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jueves, 17 de octubre de 2013

Off

Off

Dejé de jugar al Tetris hará cosa de 7 u 8 años cuando, por las noches, empecé a ver figuras geométricas que caían y que yo tenía que voltear imaginariamente para colocarlas en su lugar.

Hoy, pensando, me vino a la imaginación una metáfora curiosa que asimilaba la vida a un tetris cuyas piezas tienes que ir colocando de manera que cuadren. Si eres hábil, la existencia se va  estructurando con meticulosidad; si no, un caos de trozos de vida, que van acumulándose unos encima de otros, acaba por aplastarte contra el borde superior de la pantalla.

En cualquier caso, ya sea un juego de ordenador o una vida (des)ordenada, siempre hay un momento en que hay que apagar el aparato de manera que las noches no se llenen de figuras a las que tienes que rotar entre sueños.

Es fácil, sólo hay que apretar un botón.


lunes, 2 de septiembre de 2013

¡Cuesta tan poco!

¡Cuesta tan poco!

Hace un par de semanas, alguien me dijo: Thank you soooooo much!!! This made my day!!, sólo porque recordé algo importante y dije algo adecuado en el momento oportuno.


De verdad, de  verdad, es que hay cosas que cuestan tan poco.

lunes, 30 de abril de 2012

Pequeños placeres

Pequeños placeres

Por ejemplo, un buen vaso de agua cuando una tiene muuuuuuchaaaaaa sed. ¿A que sí?

O, por ejemplo, la salud... Sólo se valora cuando se pierde.


jueves, 26 de abril de 2012

España y los españoles de hoy

España y los españoles de hoy

Parece que anda rulando por ahí un correo que explica por qué España está como está. A mí me lo mandaron hace un par de días y hoy lo traigo hasta Finis... a ver qué os parece y si estáis de acuerdo con él:

¿Quiénes son los pobres? Los nietos de los ricos”. Aforismo castellano

Cuando analizas lo que ocurre en una empresa o una sociedad, debes buscar las causas que provocan su situación, porque sólo trabajando sobre las causas, puedes cambiar los efectos. Y no tengo ninguna duda de que una de las principales causas de la prosperidad que vivimos en los años pasados fue la actitud de la generación de nuestros padres, y una de las principales causas de la crisis, es haber perdido esa actitud.


Recuerdo que hace años, un empresario brillante que viajó a China para hacer negocios, me comentaba: “China va a ser imparable. Cuando llegas allí el ambiente te recuerda la España de los años 70. Todo el mundo quiere trabajar mucho, ahorrar, comprarse su casa, su coche, que sus hijos vayan a la universidad… Cuando una generación está así centrada, no hay quien la pare” Este pensamiento me hizo reflexionar entonces y me ha vuelto a la memoria al contemplar a las tres generaciones que convivimos.

Mis padres tienen en torno a 70 años, y siempre han sido un ejemplo de trabajo, honradez, austeridad, previsión y generosidad. Pertenecen a una generación que, como dice mi padre, les tocó el peor cambio: de jóvenes trabajaron para sus padres y de casados para sus hijos.

Son gente que veían el trabajo como una oportunidad de progresar, como algo que les abría a un futuro mejor, y se entregaron a ello en condiciones muy difíciles. Son una generación que compraba las cosas cuando podía y del nivel que se podía permitir, que no pedía prestado más que por estricta necesidad, que pagaban sus facturas con celo, y ahorraban un poco “por si pasaba algo”, que gastaban en ropa y lujos lo que la prudencia les dictaba y se bañaban en ríos cercanos, disfrutando de tortillas de patata y embutidos, en domingos veraniegos de familia y amigos.

Y tan sensatos, prudentes y trabajadores fueron, que constituyeron casi todas las empresas que hoy conocemos, y que dan trabajo a la mayoría de los españoles.

Sabían que el esfuerzo tenía recompensa y la honradez formaba parte del patrimonio de cada familia. Se podía ser pobre, pero nunca dejar
de ser honrado.

La democracia significaba libertad y posibilidades y seguir viviendo en armonía y respeto.

Y cometieron los dos peores errores imputables a esa generación:

1)  “Que mis hijos no trabajen tanto como trabajé yo”. Nos cargamos la cultura del esfuerzo y del mérito de un plumazo, convirtiendo el trabajo en algo a evitar.

2)  “Como tenemos unos ahorrillos, hijo, tu gasta, que para eso están tus padres”. Con lo que mi generación empezó a pensar que el dinero nacía en las cuentas corrientes de sus padres, que daban la impresión de ser inagotables y que los bancos eran unas fuentes inagotables de hipotecas, rehipotecas y contrarehipotecas.

Y entonces, eclosionó nuestra generación (yo soy del 67). La generación de los nuevos ricos, la generación de “los pelotazos”, del gasto continuo, de la especulación, de la ingeniería financiera, de la exhibición del derroche, la de lo quiero todo y lo quiero ya, la de “papá dame”.

Y todos nos volvimos ricos (en apariencia), todos nos convertimos en gastro-horteras. ¿Conocéis a alguien que se atreva a comer un bocata de chorizo? Le corren a gorrazos por paleto. Ahora hay que comer hamburguesas deconstruidas al aroma de los almendros al atardecer. ¿Y qué decir del vino? Pasamos del Don Simón con Casera, al Vega Sicilia sin fase de descompresión. El vino ya no está “bueno”, ahora tiene matices a fruta del bosque, con un retrogusto alcohólico, que adolece de un cierto punto astringente, con demasiada presencia de roble.
Esto, por supuesto, a golpe de docenas de euro, que para ser un “enterao” hay que pasar por taquilla. ¡Y es que pocas cosas cuestan tanto, como ocultar la ignorancia!

Somos la generación de “endeudarse para demostrar que eres rico”.
Increíble pero cierto.

-  ¿Sólo debes 500.000 €? Es que eres cutre. Mira, nosotros debemos ya 2.000.000 y nos están estudiando una operación por otros 2 más.

-  Vosotros sí que sabéis sacar provecho al sistema… Ojalá yo algún día pueda deber esas cantidades. ¡Cuánto envidio tus préstamos!

En Alemania no daban abasto a fabricar Mercedes, Audis, BMW para los españoles.

Irrumpió Europa en nuestras vidas y llegó en forma de mega infraestructuras que producían mega comisiones para todos los involucrados. ¡Viva el cazo! ¡Viva el yerno del Rey! ¡Que se besen los padrinos! Además llovían las subvenciones, nos daban una fortuna por plantar viñas y luego a los dos años otra fortuna por arrancarlas. Que llegaba un momento que no sabías si tenías que plantar o arrancar. A propósito, ¿Qué toca este año?

Si algún “tarao” dice que hay que parar esto, se le lapida y  “que no pare la fiesta”. Por supuesto que todos estamos de acuerdo que esto es imposible que se sostenga, pero hay que empezar a recortar por el vecino, que lo mío son todo derechos esculpidos en piedra en la sacrosanta constitución.

De la siguiente generación mejor no hablar (lo dejaré para otro post).
Esa es la generación que dice el aforismo que será pobre, por ser nieta de ricos.

Si somos incapaces de volver a los valores con los que se construye una sociedad sostenible, nos hundiremos, eso sí, cargados de reivindicaciones.

En mi casa siempre he tenido un ejemplo vivo de cordura, honradez y esfuerzo. Y no han sido menos felices que nosotros. Los psiquiatras, de hecho, dicen que al revés, que han sido bastante más. Debe ser que la sencilla tortilla, el melón fresquito, comprar el sofá cuando se podía, poner las cortinas cosidas por nuestra madre, con ayuda de la abuela, trabajar y echarle huevos para emprender (aunque no lo llamaban así) no debía ser mala receta.

Desde aquí quiero dar las gracias a mis padres y a toda esa generación que nos regalaron un país cojonudo, que nos hemos encargado de arruinar (entre todos, que todos hemos aplaudido la locura), y que sólo con que nos descuidemos un poquito más, le vamos a dejar a nuestros hijos un protectorado chino, donde serán unos esclavos endeudados y tendrán unas historias legendarias sobre la prosperidad
que crearon sus abuelos, empeñaron sus padres y son incapaces de imaginar los nietos.

Estamos a tiempo de cambiarlo, pero cada vez tenemos menos. Podemos encontrar maestros en casa.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Libre albedrío (en respuesta)

Libre albedrío (en respuesta)

Sí, desde luego, está escrito: nuestro destino es ser libres. Así habla Posodo en su anotación (a la cual dirige el enlace) en referencia a la libertad del hombre en lo que a elegir su camino respecta. Es un interesante texto que recomiendo aunque, por supuesto, comprendo que quizá sea un tema que no ofrece demasiado atractivo en un mundo como el de hoy. A mí, sin embargo, me seduce grandemente, y lo hace siempre, aunque confieso que en esta ocasión más, si cabe, porque fui testigo directo del provechoso coloquio acerca de la predestinación que tuvo lugar en la ya lejana tarde toledana que Posodo refiere en su anotación. 

Lo que él opina al respecto, en sus labios lo dejo, que muy bien lo dijo entonces y muy bien lo reproduce en su bitácora. Lo que yo opino, empero, lo apunté, creo, entonces, y lo explico ahora

Yo no creo en un dios que se entretuvo en crear un maravilloso universo para que su más querida criatura caminara por él sobre un único raíl en el que jamás se hallaran desvíos, atajos, revueltas, rodeos, vargas y hondonadas, gargantas, ríos, praderas y mares, de forma que fuera el transitar del hombre variado y pudiera éste elegir a su gusto allá por donde más le apeteciera ir. ¡No, qué va! La creación de Dios no es de un solo carril. De otra forma, ¡qué universo tan aburrido! ¿Para qué molestarse en crearlo, si ya estaría todo dicho? 

Yo creo a ciegas en el libre albedrío del hombre y abomino de la predestinación, lo cual no impide, sin embargo (y según se inclina mi parecer), que Dios pueda actuar (y, de hecho, lo haga) en nuestras vidas si es por bien nuestro y así lo deseamos (que esto también lo gobierna nuestra libertad). Dios vive en un eterno presente. Para Él no hay pasado, ni futuro. Lo ve todo, pasado, presente y futuro, en un mismo instante, de forma que nada se le oculta. Sabe muy bien que ese desvío que tomamos no es el que nos conviene y puede, si hemos decidido ponernos en Sus manos, indicarnos cuál otro debemos tomar. Que lo hagamos o no, es cosa nuestra porque, al fin, y como también yo creo: está escrito: nuestro destino es ser libres.

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Quizá no lo recuerdo bien, pero creo que no cambié de tema cuando Posodo expuso su idea, ni tampoco le cambié la bebida. Sé con certeza que algo dije, aunque no puedo evocar aquel momento sino como un cierto balbuceo por mi parte que no supo expresar las torpes ideas que alberga mi cabeza; ni por asomo la mitad de bien pensadas, relatadas y argumentadas que las que él expuso. En cualquier caso, valga este breve texto para colocar mi parte en aquel coloquio y comentar su anotación, algo que no hice en sus Platos porque pensé, como bien se puede comprobar hoy, glosar en mi Finis.

Vale.

lunes, 10 de octubre de 2011

En respuesta...

En respuesta...

...a vuestros comentarios sobre mi duda.

Amigos, tengo el gran problema de no saber poner mis pensamientos negro sobre blanco hasta que viene alguien y me ayuda con ello. Ayer, volvía yo a tratar el asunto de las próximas elecciones y mis dudas sobre si debo votar a Rajoy o no. Tengo claro que no votaré a Rubalcaba, y si tengo que explicar por qué es que, amigo, no vives en este mundo. 

Pues bien, fuisteis muy amables todos vosotros en comentar al respecto de mi duda terrible, sin embargo, con vuestros comentarios, el problema volvía a mis manos y de nuevo había yo de enfrentarme no sólo a la duda, sino a vuestras acertadas opiniones, que debía responder, lo cual me ponía en un brete porque, como apunto por ahí arriba, qué difícil me resulta poner en palabras mi caótico pensamiento. Sin embargo, hubo suerte y hoy, mientras esperaba a que comenzara la tediosa reunión de los lunes, hice tiempo echando un vistazo al ABC que gratuitamente nos dejan en el colegio. 

Encontré un articulo firmado por Ignacio Camacho del que extraje estas líneas:

Ha sido tan aciago el caos zapaterista, tan decepcionante su gestión y tan calamitoso su balance que Mariano Rajoy va a ganar subido sobre la espuma de una ola de hartazgo. No necesita siquiera programa electoral porque su oferta más clara es la de acabar con este marasmo. [...] El desastre social ha vacunado a la gente [...] y ha allanado el camino a una alternativa que sólo promete gobernar con cierta sensatez. [...] El estado de postración del país es tal que a cinco semanas de las elecciones el favorito puede permitirse aún un discurso conceptual y abstracto [...].

Ante una opinión pública expectante de medidas concretas que someter al debate preelectoral, el casi inevitable futuro presidente ha cerrado la Convención de su partido con un proyecto basado en intangibles: la concordia, la moderación y, sobre todo, la confianza [...]

[...] El fracaso completo del zapaterismo ha instalado en los españoles la necesidad de la alternancia; incluso dentro de un gran escepticismo el pueblo ha decidido probar por otra vía al comprobar que la actual conduce al precipicio. [...]

Justo en la página anterior a aquélla en la que escribe Ignacio Camacho, encontré (mi lectura también había sido previa) el artículo de Gabriel Albiac, del que, como en el otro, extraje estas líneas:

[...] Todo lo institucional -todo- se ha ido trocando en grotesco. Hasta esta mala parodia que han sido política y Estado en los últimos siete años. Lo que se juega el veinte de noviembre es si será aún posible emerger de esta farsa. O, fatalmente, asfixiarnos en su fantástica comedia como en una final pesadilla.

¿Cuándo se fue al carajo la democracia en España? ¿Cuándo transitamos, sin darnos cuenta, del entusiasmo a la degradación que se lo tragó todo? Arriesgaré una fecha. A sabiendas de que las fechas sólo marcan puntos de inflexión en la tendencia, que el manantial del mar es más profundo y que su continuidad es imprevisible. 1 de julio de 1985. Ley Orgánica del Poder Judicial. Hasta ese día, la Constitución de 1978 estaba vigente. y, con ella, el convencional criterio de división y autonomía de poderes sobre el cual, desde Montesquieu (es necesario que por la disposición de las cosas, el poder contrarreste al poder), toda Constitución se asienta. [...]

La Ley Orgánica del Poder Judicial felipista fue redactada con un objetivo estratégico, que Alfonso Guerra tuvo la descortesía de hacer explícito en su brutal arremetida contra el Tribunal Constitucional: "Las leyes no pueden permanecer paradas por doce personas que, además, no han sido elegidas por las urnas". Es la quintaesencia de la juridicidad fascista: la asignacion al ámbito judicial de una función ancilar del poder político. [...]

Digamos todo. El Partido Popular de José María Aznar llegó al poder, en 1996, con un programa que incluía, de modo explícito, la supresión de esa ley y el retorno al modelo constitucional del 78. No podía aplicarlo más que con mayoría absoluta. La que obtuvo en marzo de 2000. No lo hizo. Prefirió llegar a un "pacto" con el PSOE, que equilibrase mejor el reparto y control de los jueces. Después de eso, es difícil creer en el juego político en España.

Anteayer, Rajoy volvió a prometer la restauración de la separación de poderes. De que cumpla esa promesa o no, penderá su honorabilidad política. Y algo mas grave: nuestra supervivencia de monos coléricos.

Pues bien, amigos, yo también, como una gran cantidad de españolitos, estoy quemada por el hartazgo que han supuesto estos 7 años y pico de Zapatero. Yo también, como una gran cantidad de españolitos, tengo miedo a perder mi empleo, yo también, como gran cantidad de españolitos, siento una inmensa pesadumbre por todos aquellos que las están pasando canutas merced a las alegrías con que ZP despilfarró nuestros caudales (monetarios y humanos). Y yo también, como algunos españolitos, creo que en cuestiones económicas Rajoy lo hará mejor que el socialismo español, que siempre que ha tocado poder nos ha llevado a la ruina. Mi parte práctica, pues, se inclina hacia el PP (a pesar de Gallardón, sí -¡Dios mío!, ¿por qué me sometes a pruebas tan amargas?).

Mas..., sí, por supuesto, hay un pero (no sería yo si no hubiera peros en mi existencia), ¿y los principios? Supongo que una llevará mejor la traición a los principios con el estómago lleno, pero, aun así, qué malos ratos de reproches personales me esperan (amigos, es que soy yo muy estricta para estas cosas). En España no hay Estado, hay un apaño vomitivo que se han montado los políticos para hacer y deshacer a su personal arbitrio sin que exista fuerza alguna capaz de contenerlos. La separación de Poderes no existe (bien lo dijo Guerra: Montesquieu ha muerto) y en ello ha participado el PP sin sonrojarse siquiera. 

Sin sonrojarse siquiera, mantuvo la LOGSE durante sus años de gobierno y dio en cambiarla cuando ya no podía aplicarla, y sólo tenía que llegar ZP a darle el derogue y madarla a la tumba.

Sin sonrojarse siquiera, ha firmado una no-sé-qué para que políticos (antiguos jueces o fiscales) que hayan estado en el gobierno puedan volver a la carrera judicial sin que medie un sólo paso de, al menos, disimulo.

Sin sonrojarse siquiera, acepta que un diputado tenga derecho a la pensión completa por sólo dos legislaturas de apoltronamiento en el Parlamento mientras a un español mortal le cuesta 35 largos y duros años de su vida.

Sin sonrojarse siquiera..., ¿sigo?

¿Y he de participar yo en esta farsa? Y si lo hago..., ¿cómo podré soportar mi imagen cuando me mire a la cara en el espejo mientras me lavo los dientes, sabiéndome partícipe de una mentira asquerosa que me repugna? Y aún peor: ¿cómo podré pensarme siquiera si voto en esta fantasía a la que nos someten -el verbo está bien elegido, sí- los políticos sinvergüenzas? ¿Qué habrá sido de mí? No seré ya un individuo, no, libre y particular, dotado de subjetividad. Seré... la masa, ésa a la que toman el pelo los partidos cada cuatro años.

Puedo votar a Mariano por hartazgo, puedo votarle por miedo a perder mi empleo, puedo hacerlo porque creo que, si gana, les irá algo mejor a aquellos compatriotas que están pasando -manda webs tener que decir esto en la España del siglo XXI- hasta hambre. Sí, puedo inclinar el sentido de mi voto hacia él por todo ello; pero si así lo hago, habré asesinado el respeto que he de sentir por mí misma, la consideración hacia mi ser y me habré convertido en sumisa sierva de un sistema que detesto.

domingo, 9 de octubre de 2011

Votar a Rajoy..., ¿o no?

Votar a Rajoy..., ¿o no?

Andaba yo este verano, amigos, ya lo sabéis, dándole vueltas a la cabeza en un círculo infernal, que ni Dante con sus famosos nueve círculos hubiera podido idear, cuando me preguntaba sobre el sentido de mi voto en estas ya cercanas elecciones.

Las semanas han ido pasando y pocos cambios ha habido al respecto, salvo que se han acabado las vacaciones y, una vez caída dentro de la vorágine escolar, se dificultan las cosas porque encuentra una que se ha reducido considerablemente el tiempo libre que poder dedicar a estos tediosos menesteres del razonamiento y la cogitación.  

Y, así, he ido viendo cómo el tiempo ha continuado su ineluctable transitar y yo, pobre de mí, damisela en apuros (que sí existe en Google, que sí, que sí) he sentido el aliento de Cronos sobre mi cogote mientras su lengua se relamía concupiscente en previsión del placer sumo que como majar le supongo. Estamos, pues, a un paso del notable día que ha de llegar con el 20-N y yo sigo igual...

Bien es verdad que ha habido momentos puntuales en que, merced a las novedades políticas que se han ido produciendo, el asunto ha parecido aclararse en mi mente, a saber: esta portada de La Gaceta me ayudó mucho, la verdad, porque todo el mundo mundial conoce de mis amores a Gallardón. Y así fue que me dije: No, decidido, no votaré a Mariano. Y, sin embargo, fue un no melifluo, bien lo sé yo, porque la duda me sigue corroyendo por las razones ya apuntadas en el famoso círculo vicioso.

Ayer dispúseme seriamente en oración y pedí aliento al Espíritu Santo para llevar a cabo tan indeseable tarea como es la de decidir a quién, de todos estos inanes políticos que para nuestra desgracia sufrimos, votar: si a Rajoy o a ninguno, y hete aquí que vino en forma de Paloma a posarse sobre mis ojos (y mis oídos) este vídeo:







el cual, por fin, ha abierto las espitas de mis entendederas y me ha decidido por una opción (¡bien, bien, bien, se acabó tanto trago amargo y padecimiento!): no, señor Rajoy, tengo múltiples motivos para no votarlo, pero esa d..., esa d... Aprenda a pronunciar los participios y a lo mejor entonces vuelve a rondarme la duda viciosa.

Luego, además, está lo de que se vayan al Partido Liberal. Ah, pero ¿se presenta un Partido Liberal? Pues ya buscaré su papeleta, ya. Olvídese, señor Mariano, de lo de los participios y pronúncielos como le venga en gana. 

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Espe, Espe..., he oído que has dado tu visto bueno a que Gallardon vaya en las listas de Marianico. ¿Dónde te dejaste las fuerzas?

La cosa se complica de nuevo con mi decisión. Uffff, voy a tomarme un Martini y que les vayan dando a todos. Es domingo y, de momento, todavía no me lo han transformado en día laborable, de modo que a disfrutar de ello, oye.

lunes, 3 de octubre de 2011

Mujeres mortales...

Mujeres mortales...

...o de cómo Ulises hubo de aprender a plancharse los pantalones

Hace ya algún tiempo que vengo dándole vueltas al asunto del contenido de este humildísimo blog en el que  en estos casi dos años y medio ha habido aciertos y también meteduras de pata, ficción y realidad, seriedad y bromas, música, libros y vídeos..., pero nunca antes se abrió el interrogante sobre si debe seguir un línea determinada y si debe esa línea ajustarse a criterios de actualidad, al diario bregar con la vida o a cualquier otra memez que pueda ésta plantear. Y, lo cierto es, amigos, que, pese a que me lo planteo, no doy con el camino a seguir. Mentiría si dijera que le he dedicado una seria reflexión al asunto, pero lo cierto es que alguna campana al respecto viene sonando desde hace unas semanas, a pesar de lo cual lo único que he conseguido es que una molesta sensación me acompañe y nada más. Y es que tengo el cerebro paralizado. ¡Con la de asuntos que ofrece el mundo para hablar!

Sábado, 1 de octubre de 2011, ocho de la mañana. Apuro los últimos sorbos del café frente al fregadero al tiempo que lánguidamente (a ver..., a esas horas no se puede hacer nada con energía) restriego la bandeja del horno.  En la radio suena el editorial que Luis del Pino lee en su programa, Sin Complejos. A medida que avanza en su lectura, mi fregoteo se va volviendo más y más flojo hasta que, mediada ésta, me quito los guantes, cojo la taza y me siento frente a la mesa de la cocina para escuchar con más atención. ¡Qué hombre tan inteligente, qué mente tan despejada! En unos minutos ha colocado en mi cabeza un sinfín de ideas que mi cerebro barruntaba sin que fuera capaz de darles la consistencia necesaria para que se volvieran pensamiento. 

Por un momento me sorprendo preguntándome para qué voy a pensar si otros lo hacen de forma tan maravillosa y luego te lo dan todo masticado, pero inmediatamente rechazo esa idea. El pensamiento propio te hace libre, pese a que el pensamiento propio sea lento la mayor parte de las veces, perezoso en ocasiones y, en cualquier caso, normalmente obtuso y siempre incompleto. Y..., sin embargo...

La mañana va avanzando lentamente y lentamente también, con sumo esfuerzo, va avanzando la tarea: estanterías, armarios, colada, suelos, paredes y ventanas... Por fin, a las dos me meto en la ducha. Ni fuerza para sostener la esponja tengo. Dejo que el agua me caiga encima y que me limpie como pueda. ¡Pero no!, hasta para esto me apremia el buen juicio y la obligación: venga, ánimo, un esfuercito más y, como le sucedió a la bandeja del horno, con lánguida indolencia me froto el cuerpo y lo dejo bien limpito. Hoy ni siquiera me seco con la toalla: me pongo el albornoz y con eso voy que chuta. Me siento un momento y pienso: Uffff, ya casi está. Sin embargo, hoy no me pondré crema. No tengo fuerzas... ¡Ja! Ay, ¿pero quién me hizo tan terca? Hoy no me pondré crema, ¿dije? Más dosis de buen juicio y obligación, y la crema acaba sobre mi cuerpo, como debe ser. 

Al fin, son las 3 y, ya comida con lo primero que he encontrado en la nevera, me siento en el sofá y abro el ordenador. Un CD de Supertramp suena como música de fondo: Even in the quietest moments (no, no lo he elegido aposta). Me hallo, pues, dispuesta para escribir una entrada con las ideas de Luis del Pino, bebo un sorbito de café y miro la pantalla. Los dedos comienzan a teclear: Hace ya algún tiempo que vengo dándole vueltas al asunto del contenido de este humildísimo blog en el que  en estos casi dos años y medio ha habido aciertos y también meteduras de pata... ¡Pero no...!, esto no era sobre lo que quería escribir... ¿O sí? ¿Quién puede saber lo que vagabundea por una mente desordenada y sin ideas?

Me detengo y miro por la ventana. El viento sopla fuertecillo hoy y de nuevo se ha caído el maldito peral, desparramando parte de la tierra de la maceta por el suelo del patio recién barrido. ¡Frutal perverso, detestable y para colmo estéril, cuánto trabajo das! Luego volveré a ponerlo en pie y barreré de nuevo. Ahora estoy demasiado cansada para hacerlo. Vuelvo la vista hacia dentro y miro. Me gusta mi casa. Está ordenada y huele a limpio. Es tranquila, silenciosa y transmite sosiego. Ahora, ahora, cuando acabe la entrada, me tumbaré un rato a leer y luego me iré a pasear: Mens sana in corpore sano.

... ¿ ?

¿Seguro? No..., esta vez no habrá buen juicio ni obligación y sé lo que ocurrirá: los ojos se irán cerrando, la respiración se ralentizará e irá haciéndose más y más profunda, los músculos se relajarán y... me quedaré dormida. Estoy exhausta y en estas circunstancias..., ¿quién es la aguerrida fémina que cultiva la mens y ejercita el corpore? Ay, mujeres, mujeres...

Unas cultivan el intelecto:

Marie Curie y la mens


Otras, incluso en el sofá, cultivan todo lo que está por debajo de la mens:

¡Qué guapa es la jod...!

Y luego está la mujer mortal que todavía tiene que rebarrer el patio y que alarga y alarga esta entrada para retrasar el momento.

Mucho trabajo durante la semana, mucho durante los días de descanso y todo ello sin que al final del arduo laboral haya un Nobel esperándome ni un Oscar en la recámara que yo pueda ir a buscar albergando una mente preclara o cabalgando sobre un cuerpo despampanante. No..., al final de mi camino tan sólo hay una capa de polvo que, como la labor de Penépole, es limpiado durante el día para que de nuevo graciosamente se deposite sobre cualquier superficie a su alcance durante la noche. Y, mientras,  ahí continúa la fila interminable de pretendientes aguardando a que el polvo no vuelva a caer. ¡Pobres!, jajaja. Ulises, tú no vuelvas que me doblas la pila de ropa para planchar. Anda y que te planchen las sirenas mientras te cantan.

Pero..., yo venía aquí a hablaros de las ideas de Luis del Pino, ¿no? ¡Qué torpeza la mía! Con la de asuntos importantes que están ocurriendo en el mundo: la trascendencia de las palabras con que nos va honrando Rubalcaba y los silencios con que quiere persuadirnos Rajoy, las noticias que murmuran los confidenciales, la importancia de que los niños gallegos y andaluces hablen español tan bien como los infantes catalanes, ¡y las elecciones!, que están a la vuelta de la esquina. Y.., bueno, luego está lo de los neutrinos que superan en velocidad a la luz... ¡¡¡Eso sí que es importante y ni siquiera lo he mencionado en un breve de este blog!!! (no es una ironía: de confirmarse, será la noticia del siglo).

¿Pero cómo, cómo, cómo puedo ser tan descastada con la realidad que me contiene? ¡Cuánta es mi inconsciencia! Perdón, amigos. Tendré que reflexionar seriamente sobre los contenidos de este blog. Un poco más de paciencia y fe en mí. Tal vez en la próxima entrada pueda contaros algo de interés.

Ahora voy a tumbarme en el sofá y dejar que Supertramp me arrulle el sueño...





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Nota 1: Ah, ¿pero habéis traído vuestra lectura hasta aquí? Mira que os avisé de que andaba mi mente un poco desordenada.
Nota 2: Felicidades, Pablo.
Nota 3: Odi..., asegúrate de que Telémaco me come bien.
Nota 4: ¿A que me he quedado con todos?
Nota 5: Pues conmigo, también. ¿Alguien me explica a cuento de qué viene esta entrada?
Nota 6: Os lo prometo, amigos, no volverá a suceder.
Nota 7: Que no, de verdad, que no...
Nota 8: Creedmeeeeeee... (por favor, enfermero, no apriete tanto la camisa de fuerza).

domingo, 14 de agosto de 2011

Miscelánea de reflexiones veraniegas

Miscelánea de reflexiones veraniegas

La autodestrucción se producirá en 5, 4, 3…

Tengo la teoría de que cuando las cosas se entienden, pueden asumirse mejor, aunque no nos gusten un pelo y no las compartamos ni por principios ni por simpatía con la causa.  Quizá por ello, cuando lo inconcebible se coloca ante mis narices y hay quien pretende embutirlo en mi gaznate y hacerlo pasar por la garganta sí o sí, cierro la boca con fuerza y me niego a masticar nada hasta que la mente no haya dado con una explicación que, insisto, aunque no comparta, pueda asimilar desde el punto de vista intelectual.

El lector puede pensar que es ésta una actitud muy sensata, y no le discuto tal opinión, pero al tiempo que prudente y sabia, puedo asegurarle que es fastidiosa y cargante, porque no se puede explicar lo mucho que cuesta ir con el interrogante puesto a todas partes y no ser capaz, pese a los esfuerzos, de dar respuesta a ese porqué cuya solución se resiste.

Esta situación de gusto acibarado y sensación mortificante se ha convertido en una dolencia crónica por su recurrencia, sobre todo en lo que a las decisiones políticas que Occidente viene tomando en los últimos tiempos se refiere: leo en El Mundo del jueves, 11 de agosto, que ante la ingobernable violencia con que los jóvenes británicos se están conduciendo estos últimos días, Cameron ha culpado de ello a la "falta de responsabilidad" de parte de la sociedad y a un modelo de "educación" de los hijos extraordinariamente permisivo con unos jóvenes que adolecen de mínimos valores, de respeto por la autoridad y de sentido del deber.

Es listo el tipo. Lo ha clavado en un pispás sin que se le haya movido una sola pestaña. Hoy en día, Churchill lo llevaría claro: ni sangre, ni esfuerzo, ni lágrimas, ni sudor. Los jóvenes británicos no estarían dispuestos a mover un solo músculo que no les proporcionara una ganancia inmediata o un placer instantáneo, y quien dice los jóvenes británicos, dice igual de los galos, los italianos y, por supuesto, de los españoles (¡qué más querríamos que haber escapado de esta espiral que gira en torno a un ego intemperante y desmedido, en el que la capacidad motriz se activa tan sólo cuando de cebar sus apetencias se trata!).

Pero Cameron se olvida, el muy ladino, como hacen sus colegas de politiqueo, ya sea de esta o aquella parte del mundo, de la gran porción que tienen ellos en este pastel que se desmorona. ¿Quiénes, sino ellos, son los que construyeron unos sistemas educativos de los cuales se borraron las palabras esfuerzo, sacrificio y dolor? ¿Quiénes, más que ellos, construyeron un estado del bienestar en el que todo era gratis y nada costaba… siquiera algo? ¿Quiénes, que no sean ellos, criaron a sus pechos una juventud a la que sólo se habló de derechos y nunca de deberes?

Y todo ello… ¿por qué? He aquí la cuestión, mejor sería escribir una de las cuestiones que me tienen rota la cabeza de tantas vueltas como le he dado. ¿Por qué? ¿Por qué han demolido las columnas sobre las que se apoyaba la civilización que nos ha traído hasta el lugar donde nos encontramos? ¿Quisieron tal vez una sociedad aborregada a la que pudieran dominar sin que fuera capaz de oponerles una sola protesta argumentada e intelectualmente bien construida? ¡Qué cobardes y qué torpes! De aquellos polvos vienen estos lodos. Han creado un monstruo de dimensiones descomunales, ciego y ofuscado por un cerebro tosco y cerril, que por su ignorancia y brutalidad se comporta como simple bestia incapaz de razón, mesura y compasión. 

Usted, señor Cameron, y sus colegas de aquí y allá, pulsaron el botón de autodestrucción. Ahora ya sólo resta contar: ¡Alerta, alerta!, la autodestrucción se producirá en 5, 4, 3…


Democracia real…, pero no para los plebeyos

A pesar de lo muy acostumbrados a la desvergüenza a que nos tienen acostumbrados la insolencia, el cinismo y la impudicia de panfletos como El País y, desde su reciente nacimiento, Público, no cesa de ser llamativa la desfachatez con que se conduce gran parte de esta sociedad en la que tuve la desgracia de nacer. Desde hace unos meses vienen moscardeando por las calles de nuestro país un grupito de personas de espíritu desenvuelto (recuérdese que la ignorancia es atrevida) y mente liviana que se han erigido en ombligo del mundo y, con la grosera colaboración de este gobierno desvergonzado y obsceno, han ocupado nuestras calles, llenándola de chinches, pulgas, suciedad hasta horripilar, ruido y, sobre todo, embustes, imposturas y arteros argumentos que producen (además de risa, en lo que a la inteligencia se refiere) nauseas en lo que al estómago toca.

Sí, claro, me refiero a los del 15M. Un movimiento que no es más que la demostración fehaciente de cómo en un tiempo fuimos nada más que bestias peludas, toscas y sucias. Algunos evolucionamos y, generosos, quisimos compartir los genes que nos hicieron humanos. Lo hicimos, de hecho, y también ellos parecen evolucionados…; pero salvo en que perdieron el pelo, se volvieron bípedos y opusieron el pulgar al resto de los dedos, en poco más se asemejan a nosotros. Son toscos, como el orangután, y aprovechados como las hienas.

Se creen unos tipos muy listos y hasta escriben manifiestos. Tal vez incluso se autoengañen creyendo que en tales panfletos se guardan pensamientos dignos de una mente provechosa; pero lo cierto es que son seres mezquinos, fanáticos, intransigentes, intolerantes, extremistas y cebados con una parcialidad que mueve al asco y al desprecio. Su delirio acalorado e irracional, el fervor tribal y la superstición que anida en sus corazones, cuyo origen arraiga en ideas decimonónicas a las que, en su desfachatez, llaman progresismo, les califica sin que sea necesario que yo me estruje el caletre en busca de la palabra apropiada para ello.

Parece que ahora se han reunido en una de sus asambleas para decidir si se manifiestan en contra de la visita del Papa. ¿Les va mucho en ello? Parece que sí, pero como no hay argumento masticable que puedan expeler sobre el pueblo, han ideado la tesis de la pasta que le va a suponer al erario público tal visita. Podríamos arrojarles a su hocico inmundo el coste que supuso retirar las toneladas de suciedad acumulada tras su acampadita en Sol, pero no lo haremos, no vaya a ser que nos contesten que aquello no le supuso un solo euro al contribuyente puesto que fue sufragado por los elfos y gnomos que habitaban en los cuentos de hadas con que nos entretienen. No, no les arrojaremos a su jeta de amianto este argumento. Tampoco argumentaremos que la visita del Pontífice está financiada por asociaciones que nada tienen que ver con el Estado y que, por tanto, al contribuyente la visita le cuesta cero euros y que, por el contrario, Madrid sacará un buen pellizco de la JMJ . No se lo argumentaremos porque a tal explicación razonarían con sus discursos habituales: ¡Facha, fascista! ¡Quememos las iglesias! En realidad, no podemos utilizar ningún argumento que toque el asunto crematístico porque la cuestión monetaria les importa un pito y es sólo su excusa.

¿Su excusa para qué? Para montar el pollo y atacar lo que no les gusta porque les horripila lo diferente. En realidad, no hay nada que podamos argumentarles porque  no son capaces de admitir en su mente escueta y fanática una idea distinta a la suya. Lo cual, además, le viene de perlas al gobierno actual, al que le da pavor una juventud a la que se reúne para decirle: !No tengáis miedo! Una juventud así: valiente y dispuesta a vivir de acuerdo con sus principios es una juventud indeseable.

No…, no hay argumento posible que utilizar con esta gente porque no está dispuesta a aceptar y consentir la diferencia, la discrepancia y que uno quiera ser libre para vivir como le venga en gana, incluso si ello supone salirse del aprisco donde quieren aborregarnos a todos.

Democracia real, sí, claro, pero sólo para ellos. Los demás…, ¡al paredón! No sería la primera vez que lo hicieran.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Duda viciosa

Duda viciosa

Puede que el título que se apoya sobre estas líneas haya atizado la curiosidad del lector, encendido ciertos interrogantes en su mente e, incluso, lo haya llevado hasta hollar el difuso borde donde comienza la confusión…, pero no, amigos, no es que sean mis dudas de naturaleza lasciva, libertina, libidinosa, licenciosa o pervertida. ¡No! El adjetivo se explica claramente al final de la entrada pero, claro, para alcanzar la razón de su porqué hay que leerla. De modo que, si no tienes nada mejor que hacer y no te importa dedicar un rato de tu tiempo a mis cuitas, sigue leyendo…

Leo en El Mundo de ayer, 2 de agosto, el artículo firmado por Luis María Ansón, Las sandalias del César que llega, en el que dice, entre otras cosas que Rajoy es implacable con los que le rodean. El menor síntoma de deslealtad se castiga en Génova con el ostracismo […]. Carmen Remírez, continúa Ansón, retrata a Mariano Rajoy en este periódico como un killer y repasa la larga lista de los personajes populares a los que escabechó […]: Zaplana, Acebes, María San Gil, Piqué, Pizarro, Gerardo Galeote y Álvarez Cascos. […]. La figura catedraliza de Rajoy se consolida con la lealtad permanente y con el aplauso incondicional.

Frente a esta idea de la lealtad permanente y el aplauso incondicional, aparece en mi memoria la entrevista realizada a Luisa Fernanda Rudi en no sé qué medio escrito y que leí hace unos días. En tal entrevista, ante la pregunta del periodista sobre si ha comenzado el peloteo en torno a ella, Rudi contesta que sabe muy bien distinguir entre la lealtad y la sumisión, y que a su lado quiere gente leal, no sumisa.  Quizá es que, en este mundo rústico e ignorante que nos rodea, vamos dejando tirados por el camino de la vida el verdadero significado de las palabras, pero, afortunadamente, de vez en cuando aparece alguien que retorna con él y nos hace recapacitar sobre ciertas actitudes. Rudi parece tenerlo claro; Rajoy, también, pero en un sentido muy diferente: Rudi quiere gente leal a su lado; Rajoy, sumisa y dispuesta al aplauso incondicional. Lo cual indica que la una es fuerte y el otro, débil y asustadizo, hasta el punto de rechazar de sus cercanías personas capaces…, más capaces que él. Prefiere verse rodeado de un buen coro de actores y actrices que le sigan el rollo, aunque el rollo sea malo de verdad. Ello me lleva a desconfiar grandemente de él. Ello y algunas otras cositas… A saber:

-su actitud durante los últimos cuatro años, en los que no ha tenido ningún empacho a la hora de olvidar ciertos principios que su partido representaba y los cuales él, por ser el líder, se daba por supuesto que compartía. Lo veo, pues, como un hombre dispuesto a pronunciar sin rubor alguno aquella frase famosa de Groucho: Estos son mis principios, si no le gustan, tengo otros

-parece ser, además y como se decía antes, un hombre frágil al que ya no le concedo ni siquiera el beneficio de la duda en cuanto a la capacidad y cantidad de sus redaños para enfrentarse a las duras circunstancias que le esperan. ¿Qué hará cuando los sindicatos –tan calladitos estos últimos 7 años y pico- se le echen a la calle? ¿Qué hará cuando los mansos y cívicos del 15M solivianten los ánimos y enciendan la calle? ¿Qué, cuando los medios pesoísticos se lo coman por arriba y por abajo?

Yo que, entre otras cosas, voto por principios y, sobre todo, por principios, tengo la absoluta certeza de que este señor no los representa; y como soy un ser libre y, ante todo, libre, libre, libre, y no me dejo atar por ningún demagogo que se presente ante mí vendiéndome la burra (pueden engañarme una vez, quizá dos…, pero nunca tres), hace tiempo que decidí que este tipo no volvería a tener mi voto jamás. Por otra parte, yo, que también voto eficacia, valoro grandemente la mucha que suele tener el PP allí donde gobierna frente a la incapacidad manifiesta y la incompetencia del PSOE, cientos de miles de veces demostrada. Sin embargo, tampoco en este caso fío del señor Rajoy. Su debilidad me lleva a pensar en sus redaños que, como apunté ahí arriba, considero demasiado disminuidos para hacer frente a la catastrófica situación que estamos viviendo.

No votarlo, pues, significa un alivio para mi alma, pues con ello no traiciono mis convicciones y me distingo del votante borreguil (tan conocido del PSOE) que vota a los suyos, hagan lo que hagan, digan lo que digan, engañen lo que engañen y roben lo que roben. No votarlo, además, supone para mí la seguridad de que no estoy empeñando mi voto en un tipo inútil cuyo mayor anhelo parece ser llegar ¡por fin! (debe de sentirlo como un abisal complejo, después de dos elecciones perdidas) a la Moncloa. No votarlo, sí, no votarlo…

Sigue Ansón en su artículo diciendo que En estos momentos, el PP gana por mayoría absoluta. El 20 de noviembre veremos qué ocurre. Porque si Rajoy se quedara en 167 o 169 escaños, Rubalcaba maniobraría para formar un pentapartido, burlar la mayoría y hacer lo que el PSOE ya consumó en Baleares […]. Si durante la campaña electoral Rajoy pierde posiciones, se puede encontrar, aunque gane, que la zorrería de Rubalcaba le rubalcabea con la alianza del PSOE, IU y los partidos periféricos, varios de ellos, por cierto, abiertamente secesionistas. La sombra del pentapartido es alargada y puede acabar el rumor de las sandalias del César que llega.

No votarlo..., ¿decía? No votarlo quizá suponga llegar a la situación que Ansón retrata en este último párrafo y entonces… ¿Lo imagináis? ¿Qué puede ser más insoportable: un Rajoy asustadito, escondido en la Moncloa y sin tomar las riendas, no vaya a ser que los del 15M se le aparquen a la entrada del palacio mientras el país sigue la senda del Titanic, o un país desmembrado, destrozado, humillado, abochornado, derrotado por las sanguijuelas nacionalistas y cautivo de la maldad e incompetencia pesoística de Rubalcaba?

Yo no tengo la respuesta y, así, consumo mi tiempo vacacional sumergida en la duda: si no voto a Mariano, puedo contribuir con ello a la aniquilación de España. Si lo voto, traiciono todos mis principios sin la seguridad, además, de que vaya a servir para evitar la evanescencia de mi país. Si apostato de mis convicciones, pero a cambio salimos de este pozo, al menos tendría un "al menos" en el que refugiar la mala conciencia que me causaría la felonía perpetrada contra mis ideas; pero ¿y si ni siquiera sirve para ello y el país se hunde por la cobardía del señor gallego?  En tal caso, la aniquilación que nos espera sin remedio del PSOE vendría de la mano pepera, pero vendría. En cualquier caso…, llegaría, de manera que habríamos vuelto al principio en ese perpetuo círculo vicioso. Y, así, ¿qué hago? ¡Oh, duda cruel; oh, duda circular y viciosa!

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Tengo un consuelo, al menos: no estoy sola. Hay más como yo. Lean Ronin, y encontrarán más dudas viciosas y más llanto en aquella casa. ¡Ay, Alawen, podemos quedar para llorar juntas!

domingo, 5 de diciembre de 2010

Democracia

Democracia

-¿Por qué eres demócrata, Alexias?
Si tuviera ahora que contestar por el joven que se sentaba a la mesa, quizá habría dicho: "A causa de mi padre, o de la rodiota. Porque te amo". Pero, por supuesto, repliqué que pensaba que la democracia era lo más justo.
-No te engañes a ti mismo, querido -díjome-. La democracia puede ser tan injusta como cualquier otra cosa. Piensa en Alcibíades, quien, dicho sea de paso, supongo que pronto vendrá a mandarnos.
Le miré con fijeza, pues aquella misma idea acababa de ocurrírseme.
-Ve acostumbrándote a ello -prosiguió él-. Puede parecer versátil, y quizá lo sea, pero es discutible la lealtad que a la Ciudad debe un hombre que por ella ha sido injustamente puesto fuera de la ley. Sea lo que fuere lo que hizo en su tiempo, no quebrantó las leyes más que tú o que yo... Dime, ¿es mejor que sean injustos todos los ciudadanos, o sólo unos pocos?
-Sólo unos pocos, desde luego, Lisias.
-¿Es mejor sufrir el mal o hacerlo?
-Sócrates dice que es peor hacerlo.
-Entonces una injusta democracia debe ser peor que una oligarquía injusta, ¿no?
Medité las palabras de Lisias.
-¿Qué es democracia, Lisias?
-Es lo que la palabra indica: el gobierno del pueblo. Es tan buena como bueno sea el pueblo, o tan mala.

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Diálogo tomado de la novela El último vino, de Mary Renault.

Belén 2013

Belén 2011