Mostrando entradas con la etiqueta Madrid. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Madrid. Mostrar todas las entradas

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Real Jardín Botánico de Madrid

Real Jardín Botánico de Madrid

El 17 de octubre de 1755, Fernando VI ordenó la creación del Real Jardín botánico de Madrid, que se instaló en la Huerta de Migas Calientes, en las inmediaciones de lo que hoy se denomina Puerta de Hierro, a orillas del río Manzanares. Contaba con más de 2.000 plantas, recogidas por José Quer, botánico y cirujano, en sus numerosos viajes por la Península u obtenidas por intercambio con otros botánicos europeos.

A partir de 1774, Carlos III dio instrucciones para su traslado al actual emplazamiento del paseo del Prado, donde se inaugura en 1781. Sabatini -arquitecto del Rey- y Juan de Villanueva -al que debemos el Museo del Prado, el Observatorio Astronómico y otras obras- se hicieron cargo del proyecto.

En esos años se construyeron las tres terrazas escalonadas, se ordenaron las plantas según el método de Linneo -uno de los botánicos más importantes de la Historia- y se construyeron también la verja que rodea el Jardín, los emparrados y el invernáculo llamado la Cátedra donde impartió sus clases Antonio José Cavanilles.

Desde su creación, en el R. J. Botánico se desarrolló la enseñanza de la Botánica, se auspiciaron expediciones a América y al Pacífico, se encargaron los dibujos de grandes colecciones de láminas de plantas y se acopiaron importantes herbarios que sirvieron de base para describir nuevas especies para la Ciencia.

En 1808, la Guerra de la Independencia le trajo al Jardín años de abandono y tristeza, en los que son destacables los esfuerzos de Mariano de La Gasca por mantenerlo dentro de las corrientes científicas europeas.

En 1857, siendo Mariano de la Paz Granells director del Real  Jardín, se realizaron reformas importantes que aún perduran, como el invernadero que lleva su nombre y la remodelación de la terraza superior. Trambién en época de Graells se instaló un zoológico, que doce años más tarde, siendo ya director Miguel Colmeiro, se trasladó al Jardín del Buen Retiro.

En la década de 1880 a 1890, el Jardín sufre importantes pérdidas. En 1882 se segregan dos hectáreas para construir el edificio que actualmente ocupa el Ministerio de Agricultura, con lo que su superficie queda ya reducida a las ocho hectáreas actuales. En 1886, un ciclón derribó en su recinto 564 árboles de gran valor.

En el primer tercio del siglo XX se inician con seriedad las investigaciones en el campo de la micología, y adquieren un elevado nivel las desarrolladas en el de la micromicetología.

En 1939, el R. J. Botánico pasa a depender del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. En 1942 es declarado Jardín Artístico. En 1974, tras décadas de penuria y abandono, fue cerrado al público para abordar profundas obras de restauración, que acabaron devolviéndole su estilo original. En 1981, coincidiendo con el bicentenario de su traslado, fueron inauguradas las reformas por SS. MM. los Reyes de España.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Azoteas emblemáticas de Madrid

Azoteas emblemáticas de Madrid

El sábado pasado estuvimos en una visita organizada por el CLM a tres azoteas emblemáticas de la capital. Por desgracia, el mal tiempo nos estropeó la segunda de ellas, que iba a ser en el Círculo de Bellas Artes: hasta aquel momento sólo habían caído cuatro gotas, pero aun así los tiquismiquis del Círculo prohibieron la entrada. Otro día será. 

En cualquier caso, sí que pudimos hacer las otras dos visitas: Correos y El Corte Inglés de Callao. Hoy traigo a Finis la primera de ellas:

Vista de Cibeles a ojo de pájaro cuando aún brillaba el sol

Alcalá

Banco de España

Palacio de Linares (no, no vimos ningún fantasma)

Alcalá

Cotilleando las azoteas ajenas...

Campanario y cúpula de San Manuel y San Benito

Parte del acristalamiento del patio interior

Continuación de la foto anterior

Y de nuevo el acristalamiento (cubre 3.000 metros cuadrados)

Torre de Valencia, Torre España y la Torre del Retiro

Paseo del Prado

El Palace y más Paseo del Prado

Las piedrecitas del suelo me llamaron mucho la atención

De nuevo Banco de España

Y vuelta al inicio: Cibeles

domingo, 29 de septiembre de 2013

¡Ya es otoño en Madrid!

¡Ya es otoño en Madrid!



Pero tendrás que ir después de las 11...

...si quires encontrarla abierta.

viernes, 4 de marzo de 2011

Contrastes de Madrid

Contrastes de Madrid

Una vez más, como ya sucedió en uno de los Episodios Nacionales de Galdós, El Grande Oriente, del cual tuvisteis noticia en la entrada  Calle de la Cabeza, encuentro en un libro una referencia a Madrid. En esta ocasión el autor es Larra y la obra El doncel de don Enrique el doliente, cuyo título, por cierto, viene hoy ni que pintado, pues duele pensar lo que Madrid fue y lo que es ahora (a pesar de su preciosa Sierra). Veamos lo que dice: 

A fines del siglo XIV estaba la hoy coronada y heroica villa de Madrid muy lejos de pretender el lugar preeminente que en la actualidad ocupa en la lista de los pueblos de la Península. Toda su importancia estaba reducida a la fama de que gozaban sus espesos montes, los más abundantes de Castilla en caza mayor y menor: el jabalí, la corza, el ciervo, hasta el oso feroz hallaban vivienda y alimento entre sus altos jarales, sus malezas enredadas y sus silvestres madroñeros, que han desaparecido después ante la destructora civilización de los siglos posteriores. El implacable leñador ha derrocado por el suelo con el hacha en la mano la erguida copa de los pinos y robles corpulentos para satisfacer a las necesidades de la población, considerablemente acrecentada, y el hombre ha venido a hollar la magnífica alfombra que la Naturaleza había tendido sobre su suelo privilegiado; ha tenido fuerzas para destruir, pero no para reedificar; la Naturaleza ha desaparecido sin que el arte se haya presentado a ocupar su lugar. Inmensos arenales, oprobio de los siglos cultos, ofrecen hoy su desnuda superficie al pie del caminante; al servir los árboles de pasto al fuego insaciable del hogar, los manantiales mismos han torcido su corriente cristalina o la han hundido en las entrañas de la madre tierra, conociendo ya, si se nos permite tan atrevida metáfora, la inutilidad de su influjo vivificador. Madrid, el antiguo castillo moro, la pobre y despreciada villa, ciñó mientras fue olvidada de los hombres la suntuosa guirnalda de verdura con que la Naturaleza quiso engalanarle, y Madrid, la opulenta corte de reyes poderosos, término de la concurrencia de una nación extendida, y tumba de sus caudales inmensos y de los de un mundo nuevo, levanta su frente orgullosa, coronada de quiméricos laureles, en medio de un yermo espantoso y semejante al avaro que, henchidas de oro las faltriqueras, no ve en torno de sí doquiera que vuelve los ojos, sino miseria y esterilidad.

O sea: 

antes:




y después:



Afortunadamente, Madrid no sólo es lo que parece indicar la segunda de las fotos, ni tampoco exactamente lo que describe Larra en ese párrafo, sino que guarda inmensos tesoros que no hay que perderse, algunos de los cuales os traigo gracias al enlace  que me pasó Sue: Los secretos de Madrid. No os lo perdáis. ¡Es buenísimo!

viernes, 11 de febrero de 2011

Calle de la cabeza

Calle de la cabeza

Continuando con las curiosidades relativas a Madrid, encuentro (esta vez en uno de los Episodios Nacionales de Galdós, en concreto El Grande Oriente), una totalmente desconocida para mí y que tiene que ver con una calle de Madrid de la que tampoco había oído hablar en mi vida: la de la Cabeza. Dice así don Benito:

Vulgarmente se cree que en la calle de la Cabeza no ha pasado nunca nada digno de contarse. Por el contrario, es una calle trágica, quizás la más trágica de Madrid. La tradición que le da nombre, y que no carece de mérito  en lo que tiene de fantasía, es como sigue: vivía por aquellos barrios un cura medianamente rico. Su criado, por robarle, le asesinó, cortándole ferozmente la cabeza, y con todo el dinero que pudo encontrar huyó a Portugal. No fue posible descubrir al autor del crimen, y enterrado el clérigo, bien pronto su desastroso fin quedó olvidado. Pero el asesino, después de haberse dado muy buena vida en Portugal durante muchos años, volvió a Madrid hecho un caballero, aunque no tanto que olvidase su primitiva condición de criado. Solía ir él mismo al Rastro todas las mañanas a hacer su compra, y un día adquirió una cabeza de carnero. Llevábala bajo la capa, y como chorreaba mucha sangre, que iba dejando rastro en el suelo, fue detenido por un alguacil, que le mandó mostrar lo que oculto llevaba. ¡Horrible espectáculo! Al echar a un lado el embozo, el criado alargó en la derecha mano la cabeza del sacerdote a quien le diera muerte. 

¡Milagro, milagro! Éste fue el grito general. Confesó todo el asesino y le llevaron a la horca, acompañado de la cabeza del sacerdote que había sido de carnero, y cuya vista horrorizaba y edificaba juntamente al pueblo. Murió, según dicen, con grandísima devoción y arrepentido, y hasta que no entregó su alma a Dios, no recobró la testa del cura su primitiva forma carneril. Felipe III, que a la sazón nos gobernaba, mandó labrar en piedra una cabeza que se puso en la casa del crimen para memoria de aquel estupendo suceso.

Curioso, ¿eh?

- - - - - - - - - - - - - - - - -

Enlaces relacionados, donde se puede encontrar información al respecto:

- La calle de la Cabeza (De Madrid al cielo).

domingo, 23 de enero de 2011

Gatos II

Gatos II

En episodios anteriores...: Fernando I había repartido el reino entre todos sus hijos, lo cual había sentado fatal a Sancho, el primogénito, que anduvo a la gresca con Alfonso a ver si le podía sisar León, con quien finalmente se alió, sin embargo, para atacar al pobre García y repartirse Galicia. Luego, aunque firmada una tregua, Sancho y Alfonso vuelve a las manos y éste, vencido, es exiliado a Toledo, desde donde entra en conciliabulos con Urraca para darle su merecido a Sancho. Se hace fuerte en Zamora, ciudad de la que Vellido Dolfos escapa para, al parecer, hacer traición y mostrar a Sancho una puertecilla por la que entrar en la ciudad, sin embargo, aprovechando un descuido del insaciable rey castellano, le asesta un buen golpe con el venablo por la espalda y se lo carga.

- - - - - - - - -

La Jura de Santa Gadea
Sancho ha pasado a mejor vida, pues, y lo hace, además, sin descendencia, de modo que ahora es Alfonso quien se quedará con el oro y el moro (bueno, con el moro se quedará un poco después), quiero decir que recupera su reino de León y, para escarnio del pobre Sancho -putrefacto ya en la tumba- hereda Castilla. Antes de ser coronado, sin embargo, cuentan las crónicas, o la leyenda o quien sea, pero alguien lo cuenta, que el Cid se negó a prestar juramento de lealtad a Alfonso mientras éste, a su vez, no jurara que no había tenido arte ni parte en el turbio negocio del asesinato de su hermano. Es lo que se conoce como la Jura de Santa Gadea, de la cual puede uno muy bien informarse si se enchufa en la tele esta película.

Mientras tanto, García, aprovechando la muerte de Sancho, se hizo de nuevo con el reino de Galicia. La Historia, que es larga (pues es la única que cuenta con siglos y siglos por delante para vivirse como mejor le vengan en gana), continúa porque, claro, como fácilmente podrá adivinarse, Alfonso no estaba dispuesto a quedarse de brazos cruzados. ¿Emprendería el rey una nueva guerra contra su hermano menor a fin de recuperar el reino gallego? ¡Quia!, era mucho más cómodo y barato hacer de nuevo uso de la traición y la alevosía, así que va y lo cita a una reunión, donde el ingenuo García es apresado, tras lo cual sufrirá prisión perpetua en el castillo de Luna. 

Ya tenemos, pues, a Alfonso rey de León, de Castilla y de Galicia. ¿Tendrá suficiente con ello? Qué va. Él, a lo suyo. Con un quítame allá esas luchas, se hará con Álava, Vizcaya, Guipúzcoa y La Burela, y luego, mirando al sur, comenzará a tocarle las narices a las taifas musulmanas (aquí es donde comienza a quedarse con el moro, lo cual, por otra parte, no me parece nada mal). ¿Nos acordamos de al-Ma'mum? Sí, hombre, el vasallo toledano que le había acogido con honores ofreciéndole cobijo cuando fue exiliado por Sancho, pues el pobre hombre había muerto en 1074, sucediéndole en el trono su nieto Al-Qádir, quien, en 1084, solició la ayuda de Alfonso para sofocar un levantamiento que le estaba dando problemas. Y hacia allá que se va Alfonso, en lo que parecía una expedición de ayuda y que, sin embargo, el rey castellano aprovechará para sitiar la ciudad de Toledo, que caería en sus  manos el 25 de mayo de 1085.

Y, llegados a este punto, se dirá el paciente lector para su coleto que qué bonita e interesante es la historia de España, llena de traición, pasión, intrigas, turbias alianzas, asesinatos y todo lo que pueda esperarse de una telenovela, pero aún seguirá preguntándose qué demonios tiene todo esto que ver con que a los madrileños los llamen gatos. Aaaayyyy, a ver ese temple, un poco más de aguante y perseverancia en la lectura y lo descubrirá. Pero para ello hay que retroceder unas fechas. 

San Ginés
Nos habíamos quedado en el 25 de mayo de 1085, día glorioso en que Alfonso tomó Toledo. Y es que, Alfonso, que no era tonto, sabía que para hacerse con Toledo, situada en posición casi inexpugnable, primero debía apoderarse de todas las poblaciones cercanas, y da la casualidad de que una de ellas era Madrid, (que por su situación, también privilegiada, cerraba los pasos más frecuentes hacia Toledo: León, Fuenfría y Navacerrada). Por lo tanto, según relatan los cronistas de la época, a Alfonso VI "le pareció empezar la conquista de Madrid, por ser lugar fuerte y muy dispuesto para hacer plaza de armas y frontera contra los moros; executólo poniendo sitio apretado" [...] Los castellanos toman fácilmente el arrabal de San Ginés (¡arrabal!, jajaja, quién lo diría hoy, que cae a paso y medio de Sol), donde habitan los mozárabes, pero encuentran una enconada resistencia de los musulmanes en la fortaleza, que es vencida por los soldados. Éstos trepan como gatos y abren sus puertas. Y he aquí el origen, según la leyenda, del mote con que se conoce a los madrileños, con lo cual nuestra historia toca a su fin.

Hasta la próxima.

- - - - - - - - - - 

Información extraída de:
- Mi cabeza (pero no voy a enlazárosla).
- Crónica de Madrid.

viernes, 21 de enero de 2011

Gatos I

Gatos I

Esta gélida noche madrileña se muestra propicia para, al arrimo de la lumbre (o del radiador, que avanza la técnica que es una barbaridad), entregarse al apasionante  regocijo de las fábulas y leyendas con que nuestra prolija historia nos regala, de modo que se me ha ocurrido la brillante idea de que muy bien podría entretener al lector con una interesante crónica, al término de la cual conocerá, lo cual le dejará tranquilo, pues sin ello no se puede vivir, la respuesta a la pregunta: ¿por qué a los madrileños los llaman gatos?

Vamos, pues, a ello: yo, a escribir (my way, always my way); usted, visitante querido, a darse a la lectura.

Partimos del siglo XI, reinando Fernando I, quien tuvo tres hijos y dos hijas. El mayor, Sancho, debería haber sido el heredero de Fernando, pero éste, al amparo de la ley navarra, decidió repartir su reino entre todos sus hijos, y lo hizo de forma que a Sancho le correspondió Castilla; a Alfonso, León, a García, Galicia; a Urraca, la ciudad de Zamora, y a Elvira, la de Toro. Si las cosas hubieran quedado como Fernando las pensó, tal vez España hoy sería algo muy distinto a lo que es, pero ya se sabe que el hombre propone y Dios dispone, de modo que Sancho, que como hijo primogénito se consideraba el heredero legítimo de todo el reino de su padre, comenzó una carrera expansionista contra sus hermanos, cuyos reinos anhelaba:

Alfonso VI de Castilla
Así, se enfrenta primero a Alfonso en un juicio de Dios el cual, de acuerdo con el pacto firmado por ambos, concluía que el reino derrotado pasaría a manos del reino vencedor. Alfonso fue vencido por Sancho, pero  aquél no cumplió su palabra (¡ay..., reyes... cuán grande es siempre vuestra felonía!) y las cosas quedaron como estaban. Sin embargo, hermanos al fin, el asunto no fue a mayores (de momento), llegando incluso a darse la paradoja de que los reñidos hermanos mantuvieron amistad fraternal, hasta el punto de que, después de todo lo acontecido entre ambos, Alfonso no sólo no hizo ascos a la invitación que Sancho le cursó con motivo de su boda, a la cual el rey leonés asistió alegremente, sino que ambos deudos aprovecharon la celebración para apañarse el reparto de Galicia, reino que había correspondido, según las disposiciones testamentarias de Fernando I, al hijo menor, García.

Y, así, van los dos, en amor y compañía, contra el pobre García, que sucumbe a la embestida y pierde su reino, repartido desde aquella aciaga hora entre Sancho y Alfonso. Se firma entonces una tregua entre ambos que, no obstante, se quebrará en la batalla de Golpejera, de la que Alfonso sale derrotado, razón por la que es encarcelado en Burgos mientras Sancho disfruta ya del apetecido reino leonés. Desde Burgos, Alfonso sale exiliado hacia el reino vasallo de Toledo, donde es recibido con honores por al-Ma'mum. Allí, al amparo de la que un día será ciudad imperial, Alfonso conspira con su hermana Urraca (en cuya ciudad, Zamora, se hará fuerte) y con la nobleza leonesa contra el rey usurpador. Éste (que no es otro que Sancho, claro) sitía la villa y la somete a asedio, en el transcurso del cual un noble zamorano, de nombre Vellido Dolfos, sale subrepticiamente de Zamora y se acerca al campamento castellano donde pide hablar con Sancho. Una vez ante él, se declara desertor de las filas alfonsinas y urraqueñas, e informa de que está dispuesto a mostrar una puerta secreta por la que las tropas castellanas tendrán acceso a la ciudad. Sin embargo, el supuesto desertor, aprovecha un descuido del monarca castellano para atravesarle la espalda con un venablo y matarlo allí mismo, a las puertas de Zamora.

Continuará...

(Y puedes leerlo en Gatos II)

- - - - - - - - - - 

Información extraída de:
- Mi cabeza (pero no voy a enlazárosla).
- Crónica de Madrid.La historia más completa de la Villa y Corte desde sus orígenes hasta hoy.

Belén 2013

Belén 2011