viernes, 28 de agosto de 2009

La sabia Naturaleza

La sabia Naturaleza


El lunes pasado compré, impulsada tal vez por una zozobra que lleva años agazapada dentro de mí, aunque sólo se haga sentir, afortunadamente, de vez en cuando, un libro de esos que da vergüenza enseñar a nadie, razón por la cual se suelen colocar en la parte alta de la estantería, lejos de la aguda vista del más avezado halcón. Se titula el libro El milagroso poder del pensamiento y el asunto que trata no deja de ser palpablemente semejante, si bien marca ciertas diferencias que me resultan más sugerentes, a El Secreto; un libro que me regalaron hace un año y que, a pesar de haber dejado en barbecho durante todo este tiempo la lectura de sus últimos capítulos, debo admitir que hace 11 meses me remansó el alma lo suficiente como para tomar aire y sobrellevar al menos el inicio de curso.

He pasado los dos últimos días fuera de Madrid y aunque dejé aquí el libro de marras y he dedicado mis ratos de lectura de estas 48 horas a la siempre entretenida Agatha Christie, lo cierto es que El milagroso poder del pensamiento debió de subirse al coche conmigo y me ha acompañado, al menos de manera inconsciente hasta que ha encontrado la oportunidad de abrirme las espitas mentales y hacerse presente en mi cerebro. Ha ocurrido ello esta mañana cuando, antes de volver a Madrid, salí al patio y les eché un vistazo a mis plantas. De repente, se detuvo mi vista en una que hasta hacía unos días no era sino un cúmulo de ramitas secas y retorcidas y que, desde luego, no mostraban apariencia alguna de contener vida (como ocurre en Marte). Es evidente que me equivoqué. Reavivada por el riego por goteo de este verano, ha dado en resucitar y muestra ahora dos tallos en cuyos ápices asoman los capullos en formación de una flor. Sonreí y recordé…



El pasado invierno, después de una de las nevadas que tan mal sentaron a los madrileños, el imponente ficus que mi hermana había cuidado para mí durante años y que me regaló cuando estrené casa se había helado y murió. Me sentí desconsolada, por supuesto, pero me resigné. Sin embargo, la vida guarda sorpresas con las que te hace un guiño que es más una lección que un gesto burlón: este verano, mientras observaba las tomateras que había plantado en el tiesto del ficus para aprovecharlo…, descubrí unas pequeñas hojitas que… surgían de aquel tronco seco y de aspecto más que fallecido. ¡Mi ficus volvió a la vida! Y lo mismo ocurrió en junio con el esqueje de una hortensia que había plantado el verano pasado y que había mostrado todo el año un aspecto más que difunto… ya glorificado en el Reino del Señor. No ha dado flores, pero está verde y frondosa, y sin duda el próximo año lo hará.




“Tan repetida lección de botánica debe de significar algo”, me dije esta mañana al reflexionar sobre ello. Y así fue que acudió a mí el librito con el que iniciaba hoy este artículo. Sin duda, la mente, aunque parezca apagada, guarda retazos de vida que un día han de reverdecer. Tal vez el hoy anodino, frustrante y tedioso por ese laborar sin sentido al que me dedico, romperá mañana en un ramo cuajado de yemas más seductoras y sugerentes. Quizá este trabajo tan improductivo que me ocupa la vida, que tantos sinsabores me proporciona y tan vacía me deja no sea más que un infierno temporal en el que he de cocerme unos años… para surgir después de entre sus caldeadas marmitas como Afrodita de entre las aguas. Tal vez Dante en su Comedia, que él nunca llamó “divina”, se equivocó y…, después de todo, aun tras las puertas del averno hay vida y es preciso guardar cierta dosis de esperanza.


10 comentarios:

Guido Finzi dijo...

Hace unos años, cuando vivía en pareja, teníamos jardín y ni te imaginas la satisfacción que produce ver cómo lo que has plantado brota y lo que parecía muerto, revive. Ver ese verde, sentado a una mesa en buena compañía, con una copa de vino en la mano y los perros a tus pies, no tiene precio.

bate dijo...

Iba a escribir casi lo mismo que ha escrito Guido Finzi. Lo mio difiere en que yo tenia un gato, flojo, como todos los gatos. Mi idea era plantar tomates. Ahora vivo en un pueblo de Madrid sin patio. Es apasionante tu forma de ver las cosas, y de escribirla.

S. Cid dijo...

Guido y Bate: Sí, es una sensación muy placentera ver cómo brota y crece aquello que plantaste. Al fin y al cabo, durante muchos años fuimos, primero, recolectores y, luego, agricultores en permanente contacto con la naturaleza. Así que algo de eso tiene que quedar en nuestra genética. Quizá sólo las mentes anodinas no se dan cuenta de esto, ni lo valoran y, por tanto, se pierden ese placer.

Saludos y gracias por vuestros comentarios.

S. Cid

PD: yo también prefiero los perros a los gatos, aunque últimamente la gatita de una amiga me ha hecho mejorar mucho la opinión que tenía sobre estos felinos caseros.

bate dijo...

Los perros siempre son mejores que los gatos.

flavia dijo...

Los perros son mucho más nobles...Los gatos son unos traicioneros.

S. Cid dijo...

4 de 4, o sea, 100 por 100 de caninos frente a cero patatero de felinos. Ganamos los perrunos por goleada. Pobres miaumitos ;-)

Pues mañana (bueno..., vista la hora, en realidad ya hoy), si no recuerdo mal, el post que tengo programado para publicar va sobre perros... Sobre uno en concreto que lo ha pasado francamente mal a causa del alcoholismo humano.

Saludos.

S. Cid

flavia dijo...

Pues quizás la entrada del perro estaba programada pero lo del nombrecito nuevo al blog me ha pillado por sorpresa..

S. Cid dijo...

Jajajaja :-) Estoy haciendo pruebas..., sólo pruebas... ;-)

Saludos

D45 dijo...

Pues no le cambies mucho de nombre porque acabo de enlazarlo jaja.

Saludos

Profe dijo...

Vale, vale... Escucho al tendido y no cambio más :-)

Saludos a todos.

S. Cid

Belén 2013

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