jueves, 29 de octubre de 2009

Defección

Defección


¿Tú también, Bruto, hijo mío?

Si bien los rumores que corrían por Roma aseguraban que era hijo suyo, en realidad a César y a Bruto no los unía una relación parento-filial, pues éste era hijo de Servilia, una de las amantes de aquél, pero no hijo de César. No obstante, y a pesar de que tal relación no existiera, lo cierto es que César lo amaba como a un hijo y como tal lo consideraba. De ahí la famosa frase que titula este apartado y que al parecer (desconozco si verdaderamente fue pronunciada o es simple fruto de la leyenda) pronunció mientras las puñaladas le caían encima hasta matarlo en aquellos idus de marzo.



Setecientos años costó… la flor de Florinda.

De creer en las leyendas, una de las más rabiosamente indignantes es la relacionada con la traición que cometió el conde don Julián en venganza (padre no hay más que uno) por la ofensa cometida por don Rodrigo contra su hija Florinda. Aprendimos de niños que trajo este conde hasta la Península a Musa ibn Nusair, con cuya ayuda pensaba vengar en Rodrigo la afrenta cometida contra su hija y de paso, supongo, cargarse a Rodrigo y devolver el poder al partido vitizano. No contó, sin embargo, con la intención que tenía el musulmán de quedarse por estos lares… Setecientos años costó la deshonra de Florinda… o la ambición a la que mueve el poder.



Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor

El 23 de marzo de 1369, los hermanastros Pedro I, el Cruel, y Enrique de Trastamara llegaron por fin a las manos… propias, esto es, se enfrentaron cuerpo a cuerpo. Después de unos quítame allá esos golpes, cuando el momento culminante se acercaba y todo parecía ponérsele de cara al rey castellano, Bertrand Duguesclin, llegado desde Francia para socorrer a Enrique, agarró por los pies a don Pedro y pronunció la famosa frase que titula este apartado. Enrique se revolvió y don Pedro la palmó. Siendo así que por este hecho, entró la casa de los Trastamara en la corona de Castilla.


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Entra dentro de las leyes del azar (si es que hay leyes que rijan la mudable fatalidad) que un país tenga el infortunio de verse gobernado por un Zapatero cualquiera. Sí…, es comprensible que tan aciaga eventualidad ocurra. Lo que ya no es fácilmente asumible es que un mismo país sufra la trágica desventura de soportar, además, a un Rajoy.

Este gallego displicente que participa de las gallardonadas intrigantes, a cuya sombra se esconde la felonía de un ambicioso sin medida, no debe seguir al frente del único partido que puede ser alternativa y solución a los desmanes zapateriles.

¡Pobre España que pende de la codicia desmedida de un ser pérfido, desleal y cobarde cuyo único propósito, motor de todos sus empeños, es hacerse con la Presidencia de esta desgraciada nación nuestra!

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Y otros momentos estelares de la Historia:




Bellido Dolfos



El beso de Judas



Tal para cual


martes, 27 de octubre de 2009

El eclipse solar más largo del siglo XXI

El eclipse solar total más largo del siglo XXI


Así titula el periódico El Mundo la noticia del eclipse solar que tuvo lugar el 22 de julio de este año. Pudo observarse en gran parte de Asia y su punto álgido duró 6 minutos y 39 segundos, algo que no volverá a ocurrir hasta el 13 de junio del año 2132... Así es el universo predecible de Newton.


Los eclipses han causado asombro y temor al ser humano a lo largo de la historia hasta que la ciencia, al explicarlos, les robó su aureola esotérica. Ahora ya no despiertan la atención científica de casi nadie y han quedado como meros acontecimientos que excitan la simple curiosidad de los profanos. Sin embargo, gracias a uno de ellos, el que tuvo lugar en 1919, se pudo probar la Teoría de la Gravedad que proponía Einstein, según la cual tampoco la luz escapa a la acción de la gravedad y por ello se curva cuando se aproxima a una gran masa, como la de una estrella.


Para estudiar el eclipse que pudimos disfrutar este verano, España envió a un grupo de científicos que pretendía localizar vulcanoides, palabra con la que se conocen supuestos (por nunca demostrados) asteroides que se encuentran en las proximidades de nuestro sol.


Aunque entender el universo, sus leyes y, por tanto, a nosotros mismos es sumamente placentero para la mente humana, con el avance científico se pierde, a cambio, el deleite de saborear lo insondable como una fruta prohibida donde, quizá, quién sabe…, pueden esconderse misterios que han de transportarnos a mundos fabulosos. Es, pues, triste, en cierto modo, que los descubrimientos que explican los secretos ocultos de la Naturaleza destruyan al mismo tiempo el encanto de sentir que el misterio nos rodea. Ahora que no hay incógnita alguna por resolver en los eclipses, ya nadie siente temor ante ellos, y así... me pregunto, entonces, cómo habría hecho Tintin para, revolviendo las leyes que rigen el Universo, salir de este atolladero:



Y..., después…, volverlo todo a su ser:



Nota: foto 1 tomada de El Mundo, Miércoles, 22-Julio-2009

Nota: foto 2 tomada de El Mundo, Jueves, 23-Julio-2009

sábado, 24 de octubre de 2009

Teletienda

Teletienda

La respiración apática se interrumpió y di un respingo. De repente toda esa flojera vital que me tenía amarrada al sofá desapareció producto de una honda meditación que había llegado a mí a saber desde qué recóndito rincón de mi interior más profundo y desconocido. Quité el volumen a la tele y expresé mis pensamientos en voz alta:
–¿Pero qué coño –me pregunté con ese taco ordinario– has hecho con tu vida para estar un viernes por la noche en pleno abandono soporífero deglutiendo los plomizos anuncios de la Teletienda?
Como me había incorporado tan repentinamente y con vehemencia tan agreste, el esternón se me había clavado en el estómago. Miré hacia abajo y pellizqué ese amigo desatento que se presenta cuando menos se le espera.
–Tengo que empezar a tomarme esto en serio… –me dije agarrada al michelín mientras echaba un vistazo con mirada culpable al cuenco de patatas fritas que reposaba sobre la mesa. Entorné los ojos para fijar la mirada y creí descubrir en su porte una chulería muy poco propia de un tarro con patatas–. ¡Será engreído! –añadí a mi pensamiento–. ¡Vanidoso! –le espeté airada.
El móvil sonó.
–Hola Gloria. […] ¿Pero qué me cuentas? […] ¿Tu madre? ¿En el hospital? […] ¿Demencia senil? […] ¡Oh, por Dios, pobrecita! […] ¡¿Eh?! ¡No me digas! […] ¿Álvaro? ¿Tu Álvaro? […] ¿En serio? […] ¡Será cabrón! ¿Y dónde se ha ido? […] ¿En vuestra casa? […] Espera, espera… ¿Pero no has dicho que os ha abandonado? […] ¿Y qué hace viviendo en vuestra casa? […] ¿De gorra? […] ¿Y el niño y tú? […] ¿En la de tu madre…? […] ¿Pero tú eres idiota? […] ¿¿¿En una secta??? […] ¡Ese tío es un gilipollas! […] Un momento…, me he perdido… ¿Qué pinta el niño…? […] ¿Eh? […] ¿Hiperactivo? […][…][…] ¡Joder, tía, qué cosas te pasan!
Tenía la oreja roja cuando colgué y un desagradable pitido en el oído.
–Hay que ver la vida…, ¡cómo es! –pensé. Durante algunos minutos, noté los puntos suspensivos aleteando en torno a mí. Luego, se posaron tranquilos en mi regazo. Pasé la mano por el michelín y lo observé meditabunda. Me recompuse al instante: volví a poner el volumen de la tele, me recosté en el sofá y miré de nuevo al tarro de patatas. De repente, ya no parecía tan fanfarrón.

jueves, 22 de octubre de 2009

Vida

Vida

Aprendí que no se puede dar marcha atrás, que la esencia de la vida es ir hacia adelante. La vida, en realidad, es una calle de sentido único. AGATHA CHRISTIE

martes, 20 de octubre de 2009

Tan parecidos, tan diferentes

Tan parecidos, tan diferentes

Allá por el otoño o el invierno de 1995, me hallaba yo en un aula, al resguardo de la recia lluvia londinense que se esforzaba en agriarnos a todos el humor, atendiendo a una clase de no recuerdo qué pero en la que se mostraba un mapamundi. De repente la clase se interrumpió: una alumna japonesa había preguntado qué era aquello. El lector supondrá que el asombro con el que la miramos fue general. Después de que la profesora lograra acallar los murmullos con los que manifestábamos nuestro estupor, se le puedo hacer ver a la joven de ojos rasgados que aquel dibujo no era sino una representación cartográfica de la superficie de la Tierra. La estudiante inclinó la cabeza, fijó los ojos oblicuos en el mapa y, de repente, esa oblicuidad se abrió hasta hacerse casi circular al tiempo que la boca, también abierta, dejó escapar una exclamación que demostraba la llegada del discernimiento a su cerebro.

La joven oriental, con las espitas del entendimiento abiertas, sin duda comprendió entonces nuestra perplejidad y se explicó. Con un inglés sometido al movimiento de sus brazos, que captaban mayor atención que sus palabras, comprendimos su explicación: en los mapamundi en los que ella había estudiado en el colegio, aquello estaba allí; esto, allá; y eso, en el otro lado. Es decir: Japón en el centro, Europa al Oeste y América al Este, razón por la cual, la estudiante japonesa había tardado en centrar y situar… las distintas partes de la superficie terrestre. Una vez aclarado el asunto, la clase continuó y yo… quedé pensativa.

La pregunta que me vino a la mente fue: ¿Y luego hablan de Eurocentrismo? A lo largo de los años, sobre todo de los últimos años, se ha ido extendiendo la idea única de que Occidente debe pedir perdón… por todo, en especial por habernos creído tan super-mega-guays. Sin embargo, en gran parte somos el producto de la educación que nos dan. Bien es cierto que mis ojos también están acostumbrados a mirar un mapamundi desde un ángulo determinado: Europa –y, por tanto, África– en el centro; a la izquierda, según se mira, el continente americano; y a la derecha, Asia. Arriba el Polo Norte y abajo, el Polo Sur. Sin embargo, no es menos cierto que en Japón enseñan a sus niños con el mismo interés centralista con que aquí nos educan, sólo que arrimando el ascua a su sardina y colocando su país en la zona central.

Otro descubrimiento sorprendente, esta vez debido a la verticalidad, de cómo las cosas cambian según se las mire, ocurrió el día que, hablando con una amiga chilena, me descubrió que desde su país la Luna se ve al revés. No tuve que pensar mucho: fije la mirada durante un instante en el vacío, me concentré y… entendí por qué. Pero que lo entendiera no fue óbice para que el desconcierto con que nos sorprende tan frecuentemente este mundo nuestro, una vez más, me inundara.


Luna vista desde el hemisferio norte --- --- Luna vista desde el hemisferio sur


Poco después de aquello (o quizá mucho después, no lo recuerdo) leí un artículo sobre la incapacidad de los seres humanos de ascendencia no europea para tomar y asimilar la leche. “¡¿Cómo?!”, exclamé en su momento. La enoooormeeee sorpresa que aquella información me produjo ha sido de las mayores que he tenido en mi vida. No podía asumir que aquello fuera cierto. Primero porque a mi mente asomaba la palabra mamíferos. ¿Acaso no es una de nuestras características definitorias? Y, en segundo lugar, porque…, desde mi perspectiva de bebedora compulsiva de leche, ¡caray!, ¿cómo era posible que alguien no pudiera asimilarla?


Hace poco, en la sección de Ciencia del periódico El Mundo, pude leer de nuevo un artículo (28-Agosto-2009) relacionado con este asunto. Al parecer, hace “apenas 7.500 años que el ser humano adulto desarrolló un cambio genético que le permitió digerir este alimento más allá de su infancia. […] Una mutación positiva que se originó en los Balcanes”. Sin embargo, “la habilidad para digerir la leche no es universal; de hecho, más de tres cuartas partes de los adultos del planeta no produce la enzima lactasa que permite asimilar el principal azúcar lácteo (la lactosa). Por ejemplo, se calcula que más del 90% de la población asiática no tolera la lactosa, como tampoco lo hace el 75% de los afroamericanos; una situación también habitual en países tropicales y subtropicales”.

Sabido es que compartimos con el chimpancé un 99% de nuestro ADN, de manera que la parte de ADN que los humanos tenemos en común es prácticamente… toda. ¡Qué parecidos!, ¿no? Y, sin embargo, cuán diferentes somos: bien por causas educacionales, bien por nuestra situación en el planeta, bien por la genética que nos conforma… qué diferente es nuestra visión del mundo y la forma en que lo digerimos.


Nota: la última de las fotos está tomada del periódico El Mundo, 28-Agosto-2009

domingo, 18 de octubre de 2009

Olsen Olsen

Olsen Olsen


Esta vez la música viene, de la mano de Sigur Rós, directamente desde la Isla de Gongeland donde, a tenor de las imágenes, debe de hacer mucho, mucho frío.




Mi agradecimiento, de nuevo, a Bate :-)

viernes, 16 de octubre de 2009

La conspiración de Asís

La conspiración de Asís (John Sack)

Basado en los estigmas, al modo de las heridas de Cristo, que sufrió San Francisco de Asís, el relato de la historia recorre la época posterior a la muerte del santo y narra la investigación que un fraile franciscano, Conrado, ejemplo de fraile espiritual que lleva las enseñanzas de Francisco hasta sus últimas consecuencias, frente a los conventuales, más acomodaticios, se verá envuelto en mil peripecias mientras intenta descubrir los extraños episodios que sucedieron tras la muerte del santo. La conclusión mostrará una explicación humana, pero no por ello menos venerable, de los estigmas.

El relato se ve salpicado por hechos y personajes históricos, como el fracaso de la flota veneciana enviada contra Ancona, los mercaderes de la familia Polo o el propio papa Gregorio X, a quien los Polo habían encontrado en Acre cuando el entonces legado papal aún era conocido como Tebaldo Visconti da Piacenza.

La trama principal de la novela se ve acompañada, y enmarañada, por una serie de subtramas en las que entra en juego el amor, la familia, la lealtad, el odio, la venganza y, por supuesto, la religiosidad. El desenlace de la historia principal es curioso y satisface las expectativas del lector. Sin embargo, en lo que se refiere a las soluciones con que se desenredan las diversas historias secundarias, aunque gratas, no dejan de ser cándidas y un tanto simples. Probablemente me hubieran hecho vibrar de haber leído el libro con quince años o si lo vuelvo a leer cumplidos los setenta. A mis… taitantos, no dejan de resultarme un tanto ingenuas, aunque tal vez le vengan bien de vez en cuando al espíritu las historias con típico final feliz de príncipes, hadas y princesas. Donde el amor y el bien siempre triunfan.

Belén 2013

Belén 2011