar, noté mi cuerpo en tensión, la respiración agitada, el corazón impulsando sangre hasta el último rincón de mi cuerpo… que se preparaba para la lucha. De repente, un hociquillo apareció entre las bolsas. ¡Oooooh, qué monada! Era un ratoncito de campo. Lo hubiera adoptado, si las galletas no hubieran estado en peligro, de modo que mi instinto de supervivencia se activó y me dispuse a la caza. El ratoncillo corría por la encimera mientras yo intentaba cazarlo con el escurre-verduras. Obviamente, él era más rápido que yo, así que escapó. Pero cometió un error: de un salto se echó al suelo y… se coló en el baño. Sólo tuve que cerrar la puerta y esperar al amanecer, cuando un ser más ágil y rápido que yo se hizo cargo de la situación:
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| Manchitas en acción |
¡Pobre ratoncito!
Recolección
Son tan amables en este lugar, que hasta te proporcionan alimento natural. Mirad lo que me han regalado para que me lleve a Madrid:
Directamente cogidos de la huerta… ¡Qué suerte!, ¿eh?
Examen de la personalidad
Resulta que la dueña de la casa rural es una experta grafóloga que trabaja en los tribunales como tal y se ha brindado a realizarme un análisis grafológico. Esta mañana he estado escribiendo el texto que me ha pedido para poder examinar mi letra. Veremos qué sale del análisis. Me da miedo que mi gusto por escribir historias sobre crímenes resulte proceder de algún lugar oscuro de mi subconsciente, y mi letra revele que, en realidad, existen motivaciones ocultas fruto de una mente psicópata… ¿Os imagináis…?
Y, en fin, amigos, hasta aquí llegan mis vacaciones. Mañana toca vuelta (500 interminables kilómetros de vuelta). Llegaré con los riñones al jerez y con el ánimo oscuro. Qué se le va a hacer… Quizá si mi mente psicópata continúa perpetrando crímenes, algún día pueda retirarme a un lugar tranquilo como este y vivir del asesinato.