Nombres raros
Llevo unos días dándole vueltas al tipo de entrada que sería la próxima en aparecer en este feliz blog, pero no daba con un tema que me satisficiera por completo. Bien es verdad que ya tengo algunas escritas (y bien majas que son) que aguardan turno en el Borrador para su publicación, pero, visto el fin de semana que se aproxima y que hoy es el último día de campaña, el cual debemos respetar hondamente, no acababa ninguna de ellas por convencerme..., y hete tú aquí que viene el señor Caraguevo a darme la idea luminosa con que dejar atrás esa encantadora barrera de las 1D1 entradas (de acuerdo al sistema hexadecimal, según dice quien de esto sabe) y alcanzar la 1D1 ¿+ 1, + d, +d1, + 1d..., señor Posodo?
Así que vamos a ello: nombres raros... Propone Caraguevo el nombre de Enemesio, el cual a mí no me resulta extraño en absoluto, pues he conocido gente que lo llevaba... a buena gala -¡pobres!- (tanto en masculino como en femenino). Excitada mi curiosidad a cuenta de los nombres raros, busco en Google (claro, ¿dónde si no se van a buscar estas chorradas?) y encuentro una página curiosa que trata del asunto y en la que, sorprendentemente, los dos primeros nombres con los que me topo, Abdona y Belisario, no me suenan nada, nada raritos, pues conozco a -o al menos he sabido de- gente llamada así. ¡Vaya fiasco!
Pero, bueno, no es cuestión de rendirse sólo tras los dos primeros, de modo que continúo husmeando por la página en cuestión y encuentro, ahora ya sí, algunos que son... la pera. ¿Qué tal llamarse Cacerolo, amigos? ¿Y Beremundo o Heglantina? Dositeo, Enevadita, Fridiano, Arquelao, Cloroaldo, Enarino, Aspreniol, Gladifa, Delgino, Homobono, Equicio, Asclepiodoto...
Uf..., empieza a marearme escribir tan raro. Me pregunto cuánta gente habrá en el mundo que se llame así. Supongo que su número debe de ser más bien escueto, de otra forma, sus nombres no nos extrañarían tanto. Es como ese otro del que se viene hablando tantísimo últimamente: el señor Riesgo. Nunca me he topado con nadie así nombrado y, sin embargo, existir, existe. Al menos hay uno, cuya prima, por cierto, parece estar dando mucho de que hablar últimamente.
A todo esto..., ¿cómo se llamará esa señorita...?
Y, por otra parte, ya que estamos en fin de semana de porras..., qué tal si hacemos una...: ¿cuántos niños creéis que, a partir de ahora y durante los próximos años, recibirán en la pila bautismal el desgraciado nombre de José Luis?
Gracias, señor Caraguevo (anda que éste no tiene también un nombre rarito), por darme la idea para una chorrada como la que acaba de meterse para el coleto. En el pecado lleva la penitencia ;-)








