¡No!
No, no me da la gana. No lo admito, no señor, no, no y no. Siempre fui tonta de remate, -que así me educaron en mi casa: "hija, sé delicada; hija, educación, ante todo educación; hija, piensa en los demás; hija..."-, pero la vida me enseñó, ya ven qué cosas, y ahora digo que no. ¡¡¡Que no, que no y que no!!! Que no me da la gana. No, señor. ¡¡¡No!!!
¿España? España es de todos, oiga, y ya se sabe que lo que hay en España es de los españoles, así que cuidémoslo, ¿no?, como una cuida su casa. Cuidado por aquí, cuidado por allá, pisar la patria con delicadeza, esmerarse una con la limpieza de sus campos, sus playas y sus ríos, conservar su belleza... Porque España es de todos (y el planeta, también, que no del viento, como dicen ahora). Es mi país, ¿cómo no quererlo, cómo no desearle lo mejor, cómo no cuidarlo?
¿Impuestos? Pues, ya ve, no me molesta(ban). Claro, hubiera preferido que los billetes nacieran de las ramas de los árboles, cómo no, pero quien algo quiere, algo le cuesta, es de cajón, oiga, y si nos gustan firmes carreteras por las que viajar y hospitales bien provistos donde recuperar la salud, pues habrá que aflojar el bolsillo, ¿o no? ¿De dónde cree usted que salen todas esas cosas si no de los impuestos? Ya, ya, ya..., me dice usted que muchos aprovechan los servicios a los que damos vida y mantenemos algunos con nuestros impuestos, mientras ellos miran para otra parte y, silbando, silbando, se escaquean y engañan al fisco.
Antes, ya lo dije, era tonta y ante esta situación me decía: "allá ellos con su conciencia", consuelo éste que les haría morir de risa, sin duda, pero que a mí, sin calmarme del todo, me dejaba más tranquila. Sin embargo, oiga, es que la categoría de tonto a la que nos están haciendo bajar escuece ya tanto que una empieza a rebelarse. ¿Cómo van los políticos a acabar con el fraude fiscal si los primeros que dan el timo son ellos? Y delante de tus narices, oiga, sin cortarse ni un pelo. Con estos tipos la cosa ha alcanzado tal punto en que no le queda otra a las tragaderas del pobre españolito que hacerse ilimitadas o morir por obstrucción. Porque..., a ver, que alguien me explique ¿por qué tengo que estar trabajando 35 años de mi vida, alargada ahora en su aspecto laboral hasta los 67, y los desvergonzados políticos que nos gobiernan (y que están ahí porque los hemos votado) se han guisado un sistema especial por el que tras 7 añitos de estar calentando el escaño en el Parlamento (y eso cuando aparecen por allí) ya tienen su pensión máxima?
En 2006, sí, en 2006 votaron los diputados por unanimidad, ¡¡¡por unanimidad!!! (van ahí todos juntitos, el PSOE, el PP, IU, los nazionatas y demás) adjudicarse un pensión máxima con sólo 7 años de cotización (o sea, con poco más de lo que a mí me cuesta tener dos trienios).
Pero ¿a qué estamos esperando los españolitos? ¡Se impone una involución ya! Hay que acabar con tanto majadero caradura, vago e inepto que está viviendo de mi esfuerzo para, encima, ponerme las cosas cada día peor. Mi revolución, atisbada por el alma ya desde hace tiempo, comienza hoy de forma patente y definitiva: Señores, yo no les digo como Calvo Sotelo: mi vida podrán quitarme, pero ya más no podrán, porque de mi vida no van a tocar ni un pelo; pero sí les aseguro: señores, me podrán freír a impuestos y empobrecerme hasta hacer de mí una zarrapatrosa, pero mi voto, señores, mi voto..., ¡ja!, mi voto me lo voy a comer cada elección que se celebre de aquí hasta que me muera.