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jueves, 19 de julio de 2012

Hormigas

Hormigas

Soy tan cuidadosa con el planeta que, cuando paseo por el campo, suelo ir dando saltitos para no pisar las hileras de laboriosas hormiguitas. ¡Qué maja y encantadora soy! O era..., porque he de confesar que desde hace un par de meses una plaga de hormigas ha dado en invadir mi cocina y se ha transformado mi espíritu de aquel que habitaba en el cuerpo del doctor Jeckyll al del terrible míster Hyde, de manera que últimamente el grácil saltito campestre se ha transformado en espídico zapateado, y tal es el ímpetu que le pongo, que parezco una furiosa Lola Flores sobre el tablao.

Claro que, acabar con esa marabunta hormiguil a base de pisotones es tarea infructuosa, de manera que decidí utilizar la inteligencia y observé... Descubrí el lugar por el que se colaban (¡ay, estos arquitectos que dejan grietas bajo el umbral de la puerta del patio!) y lo cubrí todo, por dentro y por fuera. Luego, además, barrí y fregué a conciencia, y lo pulvericé todo con fufú antihormigas. Poco a poco, estos bichastracos que sólo son monos en los cuentos infantiles fueron desapareciendo de mi cocina, hasta que ayer una nueva oleada apareció... ¡a través de un enchufe! 

¡Oh, Dios mío!, ¿pero por qué a mí? Vamos, vamos, S. Cid, no desfallezcas... 

Se desmonta el enchufe, se echa más fufú (aun a riesgo de yo que sé qué percance hogareño) y se cruzan los dedos. Luego, a esperar que dé resultado. Pero no, no lo ha dado y esta mañana más bichos asquerosos iban y venían, como Pedro por su casa, cruzando esa Star Gate del demonio en que se ha convertido mi enchufe. 

Bien, brazos en jarra, ceño fruncido, labios hacia abajo y... ¡Nueva idea!

A grandes males, grandes remedios


¿Chapuza? Vale, pues no doy más de sí, pero si resulta...

Mein Kamp contra las hormigas está resultando desalentadora, menos mal que al final de la mañana me esperaba una riquísima paella no australiana...



...que algunos nunca catarán (otros sí).

martes, 10 de julio de 2012

Arquitectos...

Arquitectos...

Tenía yo ganas de traer a estos seres por aquí, pero, por h o por b, siempre había cosas más importantes de las que hablar. Ahora que estamos de vacaciones y el tiempo corre más despacio, hace calor, las neuronas están saturadas y, en general, la gente está harta de la prima de riesgo, apetece un tema sin, o light o cero-cero. De modo que he pensado que, al fin, era buen momento para ellos.

Cuando, el 15 de diciembre de 2007, me citaron para ver mi casa por primera vez, me traje a media familia, entre ellos a una hermana arquitecto para que le echara un ojo a todo lo posible, y me dediqué a hacer fotos como loca. He de decir que, en general, quedé encantada (¡cómo no, si es tu casita de tu alma y de tu corazón!), pero hubo algunas cosillas que me torcieron los planes que había pergeñado sobre el plano. 

Por ejemplo, en el estudio me topé con que el arquitecto había decidido fastidiarme con un radiador la librería que había pensado colocar a lo largo de una pared

¡Mardito, mardito! ¿Pero es que no tenías otro lugar donde ponerlo, hombre?

Y hete aquí que, cuando el 15 de febrero de 2008, me dieron las llaves, me senté en el suelo del estudio, frente al radiador, y reflexioné. ¡Ay, Billys de mi alma! -suspiré- con lo bien mediditas que os tenía yo para que cupierais 3 de 80 cm. en este testero y una de 40 haciendo esquina. ¿Y ahora qué hago yo con mis sueños y mis planes?

¿Pues qué voy a hacer? Echarle  imaginación y solucionar la pifia del arquitecto. En realidad, no fue difícil y, desde luego, tampoco fue necesario pasar por una escuela de arquitectura para solventar el problema. Si una visita la página de Ikea donde se muestran los productos billy, se encuentra con esta bonita puerta:



Los pasos siguientes son fáciles: se coge el coche, se acerca una a Ikea y se compra un par de puertas como ésta junto a las librerías billy necesarias. Después, una se toma un piscolabis en la cafetería de Ikea y más tarde se va a una tienda de bricolage (a lo franchute), donde se hace con un buen pedazo de rejilla.

Luego, sólo hay que tener una amiga habilidosa y gentil, a la que previamente se le ha regalado por su cumple una sierra de calar, y explicarle el proyecto.

Un poco de trabajo para la amiga (a la que amablemente se le ofrece una coca-cola y unos gusanitos), y hete aquí el resultado:



Por dentro también es aprovechable:



Y finalmente el conjunto no queda nada, nada mal..., además de que los sueños (con ingenio y gasto mínimo) se han hecho realidad, pese a los intentos de esos seres de los que habla esta entrada...

¡Tachán!


Obsérvese, además, la ingeniosa forma con que se ha evitado condenar el enchufe del esquinazo que aparece en la primera fotografía.

Chulo, ¿eh?, y práctico y barato. :-))

Gracias, gracias, sé que os encanta y os animo, amigos, a luchar contra ellos. Sois más fuertes, más listos y, pese a sus intentos, nunca podrán con vosotros. ¡Hagamos de nuestras casas nuestros hogares, y no los suyos!

Si es que..., para que luego alguno se meta con mis arcos...

martes, 30 de agosto de 2011

Hogar, dulce hogar

Hogar, dulce hogar

¡Ya estoy en casa! Sí, es verdad que eso supone, al menos en este caso, la vuelta al cole, lo cual me perturba, pero si obviamos ese doloroso hecho por un instante... ¡¡¡qué bien se está en casa!!! 

Me gusta mucho pasar tiempo en casa. Soy muy casera, y casi nunca me aburro cuando estoy en ella. Siempre busco alguna actividad, ya sea de aquéllas que alimentan la mente, ya de aquéllas con las que una mantiene su hogar limpio y ordenado (sí, sí, soy un poco Mari, qué le voy a hacer, pero me gusta el orden y la limpieza).

Volver a casa, además, supone que todo vuelve a estar en su lugar y se encuentran las cosas con una facilidad pasmosa. Esta última semana en Galicia (como sólo iba a ser una semana), no había sacado y colocado todas las cosas de la maleta, sólo lo hice con aquellas que necesitaría, pero, claro, luego siempre se necesita algo más... y ponte a buscarlo: ¿lo saqué o lo dejé en la maleta? Y, si lo saqué, ¿dónde lo puse? En casa eso no ocurre: todo tiene su lugar asignado (o casi, porque aún hay cosas a las que no le he encontrado sitio fijo).

De modo que estoy contentita por volver a casa. Además, me la dejé limpia, y limpia la he encontrado; salvo algo de polvo que no sé de dónde ha salido, porque lo dejé todo cerrado. Sin embargo, el patio..., ¡¡¡ay, el patio!!! ¿Pero por qué está tan sucio? Me encargué de lavar todos los platitos de las macetas, el suelo y las poyatas. Sin embargo, el suelo está asqueroso, lleno de hojas e insectos muertos, churreteado con regueros de agua (supongo que lo que rebosaba del riego automático) y todo ello da una sensación de suciedad que me ha enfermado. De modo que ahí estoy, limpia que te limpia, mientras la lavadora lava que te lava y la nevera aguarda su turno (no quiero ya ni mentar el trastero, que dejé con las nuevas estanterías pero sin limpiar ni organizar) ¡y el próximo lunes mi madre viene a quedarse unos días conmigo! Ay, cuánto trabajo. ¿Daré abasto?

No sé, pero sí sé que no soy una máquina, de modo que iré poco a poco (total, mami es de confianza, jajaja) y me tomaré mis respiros... para los cuales ya tengo lugar asignado:



Se quitan los cojines del sofá y queda un lugar muy apañao para echarse a leer o a... dormir.

Os dejo, amigos, que tengo tarea esperándome.

lunes, 25 de julio de 2011

Brico-hogar

Brico-hogar

Ya, ya sé que últimamente mis entradas no están siendo nada sesudas, de ésas en las que entráis al trapo y generan diálogos de esos que tanto os gustan, pero ¿qué queréis, amigos? Estamos en verano, los políticos  (y creo que Belén Esteban también) se han ido de vacaciones; Bibi, en la ONU; Camps, al destierro... y casi que no hay nadie con quien meterse, de modo que aquí os traigo otra entradita casera, con sabor a hogar (¿no había un programa que se llamaba así? ¿O era un plato precocinado?). Pues, ea, a ella: 

Como ya dije por alguna parte del blog estos días de atrás, andaba yo liada, entre otras cosas, con asuntillos de brico-hogar de los cuales, anuncié, traería noticias por estas páginas si el resultado no movía a la risa. Pues bien, amigos, como creo que la cosa ha quedado decente y mi dignidad de manitas a salvo, equilicuá: obsérvese el fin de mi duro trabajo y opínese si mereció la pena... o no, que diría MR12.

Éste es un lavabo ochocentista que perteneció a una tía abuela mía y que mi madre me regaló (al recogerlo de casa de sus tías) para que lo restaurara... y le encontrara algún uso:

Lavabo ochocentista sobre suelo de patio con apenas tres años comido por la cal

¿Y qué podía yo hacer con eso? Os prometo que en mi casa hay cuarto de baño, de modo que una utilidad real, real..., lo que se dice real (o borbónica, que diría Caraguevo) era del todo inexistente. Quedaría mono en mi cuarto... si tuviera un lugar donde ponerlo, pero el único donde podría haber cabido, está ocupado por una estantería... (sí, sí..., así voy retrasando el Y ahora, ¿dónde los pongo?). De modo que, tras largo tiempo reflexionando, se me ocurrió un uso... quizá poco convencional para un lavabo decimonónico, pero que podría quedar muy chulo. Eso sí, algunas reparaciones eran necesarias, ergo...

En primer lugar hubo que darle a la lija a base de bien. Menos mal que hay gente lista que se ha inventado el cacharro ese que lija solo, sin necesidad de aplicar fuerza animal alguna, pero que, eso sí, te deja la mano que parece un nido de hormigas.

Lija que te lija...
...y que te relija














Después de recuperar la sensibilidad en mi mano derecha, pude comenzar el segundo paso de la Operación Lavabo, que consistió, naturalmente, en cubrirlo con una pintura que protege del óxido. 


Hala, guapo, ya estás listo. Ahora ni se te ocurra oxidarte

Una vez concluido el segundo paso, había de darse el tercero: pintar el lavabo de blanco (en la foto observaréis pintura azul sobre los cartones que corresponde a la que utilicé para pintar las patas de la mesa que tengo en el estudio mientras el lavabo secaba). No hay que preocuparse, pues: la pintura azul tiene su lógica explicación.

Vamos, que ahora parece un lavabo del siglo XXIII, por lo menos

Y, por fin, acabado el trabajo... (Hala..., en cinco fotos parece que se ha hecho todo. Esto es como en Bricomanía: parece cosa de un minutillo, pero no veáis el curro que ha llevado), pero decía que, una vez acabado el trabajo, llega el momento de mostrar el resultado final. Et voilà:






¿Qué tal?

Ya podéis ir llenándome los comentarios de "Aaaaaahhhhh", "oooohhhhhh", "haaalaaaaa, qué chulo" y cosas por el estilo, que tengo el ego cansado de tanto lijar, pintar y repintar, y exclamaciones diversas, como las propuestas ahí arriba, son las que me convienen. ¡Que no se diga de la blogo-amistad!

jueves, 21 de julio de 2011

¡¡¡¡¡Aaaaaaaahhhhhhhh!!!!!

¡¡¡¡¡Aaaaaaaahhhhhhhh!!!!!

Acabo de llegar a casa después de dos días de estancia en casa de mi madre, que está de vacaciones. Sí, elegí justo estos días en que la casa materna está vacía para ir allá y dedicarme con ahinco a recolectar las pertenencias que aún quedan por allí. Dos días sin descanso (salvo para ir al médico, que ya me vale... ¡vaya un descanso!), haciendo montones: para llevar, para tirar, para dar... y el montón de interrogantes. Luego, viajes con el carrito de la compra hasta el garaje (¡gracias, carrito de la compra materno!, contigo he venido haciendo, desde hace tres años, la mudanza). Viaje va, viaje viene, viaje va, viaje viene... y así durante dos días. Luego, también hay que contar con el ejercicio de tetris realizado en el coche para que cupiera todo. Prueba por aquí, prueba por allá, ¿y si coloco esto así y eso otro asá...?

Vale, ya está todo colocado (¡pobre cochecito mío! ¡Gracias, coche, tú también has puesto tu parte en la mudanza durante este último trienio, solo que mucho más cargado que el carrito. Cada viaje tuyo ha supuesto unos... 4 ó 5 carritos de la compra!). Pero, decía: vale, ya está todo colocado en el coche... Ahora, vuelvo a la casa materna para recoger mi bolso, cerrar las ventanas y dar un último vistazo para que todo quede como mami quiere que esté. ¿Último vistazo? ¿Quién me mandaría a mí echar un último vistazo? De vuelta a mi antiguo cuarto, veo que... casi todo sigue igual. ¡¡¡No se nota mi trabajo!!! Pero, Dios mío, ¿por qué? ¡Si el coche va hasta los topes! 

Empiezo a notar una cierta ansiedad en el pecho. Me cuesta respirar... Abro los armarios: sí, ahí sí se nota el trabajo. ¡Qué vacíos han quedado! Estoy por dejar abiertas las puertas de los armarios, así, todo el trabajo que le he contado por teléfono a mi madre que he estado haciendo estos dos días será evidente en cuanto entre en la habitación. Además, contemplando ese vacío, noto que mi ansiedad se va calmando. Vale, venga, cierro los ojos y me voy. Cuatro vueltas a la llave y salgo a la calle.
Ya en el coche, conduzco despacio. Voy muy cargada y, además, con la necesidad de relajarme. Los 35 minutos habituales (cuando no hay atasco) se han convertido hoy en casi 50. Sí, he venido pisando huevos, ¿y qué? Ya estoy en casa. Por supuesto, no pienso bajar el coche al garaje y subir todo eso que va ahí dentro por las escaleras hasta casa. Si hubiera suerte y encontrara un aparcamiento justo en la puerta... ¡Síííííííí, la Fortuna me sonríe! Ahí está ese aparcamiento tan majo esperándome. 

Hala, comienza el trabajito de descarga (y esta vez sin carrito materno). Al menos la distancia es corta. Venga, de nuevo viaje va, viaje viene, viaje va, viaje viene y, así, después de un buen rato de sofocos, ya está el coche descargado, así que a bajarlo al garaje. Subo contentita las escaleras y satisfecha, sobre todo satisfecha por el trabajo bien hecho. Ya estoy en la puerta de casa, ya estoy metiendo la llave en la cerradura, ya la giro, ya empujo la puerta, ya se abre, ya... ¡¡¡¡¡Aaaaaaaaaahhhhhhhhhh!!!!!, como decía al principio. ¡Mi salón! ¿Dónde está mi salón? El ataque de ansiedad vuelve a mi sufriente pecho. Supongo, me digo, que el salón está ahí, por alguna parte, debajo de esas bolsas y detrás de aquellas cajas.

Y, ahora, ¿qué voy a hacer? Me voy de vacaciones el próximo miércoles, vuelvo el 29 de agosto, me incorporo al trabajo el día 1 de septiembre... y ¡¡¡el día 5 mami vendrá a pasar unos días conmigo!!!

Buenas noches, amigos, tengo que irme a la cama ¡ya! De aquí al próximo miércoles tendré que levantarme al alba si quiero que mi salón aparezca y continúe así, aparecido, a mi vuelta.

"Viva la República independiente de tu casa..." ¡Ja!  ¡¡¡Maaaaamiiiiiii, yo quiero vivir contigo otra vez!!!

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Upps, eppsss, ufffff... Ésa soy yo, salvado obstáculos camino de la cama...

Belén 2013

Belén 2011