martes, 21 de julio de 2009

El nombre del blog: Mare Nostrum

El nombre del blog: Mare Nostrum

Si miras a la derecha, verás que propongo una encuesta en la que se pide tu opinión sobre posibles nombres para este blog. En concreto, se sugieren cuatro: Finis Terrae, La Útima Thule, Mare Nostrum y Beatus Ille, aunque se ofrece también la posibilidad de que votes que no te gusta ninguno de ellos.

La razón que explica por qué quiero cambiar el nombre a mi blog es sencilla: el nombre que luce ahora mismo, “Los libros de S. Cid”, se debe a que en un principio estaba pensado para mis libros (es evidente); pero al ir cobrando vida, el blog ha derivado por caminos diversos (y por otros muchos que lo hará, tal y como ya me anuncia mi cabecita creativa), de modo que el nombre quedó obsoleto casi nada más nacer el blog. Ahora bien, ¿por qué propongo esos latinajos que aparecen en el párrafo anterior? ¿Acaso voy de tía culta por la vida…? ¡Qué va! Todo tiene su razón de ser… Y te las voy a explicar. Hoy te hablaré, solamente, de la presencia de Mare Nostrum.

Lo cierto es que esta opción no me gusta demasiado, pero así fue como se llamó mi primera página web (hace de esto ya más de diez años. ¡Uffff! ¡Tempus fugit! “Miré los muros de la patria mía…”) y decidí incluirla por una cuestión ñoña: en recuerdo de la jovenzuela que fui un día, cuando Mare Nostrum apelaba a nuestra filiación romana. Me sentía, y aún me siento, muy contenta por ser hija de Roma. Ésa es la única razón de que la opción Mare Nostrum aparezca en la encuesta: la melancólica evocación de un pasado mirado al trasluz de la neblina que el paso del tiempo deja tras de sí. ¡Toma frasecita! ;-) Mañana, más.

lunes, 20 de julio de 2009

Yo también lo vi

Yo también lo vi


El bebé dormía plácidamente en su cuna cuando los brazos de su madre lo sacaron de allí. Probablemente parpadeó somnoliento. ¿Qué pasa por la cabeza a esa edad? En realidad…, ¿desfila alguna idea que no tenga que ver con un buen biberón? Tal vez el bebé se sorprendió de que lo despertaran en mitad de la noche y lo llevaran al cuarto de estar donde toda la familia y algunos invitados estaban sentados delante del televisor, o tal vez no. El bebé no se acuerda de nada, ni siquiera de si pensó algo, pero su madre dice que fue testigo de la llegada del hombre a la Luna.


Cuarenta años después (¡caray, cómo suena esa cifra!) puedo decir que, aunque no recuerde nada, ¡yo también vi a Armstrong dar un pequeño paso para el hombre, pero enorme para la humanidad! Mi madre dice que así fue.



viernes, 17 de julio de 2009

La princesa de Éboli

La princesa de Éboli (Almudena de Arteaga)

Lo confieso (e inclino la cabeza humildemente en señal de arrepentimiento): cuando compré este libro lo hice pensando que sería el apaño de una niña bien para sacarse unas pelillas. Sin embargo, me equivoqué: el libro es interesante y está bastante bien escrito. Pido, pues, disculpas a la autora y le restituyo el mérito del que mis prejuicios le habían despojado.

La narración del libro está concebida de manera curiosa, pues es la crónica que hace Ana de Mendoza, Princesa de Éboli, sobre su vida, en respuesta a una petición de su hija Ana. El estilo trata de reproducir la expresión empleada en el Siglo de Oro y la verdad es que lo consigue, si bien en ocasiones se vuelve un tanto reiterativo y, desde mi subjetivísimo punto de vista, por supuesto, creo que hubiera hecho bien la autora en intentar evitar una clonación total del modo de expresarse que gastaban a la sazón, para lo cual hubiera sido deseable modificar la escritura de algunos párrafos, pues para el lector actual no es un tipo de expresión natural: llega a percibirse con demasiada claridad que es un estilo artificial, lo que en ocasiones da lugar a que la narración pierda frescura.

La historia, sin embargo, está contada con brío, lo que impele al lector a una lectura continuada (yo lo leí en un par tardes), y encanto: la figura de Ana de Mendoza se hace cercana y atractiva, si bien el punto de vista desde el que la historia está construida es muy subjetivo.

jueves, 16 de julio de 2009

Hoy toca hablar...

Hoy toca hablar…

…de una gesta que realizaron hombres valerosos y esforzados. Toca alabar la inteligencia humana puesta al servicio del afán aventurero e investigador que nos ha hecho sapiens sapiens y de cómo esa masa de kilo y medio que sostiene nuestro cuello nos llevo tan lejos como nunca antes se había estado. Hoy, hace cuarenta años, comenzó el viaje que llevaría al hombre hasta la Luna. La humanidad disipó la oscuridad del espacio con la genial luz de su intelecto. A veces… hasta somos una especie digna de admiración y respeto.




Estas fotos están tomadas en el verano de 2007 con una cámara digital ¡sujeta manualmente! (obsérvese el mérito que tienen, pues) al visor del telescopio. No son buenas fotos, pero sí producto de una agradabilísimo rato de observación astronómica en buena compañía.


miércoles, 15 de julio de 2009

Quiero ser apátrida

Quiero ser apátrida

· Uno de los titulares en la portada del El Mundo, del 15 de Julio de 2009: “Sólo Madrid aportará fondos a la solidaridad”.

· Subtítulo: “ERC se jacta de que Cataluña se quedará con todo lo que recaude”.

· Mi comentario: Ya se sabe quién hace que esté quien está en el Gobierno.

· Mi pataleo: ¡Dios, qué vergüenza de país!

martes, 14 de julio de 2009

¿Negligencia o inadecuada instrucción?

¿Negligencia o inadecuada instrucción?


Ayer dieron la noticia de que había muerto el bebé de la mujer que falleció hace unos días a causa de la gripe A. En el caso del recién nacido, sin embargo, no ha sido esta enfermedad la que ha acabado con su vida sino un error humano fatal. Al parecer, una enfermera introdujo el alimento por vía intravenosa, confundiéndola con la sonda nasogástrica (¿?). Hoy todo el mundo se pregunta cómo ha podido ocurrir algo así, y desde periódicos y cadenas de televisión se piden cabezas. La primera, presumo, la de la enfermera incompetente. Supongo que debe ser así… Y digo supongo porque, sin quitar hierro al terrible error, quizá las tornas no vayan tanto por el descuido de la enfermera… como por su formación. ¿De verdad es un error tan básico? Yo no lo sé. No soy enfermera. Pero…, si lo es…, entonces…, ¿es verosímil que se pueda cometer?


Al parecer, la chica tiene 22 años y llevaba un día en ese puesto haciendo una sustitución. Los sindicatos de enfermería argumentan la inexistente especialización para estos sanitarios, que un día están en la sección de neonatos y al siguiente en la de enfermos coronarios. ¿Y?, me pregunto. Si se trata de un error básico, da igual la sección donde se encuentre: lo cometerá allí o en otra diferente. Quizá, pues, el motivo del error se halle en una muy deficiente cualificación de nuestros técnicos (sean sanitarios o de cualquier otra rama). ¿Alguien se ha preguntado qué estamos haciendo con nuestros jóvenes? Les vamos regalando sus estudios primarios y secundarios; bajamos el listón del Bachillerato para que aquello no sea un desastre y así llegamos a que en la Universidad… se den casos de estudiantes en 3º de Arquitectura que tienen problemas para despejar. ¿Dónde vamos? Los errores se pagan: un bebé, con su vida; una enfermera, con pena de cárcel. ¿Y los responsables de sistemas educativos negligentes?


Y algo más… que no me puedo callar: nos echamos las manos a la cabeza por la muerte de este bebé debida a un error inexcusable, pero... cuántos mueren cada día sin que movamos una sola pestaña. Quien tenga estómago, que lo vea: escriba la palabra “aborto”, busque en imágenes de Google y luego trate de descubrir en las fotos dónde estaba la vía intravenosa y dónde la sonda nasogástrica.

lunes, 13 de julio de 2009

Perdóneme, padre, porque he pecado...

Perdóneme, padre, porque he pecado…

–¿De qué te acusas, hija?
–De buscar, al modo de Diógenes, un hombre de cultura media cuando yo soy una doña nadie iletrada. De no prestar atención a la sintaxis cuando escribo, ni tomarme la molestia de corregirla después. De embrollar mi estilo adrede para jugar con los lectores que no tengo. De permitirme el lujo de perorar sobre aquello que no domino…
–¡Pero estos son grandes pecados!: soberbia, pereza, arrogancia, vanidad… ¡Arrepiéntete y haz propósito de enmienda!
–No puedo…, no… Soy demasiado acomodaticia.
–Entonces vete de aquí y no vuelvas más.
–Pero tengo algunas virtudes…
–¿Una pecadora como tú?
–Sí…, incluso una pecadora como yo.
–¡Ja! Veamos cuáles…
–Cuando escribo…, al menos consulto el diccionario y…
–¿Y…? ¿Que? ¿Y…? ¿Que?
–¡No cometo faltas de ortografía! ¡Póngale la tilde al “qué”!

Belén 2013

Belén 2011