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jueves, 16 de enero de 2014

Obsesión

Obsesión

Desde que los Reyes me trajeron la tableta, no puedo pasar sin ella.

lunes, 6 de enero de 2014

Mañana de Reyes

Mañana de Reyes

Momento en el que él trata de congraciarse conmigo...


por haberme regalado un Ipad, en lugar de la señal de tráfico que pedí.


¡Los Reyes Magos sí que molan!

¡Los Reyes Magos sí que molan!


Los Reyes sí que se lo curran:


sábado, 14 de diciembre de 2013

Karma

Karma


Encargo de Caraguevo

Encargo de Caraguevo

Él no se atreve, avergonzado como está por las amistades que frecuenta, pero me pide Caraguevo que publique esta noticia y le haga un favor a su amiga Almudena Grandes. 

Pese a lo que supone publicar esta entrada en mi pobre Finis, ¿cómo negarle un favor a un amigo? ¡Imposible! Así que ahí va:



Ánimo, Finis, sé lo que la publicación de esta anotación supone para ti, pero ese esfuerzo te honra y da testimonio de tu generosidad.

viernes, 22 de noviembre de 2013

Cosas de la vida

Cosas de la vida

Ahora mismo debería estar cenando en Madrid y hablando en inglés.

Pero no.

Aquí estoy, en casa, arrullándome en el sofá bajo una manta...

Son las cosas de la vida.


¡Pero no hay tiempo para lamentos! He recibido una jugosa oferta, amigos, por parte de Adeslas: un increíble seguro de decesos sobre el que tengo que decidirme, así que ya tengo con qué entretener la velada. Voy a estudiar las cláusulas detenidamente (ya os contaré) no vaya a ser que firme lo que no deba y tenga luego quejas en el más allá.

Os dejo, que voy a ponerme a ello, aunque, igual, ya que no hay cena, lo pienso en inglés y me monto mi propia versión de noche.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Los buenos vecinos

Los buenos vecinos

Creo que hay por ahí gente que tiene vecinas petardas que están siempre necesitando una tacita de azúcar. Yo no sólo soy afortunada en ese sentido (que venga, que venga Bárbara si se atreve a pedir asssssúcar) y no tengo vecina exhuberante que se pase el día dando la lata, sino en otro mucho más provechoso: tengo un vecino que se llama Antonio y es el mejor regalo que vino con la casa cuando la compré.

Hace un par de veranos o tres, se metió en mi baño, retorció el cuerpo con posturas imposibles y me arregló un asuntillo que necesitaba de urgente asistencia. Yo, como buenísima vecina, al día siguiente toqué la puerta de su casa y no para pedirle azúcar, cual gorrona, sino para llevarle una tartita helada.

Hoy llevo en casa todo el día, sufriendo lo que espero que sean los estertores de un trancazo que me ha tenido toda la semana viviendo cual zombi michaeljackensiense. Esta mañana puse la calefacción en cuanto me levanté. A media mañana se cortó. En la caldera, lucía el piloto rojo. La reseteé y funcionó otra vez. Después de comer, engullí un paracetamol y me metí en la cama. Se estaba tan bien, tan calentito... Hasta que empezó a hacer frío. Me arrastré hasta la cocina y ahí estaba otra vez en la caldera el dichoso pilotito rojo. Reseteé de nuevo..., pero esta vez la caldera no se encendió. Lo intenté de nuevo, oí cómo la caldera hacía un amago, contuve el aliento y..., ¡pof!, intento fracasado. 

MGae volvió del colegio y se pasó a verme. Me encontró enfrascada en la lectura de las instrucciones calderonienses, que nada tienen que ver con don Pedro. Ella también lo intentó: reseteó, reseteó, reseteó, y siempre el mismo fracaso. Me senté deprimida en el sofá. Justo hoy, que tengo tanto frío ¿y la caldera se estropea? Alguien debía de haberme echado mal de ojos. No había otra explicación que justificara tanta casualidad.

Entonces la oí: en el descansillo sonó la voz angelical de Antonio. Salté del sofá cual ágil gacela y corrí a la puerta. Él estaba en la suya, a punto de entrar.
-¡Hola!
-Eh, hola, S. Cid, ¿qué hay?
-Puffff -resoplé y lo miré con ojos de cordero desvalido-, ¿te va la calefacción?
-No sé, acabo de llegar y no la he puesto. ¿La tuya no va?
-¡Qué va! El piloto rojo está encendido, la reseteo, parece que hace el intento..., pero no lo consigue.
-¿Puedo pasar...?

¿Qué creéis, amigos, que debe contestar una casta doncella a un hombre que te pide permiso para entrar en tu casa?

-Por favor... -contesté. Abrí la puerta y me hice a un lado.

Y, bueno, voy a resumir porque no es cuestión de alargar el asunto. Cuando lo acompañé a la puerta para despedirlo, con el melodioso sonido de la caldera arrullando mis oídos, lo miré con la más encantadora de mis sonrisas.

-Y, por favor -le oí decir-, esta vez nada de tartas ni cosas de esas.
Una imagen de Castle vino a mi mente. ¿Tal vez unos pancakes?, pensé. Sería una bonita forma de decir: Gracias por lo de esta tarde.

Pero me mordí la lengua. Ya habrá ocasión de agradecérselo, aunque tendré que imaginar una forma de obedecerle y hacerlo... sin parecer que lo hago.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Mañana será otro día

Mañana será otro día

Hoy le pregunté a mi jefe de estudios (tan chulito que salía él de su despacho, en plan cowboy de Oklahoma, con sus jeans y su camisa vaquera) dónde se había dejado los revólveres. Sonrió o se le agrietó la boca, no sé, y luego le vi hacer otra muesca junto a mi nombre en la lista negra.

Hoy, después de escapar por los pelos de una melé de críos de 1º que me habían arrinconado tras mi mesa (Profe, ¿puedo ir a la taquilla? Prooooofeeeee, se me ha caído el capuchón del boli. Profe, Fulanito no me habla. Profe, me duele la rodilla. Profe, ¿puedo ir al baño? Profe, ¿has corregido los exámenes? Proooooofeeeee, Fulanito se ha sentado en mi sitio. Profe, profe, profe, profe...), después de escapar, digo escribí en la pizarra:  No contesto chorradas. ¡¡Poneos a estudiar!! Uno me preguntó: ¿Y si es importante? ¡Será memo! Si te estás muriendo, puedes levantar la mano para que avise a una ambulancia. ¿No es obvio? Otro levantó la mano. Lo miré ceñuda: ¿He de avisar a una ambulancia? Negó con la cabeza. Nadie volvió a hablar y yo pude corregir en absoluto silencio durante toooooda una hora.

Hoy, durante la hora de después de comer, una compañera se lamentó en mi oído: Hay tanto toca narices en este claustro... Déjalos -le susurré en el suyo-, nosotras estamos ganándonos una nube bien, pero que bien alta, y cuando cada mañana salgamos a barrerla... Mi cepillo imaginario alcanzó el borde de la nube y barrió hacia afuera. Las dos miramos al fondo. Allí abajo, abajo... Mi compañera se marchó al ordenador riendo a carcajada limpia. Se la oyó decir: Les caerá toda la porquería de la nube en el infierno. Todos la miraron, pero nadie la entendió.

Hoy, después de semanas de no aparecer por la sala de profesores, la honré con mi presencia. Al poco, entró en ella el profesor decano del colegio. 
Vaya -dijo-, parece que hay un intruso en la sala. 
Algunas cabezas se levantaron y lo miraron interrogativas. Le sonreí sin levantar la vista de los exámenes. 
-¿Me echabas de menos, F? 
-Sí.
-Por eso vine.

Hoy, antes de marcharme a casa, oí que el jefe de estudios nos apremiaba para que nos apuntáramos en la lista de la lotería navideña. Alguien le preguntó cuánto tocaba y él contestó que un duro la peseta. No pude evitar imaginarlo con levita y lazada al cuello, reloj de cadena sujeto a la presilla del pantalón y casi, casi que monóculo colgando de la pechera. No, no pude evitarlo y lo llamé decimonónico. Al salir por la puerta de la sala de profesores le vi tomar el escoplo y sacar de nuevo la lista negra... Bajé la escalera pensativa... ¡Qué cascarrabias! ¿Qué habría hecho si hubiera confundido la palabra y lo hubiera llamado nonagenario? (He de averiguar si en las próximas compras previstas por el departamento está anotada una taladradora automática).

Hoy, al llegar a casa, estuve pensando y, ¿sabes, F?, a lo mejor no es tan buena idea que me prodigue tanto por la sala de profesores. Tendrás que seguir echándome de menos. 

O no...

Eso fue hoy, pero mañana será otro día.

Girls

Girls





Ha, ha, ha. So true!!

martes, 29 de octubre de 2013

Aceitunas machadas

Aceitunas machadas

Intercambio de correos con mi hermana mayor acerca de la receta para aliñar las aceitunas machadas:

25-Octubre-2013

Hola A.
He cogido unas aceitunas de los olivos que hay en el camino (para dar sombra) por el que salgo a pasear y las he machado, pero no tengo la receta para aliñarlas y mamá me ha dicho que tú la sabes. ¿Me la puedes dar?

¿Qué tal todo? ¿Bien? Espero que sí.

Besos.

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25-Octubre-2013

Más o menos.
Lo primero, las tienes que dejar en agua e irla cambiando (cuando quieras, cada dos días, por ejemplo).  Pasados  unos cuantos, como 15, las vas probando y, si te parece que ya no están amargas para tu gusto,
entonces la aliñas.
Aliño: ajos (golpeados y con cáscara), sal y orégano; y, si tienes tomillo y guindilla seca de las de Tala, también lo puedes añadir.
Ya hace tanto tiempo que no lo hago que no  me acuerdo muy bien, pero es más o menos así.
Besitos y buen finde, que éste dormimos una hora más.

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25-Octubre-2013

Sí, eso fue lo que me dijo mamá más o menos, pero no me dio las cantidades. Decía: "echas los ingredientes a ojo". ¿Pero cómo voy a hacerlo a ojo si no lo he hecho antes nunca?, jaja.
Bueno, lo intentaré a ver qué tal sale. Ya te contaré. Este fin de semana voy a ir a "robar" más aceitunas de los olivos esos que han puesto en el camino. No dan sombra, pero al menos sí aceitunas, jaja.
Besos.

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28-Octubre-2013

Como no sé la cantidad del "robo", no te puedo indicar las cantidades, así pues a ojo.

Besitos

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28-Octubre-2013

La "cantidad del robo", dice, jajajaajajajaja.

El cuerpo del delito ocupa (puestas en agua) como dos palanganitas pequeñas. No sé si con ese dato tan preciso te haces una idea, jajajajaja.

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29-Octubre-2013

Me hago una idea........
Si tu medida son palanganitas, creo que la cantidad exacta sería: 4 ajos por palanganita, 1/100.000 palanganitas de orégano, 1/10.000 palanganitas de sal y eso teniendo en cuenta el volumen de agua desplazado al introducir el cuerpo del delito.

Hazlo a ojo y déjate de medidas. Pierde el miedo a la cocina, que seguro que sale bien.


Besos

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29-Octubre-2013

Jajajajajajajajajajajajajajajajajajaja.
Este chiste de las palanganitas pienso contarlo en la cena de Nochebuena, jajajajajajajajajajaja
Besos.
Ya te contaré cómo ha ido, pero si me ves con cara de vinagre es que me habré tenido que tomar dos palanganitas de aceitunas avinagradas, jajajaja.

Y ahí está, amigos, la receta familiar (ultrasecreta) de las aceitunas machadas, por si alguien quiere aprovecharla, jajaja. Eso sí, el material a aliñar debe ser robado de un camino vecinal.

sábado, 12 de octubre de 2013

¿Por qué nos besamos?

¿Por qué nos besamos?

Seguro que esta entrada atrae cientos de visitas, jaja, pero, lo siento, señor visitante, aquí no va a encontrar la respuesta a esa pregunta.

Para contestar esta cuestión, hay que apellidarse algo tan sencillo como Wlodarski y ser estudiante de doctorado en Filosofía, en el Departamento de Psicología Experimental de la Universidad de Oxford.

Tantos años pensado que una sabía ciertas cosas y resulta que no, que ahora hay que empollarse un doctorado para enterarse.

Belén 2013

Belén 2011