domingo, 30 de agosto de 2009

La cara lo dice todo

La cara lo dice todo

Éste es Raitán después de haber sido pelado, restregado profusamente y cuidado con esmero. Su aspecto es infinitamente mejor al que presentaba antes de que alguien notara que existía y acudiera en su auxilio, pero aun así… su cara lo dice todo: cierra los ojos, probablemente para no ver el mundo cruel en el que ha vivido cada día de su angustiosa existencia, y es de suponer que tiembla entre los brazos de su cuidadora.


Calculan que tiene 8 años y que ha pasado todo ese tiempo encerrado “en un cuarto oscuro, sin ventilación y rodeado de suciedad”. Añade el periódico que “la gran cantidad de pelo criado en tantos años, junto con la suciedad acumulada, le había formado tremendos nudos y extraños apéndices, haciendo difícil distinguir éstos de las patas y el rabo del animal”. Veanlo, veanlo…



Un hombre alcohólico es el responsable de que Raitán se convirtiera en un monstruo y sufriera un infierno desde que era sólo un cachorro. Dicen que, por ello, no van a tomar medidas legales contra él. Pues yo no puedo dejar de preguntarme: ¿a lo largo de 8 años, no estuvo el borracho ni un solo segundo sobrio para darse cuenta de lo que le estaba haciendo al pobre animal?


Nota: foto tomada de La Razón, Sábado, 8-Agosto-2009.

6 comentarios:

bate dijo...

No hace falta ser un alcohólico para ser un hijo de puta. Conozco borrachos y alcohólicos que quieren más a sus perros que a nada en el mundo, no los encontramos tirado por las calles, con su mundo a cuesta y sus miserias al aire, pero quizás el único amor que el alcohol todavía no haya quemado, se lo dediquen a su perro.

S. Cid dijo...

Pues éste no debía querer a nadie ni a nada salvo la botella, porque hay que ser, como tú dices, muy hijo de su madre para hacerle eso a un pobre perro.

Conozco una historia que ocurrió muy cerca de mi casa. Vivo casi enfrente de un hospital al que una vez trajeron un mendigo en las últimas. El perro que le acompañaba quedó en la puerta de Urgencias esperando..., pero el mendigo murió y sacaron su cuerpo por otra parte del hospital. Días después, una enfermera se percató de que había un perro, día tras día, esperando no sabían qué en la puerta de Urgencias... Al final dieron con la explicación. El perrito del mendigo seguía aguardando en la puerta por donde su amo desapareció. Eso es lealtad.

Saludos.

S. Cid

Guido Finzi dijo...

Es una lástima que, para tener mascotas e hijos, no se pida ningún requisito.

Un saludo.

S. Cid dijo...

Jajajaja. Me has recordado a un compañero de trabajo (al que no veo desde hace dos meses pero con quien no me quedará más remedio que encontrarme mañana -y conste que digo esto no porque me caiga mal, sino por la vuelta al curro), que dice que antes de tener un hijo, habría que hacer un cursillo y que te dieran un carnet de padre.

Saludos.

S. Cid

Natalia Pastor dijo...

Hay malnacidos sin entrañas sobrios, y con la botella en la mano.
Lo de ese individuo es vomitivo y te revuelve el estómago,hasta el punto,que díría el gran Arturo Pérez Reverte, de desear pisarle los higadillos con un zapato de tacón de aguja.
Pobre Raitan.

Saludos.

Guido Finzi dijo...

Hace años, leí la noticia de que el ejército israelí (Tzahal) tenía exceso de perros en sus unidades caninas, dado que el número de las camadas superaban las necesidades. En consecuencia, se permitía a los ciudadanos a hacerse con los cachorros, mayoritariamente boxers, pero cumpliendo con una condición imprescindible; el candidato debía de entrevistarse con un psicólogo militar, quien debería dar el visto bueno a la adopción

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