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sábado, 12 de enero de 2013

Saliendo del laberinto

Y la petición fue aceptada, así que ahí os dejo con MGae:

Saliendo del laberinto (por MGae)

Aunque la ocurrencia de Urumo del túnel del topillo resulta muy sugerente, me refería a la Topología como la rama de las Matemáticas que estudia las propiedades de los cuerpos que no varían aunque estos se estiren o deformen, siempre que no se corten. De hecho,  una de las primeras curiosidades que cuentan los profes como motivación para esta asignatura es que, desde el punto de vista topológico, una rosquilla es "lo mismo" que una taza de café... Pero ésa es otra historia...

El "truco topológico" al que me refería es muy sencillo (tanto que no sé si merece una anotación, pero habéis insistido tanto que negarse parecía hasta feo...): para salir de un laberinto (que cumpla unas ciertas condiciones, debería añadir, pero no me quiero liar con ello) basta con elegir una pared y  seguirla siempre. Esto no garantiza, precisamente, salir pronto..., y, en muchos casos, el camino no será el más directo, pero sí sabemos que saldremos del laberinto, o llegaremos a nuestro destino.

Como muestra de esto, en la Imagen 1 se puede observar que si salimos del punto A y tomamos la pared de la derecha el camino hasta el punto B será bastante rápido... Sin embargo, si elegimos la pared de la izquierda, la ruta nos hará recorrer gran parte del laberinto...

Imagen 1

Eso sí, los lectores más puntillosos se habrán planteado que esto no puede ser tan simple. Y es verdad. Si nuestro laberinto no es "como debe ser" (¡las condiciones a las que me refería antes!) nos podemos encontrar "islas" como la de la Imagen 2. 

Imagen 2

Si salimos de una zona así utilizando la técnica de seguir la pared, podemos comprobar fácilmente que nos encontraremos en un bucle infinito... claramente sin salida. De modo que, para evitar estas posibles "trampas" del constructor, se aconseja vivamente marcar los cruces al pasar. Así, si damos una vuelta completa y regresamos a un cruce ya marcado, sabremos que es hora de cambiarnos de pared...

martes, 14 de agosto de 2012

¡Qué primicia!

¡Qué primicia!

Sí, amigos, sí: por fin MGae escribe para Finis Terrae, en este caso por encargo de un suscriptor del blog que le hizo una petición acerca de la imagen en la portada de un libro (al cual no puedo enlazar porque no me acuerdo de dónde estaba). 

Éste es el texto que nos ha mandado nuestra querida corresponsal. [VER NOTA EN LA PARTE INFERIOR]

La imagen de la portada de este libro recoge el grupo alegórico de mármol del Monumento al incendio de Santander y reconstrucción de la ciudad. El monumento incluye, además, siete figuras de tamaño natural, en bronce, situadas sobre la hierba. El conjunto está situado en la rotonda donde confluyen las calles Alfonso XIII y Calderón de la Barca y se inauguró en 1989.

Su autor es el santanderino José Cobo Calderón (n. 1958) que estudió –y posteriormente impartió clases- en Chicago, donde se especializó en Escultura e Historia del Arte y Crítica. De su obra pública destacan el citado monumento, los dos “Toros” de la puerta de la Plaza de Vista Alegre en Madrid y “Los raqueros” del paso marítimo de Santander. Confieso que, a pesar de haber pasado más de una y de dos veces por la rotonda, no me había llamado la atención el monumento. Me temo que al estar en medio de la glorieta no te fijas demasiado cuando vas con el coche. Sin embargo, sí conocía (sin saber que era de este mismo escultor) la de los raqueros, con los que casi me tropiezo hace algunos años, paseando por el muelle, en cierta ocasión en la que fuimos a ver  los barcos de la regata Cutty Sark (ahora creo que la llaman la Regata de los Grandes Veleros) y, por mirar los barcos, faltó muy poco para que me cayera al suelo sobre las piezas de bronce. La "integración" de las esculturas en el ambiente puede ser un poco peligrosa en estos casos...

Volviendo a la obra que nos ocupa, el monumento hace referencia a una de las dos grandes tragedias que se siguen recordando en esta hermosa ciudad. La más antigua fue la explosión del vapor Cabo Machichaco, el 3 de noviembre de 1893: un cúmulo de imprudencias, negligencias y desgracia que acabó con la explosión del barco (que llevaba una carga de dinamita no declarada y ácido sulfúrico) y arrasó los muelles, junto a las autoridades y los técnicos que habían acudido para apagar el incendio, además de a la muchedumbre de curiosos que se habían ido congregando “para ver lo que pasaba”.

La segunda (la que conmemora este conjunto escultórico) fue el famoso Incendio del 15 de febrero de 1941. Su origen no está muy claro, pero en lo que sí coinciden todas las narraciones es que “el gran culpable” fue el huracanado viento Sur, que avivó las llamas durante varios días y las empujó hacia el interior de la ciudad, donde las construcciones de madera facilitaron la propagación del fuego (la intensidad del incendio alcanzó tal magnitud que, según cuentan, el resplandor alcanzó a verse desde la Atalaya de Laredo, 40 km de costa más allá), de tal modo que la mayor parte de la zona antigua quedó totalmente destruida. Tan es así que hoy día apenas ha quedado nada del Santander más histórico. ¡Incluso la Catedral tuvo que ser rehabilitada después del incendio! El incendio determinó, en la práctica, la “evolución urbanística” –como dicen los técnicos- de la ciudad en la segunda mitad del siglo XX: casi quince días de lucha contra el fuego que arrasó cerca de 14 hectáreas de la ciudad, unas 400 casas (cifras oficiales) reducidas a escombros y cenizas y que, sin embargo, sólo se cobró una vida humana: un bombero (de Madrid, por cierto, porque acudieron a ayudar bomberos de distintas lugares) sobre el que se desplomó una pared.


Enlaces que sugiere la autora del texto:

-Vista panorámica del monumento.
-Reconstrucción urbanística.
-Patrimonio religioso.

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NOTA: si alguien es tan amable de decirme cuál era el dichoso libro, el enlace a la página del suscriptor y cuál es la portada, estaré encantada de añadirlos. 

Si es que..., estos colaboradores... y estos suscriptores... que dejan el trabajo a medias son una gaita.

Belén 2013

Belén 2011