sábado, 27 de febrero de 2010

Y como quise..., lo hice

Y como quise…, lo hice

Tal y como decía en mi comentario sobre Si quieres, puedes, decidí seguir el consejo de Richard Vaughan y me lancé a la lectura de best sellers en inglés. Comencé con una novela de misterio, The dead place, y seguí con otra de amor, Bungalow 2 –que ya mencioné en un articulito de hace meses.


The dead place (Rebecca Drake)

Read this alone, late at night, and you won’t be afraid, you’ll be terrified es lo que dice de esta novela Wendy Corsi Staub en New York Times bestselling author. Yo no estoy muy de acuerdo con ella. Una de las ¿pocas? cosas que me tengo prohibidas es ver películas de miedo. ¿Por qué? Sencillamente porque soy una gallina que ha ido perdiendo las plumas a base de sustos fílmicos. Así pues, todo aquello que incluya la palabra “miedo” me encontrará (si es que lo hace) a kilómetros de distancia; y esta novela, la verdad, tiene sus momentillos de tensión, pero tanto como para que se pase del estar “afraid” al estar “terrified”… es una pequeña exageración de esta mujer, andaluza sin duda –su nombre lo indica a las claras, Wendy Corsi Staub.

En la novela, un asesino en serie que ha sido lo bastante hábil como para que sus crímenes no se asocien entre sí y, por tanto, no se busque una sola mano homicida comete el error de retar al amor de una madre, Kate Corbin que, hundida a causa de una violación de la que fue víctima, se esforzará, sin embargo, en desentrañar la misterosa desaparición de su hija.


Bungalow 2 (Danielle Steel)

Mi segunda lectura, una vez acatados los consejos de Vaughan, fue una novela de amor. Nunca antes había leído este tipo de literatura, aunque en proyecto tenía hacerlo algún día, sobre todo para experimentar cómo es y entender cómo Corín Tellado (que era la autora que tenía en mente) pudo escribir tropecientas mil novelitas de amor y salir airosa del reto. Sin embargo, como supuse que me sería difícil encontrar un título de Corín Tellado en inglés (si es que es posible hacerlo), opté por una autora famosa en estos lares y que tenía una de sus novelas, Bungalow 2, justo al lado de The dead place. Y así fue como vino a caer en mis manos mi primera novela de amor. El comentario debería ser rápido y reducirse a un “¡qué peñazo de novela! Infumable”. Así es como la he visto yo.

Un resumencín de la novela vendría a ser algo así como: una mujer casada desde hace veinte años y escritora de cuentos se ve sometida de repente a una presión insoportable: la de tener que aceptar, o no, una oferta para escribir el guión de una película. A pesar de que ella no quiere hacerlo, pues ello supondría tener que dejar su casa y a su familia durante unos meses, su marido la anima a ello. Y, así, nos pasamos las 200 primeras páginas deglutiendo los lamentos de esta pobre mujer por haberse ido a Los Ángeles y estar viviendo una experiencia única. En la página doscientos y pico, en una de las visitas que hace a su familia, descubre que su marido la ha engañado con una mujer que no sólo es su vecina, sino su mejor amiga. ¡Horror!, claro. Páginas y páginas de más lamentos. Al final se perdonan y él jura que no lo volverá a hacer.

Más páginas de bla, bla, bla y…, de repente…, oh, no…, otra vez… Él lo ha vuelto a hacer y, además, ha decidido divorciarse de ella y casarse con la otra. Así que, ella, que había jurado y perjurado que nunca más aceptaría quedarse en Los Ángeles para escribir otro guión, decide saltarse su palabra a la torera y embarcarse en una nueva película. Durante este segundo año en LA, se enrolla con un rico productor con el que, sin embargo, la cosa no cuaja porque él no acepta a los hijos de ella. Después, caerá entre los brazos de un famoso actor que, al final, también la engaña y, finalmente, de vuelta a su solitaria casa, pues el ex marido se ha ido con la otra y los hijos a la universidad, cae una nueva oferta para escribir un guión. Esta vez es el de una película producida por un británico, guapo, educado, un gentleman, vamos, cuya mujer murió en circunstancias penosas, y que, por tanto, quedó viudo y padre de dos maravillosos retoños. La historia, para ir abreviando, es que ella gana un oscar con la película del año anterior, o con la del británico –ya no lo recuerdo-, se casa con el British, se van a vivir a no recuerdo qué parte de Italia, donde los hijos de ella, además, irán a visitarla y son todos muy felices. Hala, se acabó el coñaz…, digo, el peñazo.

Mis dos siguientes adquisiciones, para continuar con el consejo de Vaughan, fueron The rule of four (que al llegar a casa descubrí que ya había leído en español), y The timer game. Supongo que volveré a leerme el primero de ellos, aunque el recuerdo que tengo de mi lectura en español no es muy bueno, y ya vendrá por aquí también el segundo.

jueves, 25 de febrero de 2010

Si quieres, puedes

Si quieres, puedes (Richard Vaughan)

Uno de los libros que me regalaron el año pasado el día en que se cumplía mi taitangésimo aniversario fue éste. Lo pedí yo. Tengo mucho material de Vaughan que utilizo en clase (incluso estoy suscrita a sus lecciones on line, que me proporcionan aún más) y quería echarle un vistacillo al libro. Desde el punto de vista del profesor, no descubres nada nuevo (lo digo porque ese profesor fue primero alguien que tuvo que empollarse un idioma extranjero), pero sí es aconsejable para el alumno. De hecho, se lo he sugerido a los míos, aunque no creo que ninguno de ellos haya seguido la recomendación.

A mí me gustó y hubo un consejo suyo que seguí: aquel en el que recomienda leer best sellers en inglés. Copio los párrafos en los que habla de ello:

Una novela media contiene 150.000 palabras y una persona normal puede leer, en su propia lengua, aproximadamente 12.000 palabras por hora si no sufre distracciones o interrupciones. Esto quiere decir que en español, usted seguramente podría leer una novela, sin prisas pero sin pausa, en unas 12 horas y media, o visto de otra manera, una media hora de dedicación a lo largo de 25 días o noches.

Si la novela es en inglés, pongamos 30 días… Un mes completo de media hora de lectura por día. Tal vez me vaya a decir: “Pero hombre, ¿sólo voy a tardar un 20% de tiempo más en leer una novela en inglés que en español? Mi nivel no da para tanto”.

Se equivoca. A no ser que tenga un nivel preintermedio o menor, hay muchas novelas en inglés que usted puede leer en un solo mes y con poco tiempo de dedicación cada día. El secreto está en no echar mano al diccionario en ningún momento. Ante esto, claro, me va a decir: “Entonces ¿cómo me voy a enterar de lo que pasa en el libro si no busco las palabras que desconozco?”. Y le responderé: “Pues verá como sí. Ya verá que podrá seguir la historia sin grandes dificultades”

[…]

A través de las 150.000 palabras que puede haber en una novela normal del tipo best seller, usted tropezará con 5.000 que desconoce y se encontrará con sólo unas 100 frases cuya estructura gramatical le costará un poco de trabajo descifrar. Sin embargo, esto no le impedirá seguir la trama y disfrutar de la historia. Si, después del primer mes de lectura, continúa leyendo novelas de este tipo, serán cada vez menos las palabras desconocidas y cada vez más su propia convicción de que puede leer inglés sin grandes dificultades.

Vaya a cualquier librería que venda libros de bolsillo en inglés, compre un best seller de suspense, acción o amor, y devórelo. Si tropieza con palabras que no conoce, pase por encima de ellas como una potente apisonadora. No pare en ningún momento excepto cuando esté seguro de que una palabra o expresión no le permite entender la continuidad de la trama o argumento de la novela. Esto no le debe pasar más de 50 veces en todo el libro, por lo que no debería dedicar, en su totalidad, más de veinticinco minutos a la búsqueda de palabras con el diccionario abierto. También podrá optar por quemar el diccionario, algo a lo que no me voy a oponer.

Yo recordaba mis lecturas en inglés sumamente arduas, no tanto por el idioma –que se iba superando poco a poco- sino por el trabajo que llevaba leerlas como había que hacerlo: con lápiz y papel en el que anotar los rasgos característicos de la época, la corriente literaria de que se tratara, el autor… así como cada uno de los detalles que llamaban la atención y de los cuales luego te ibas a examinar. A lo largo de cinco años son muchos los autores que hube de leer, sin embargo, ninguno de ellos escribió lo que hoy se entiende por best seller. De modo que, para tener la experiencia, decidí seguir el consejo de Richard Vaughan y me hice con unos cuantos títulos. No obstante, como el articulito se va alargando, dejo su continuación para otro momento.

martes, 23 de febrero de 2010

Limosna para el alma

Limosnas para el alma

Estoy suscrita a un foro de literatura por el que me paso de vez en cuando a curiosear. Hace poco, entre los mensajes recientes destacaba uno que se hacía titular Se despide Kimismo. Quizá sea que me llama la atención la palabra despedida o tal vez se deba a una razón distinta, da igual, el caso es que entré a ver qué se cocía allí y encontré un texto quejumbroso en el que una mujer se lamentaba por el piélago de indiferencia en que su libro autoeditado había naufragado. Contaba, llorosa, la cantidad de dinero que había invertido, entre unas cosas y otras, no sé si en Bubok o en Lulu, para... que ni un sólo ejemplar se hubiera vendido. Nada, cero, ni uno solo a excepción de los que ella misma había comprado. Fracaso total.

¿Qué cuesta dar aliento a quien se siente hundido? Nada, es gratis. Quizá por ello los comentarios de ánimo que dejaron otros participantes del foro fueron numerosos. Yo también dejé uno..., y al cabo de los días volví por allí y encontré su respuesta, triste y sincera, pues no era tanto el fracaso de la autoedición sino el cosechado entre los "cercanos" lo que más dolía: Y, si te soy, sincera, ni siquiera los conocidos y "amigos" me están leyendo porque creen que es una "chorrada" lo que escribí. Mendigué lectores entre la familia y los amigos, les pasaba el libro en documento word, y nada, nunca tenían tiempo de leer. En las cincuenta editoriales a las que lo mandé, ni me han contestado. Creo que el problema de este libro está en que la gente no se anima a leerlo.

Entendí el porqué de su pena: mendigué lectores entre la familia y los amigos [...] y nada, nunca tenían tiempo de leer. Comprendí el fondo de su lamento: ni siquiera los conocidos y amigos me están leyendo porque creen que es una chorrada lo que escribí. Queda meridianamente claro: nuestra caridad es realmente corta de entendederas a veces. Desenfundamos con rapidez el monedero para socorrer, en la medida de nuestras posibilidades, las necesidades de aquellos que carecen de lo imprescindible, sin embargo..., ¡ay, sin embargo!, qué ciegos somos con las necesidades del alma. Creo, dice la fracasada autora del foro, que el problema de este libro está en que la gente no se anima a leerlo.

Exacto, ahí está el problema. Esta mendiga de lectores ha dado en el clavo: cuán excasas son las imprescindibles limosnas para el alma.

lunes, 22 de febrero de 2010

Ley del Menor

Ley del Menor

Aunque probablemente la mujer que aparece en la fotografía no necesita (muy a su pesar) presentación, doy por hecho que tampoco le importará al lector que recordemos su nombre, pues mujeres como ésta (y no otras cuya máxima consecución en la vida ha sido acostarse con un torero u operarse la nariz) sí merecen ser mencionadas constantemente, por su valor, entereza y constancia en la lucha de lo que ella (y tantos de nosotros) entiende por justicia. Es, amigos, Marimar Bermúdez, la madre de la malograda Sandra Palo, cuya vida se vio dolorosa y brutalmente interrumpida merced a la despiadada actitud de unas bestias inhumanas.

Yo, cada vez que la veo derramar lágrimas, no puedo evitar unirme a ella con las mías. Esta mujer luchadora tiene esa virtud: hacerme llegar su sufrimiento tan dentro, que acaba por conseguir que acompañe su llanto con el mío. Hoy, sin embargo, no la traigo hasta aquí para echar unas lágrimas, sino para echarle una mano en la pelea que, tras el asesinato de su hija, emprendió contra esa casta política que vive en un mundo virtual, lejos de éste que pisamos el común de los mortales y al resguardo, por tanto, de los peligros que nos acechan. Una casta política confianda en que a ellos no, y a sus hijos tampoco, les ocurrirá lo que a Sandra Palo. La burbuja en la que viven y, caso de romperse, los guardaespaldas que les protegen impedirán que sus niñas se topen con un Rafita.

Por si alguien está interesado, la Asociación Sandra Palo hará una marcha de protesta el próximo sábado, 27 de febrero, que partirá a las 5 de la tarde de la Plaza Mayor y recorrerá las calles de Bordadores y Arenal hasta llegar a la Puerta del Sol, donde se leerá un manifiesto. También se puede brindar apoyo firmando en la Modificación de la Ley del Menor que está promoviendo esta asociación desde su página web. Para ello, pincha aquí.

viernes, 19 de febrero de 2010

De cobardes "aprovechaos"

De cobardes aprovechaos

El tipo de la izquierda es un jeta que vive del cuento. ¿De qué cuento? Ah, se trata de un cuento que suele generar cuantiosos dividendos a la cuenta corriente del progre, pero que al mismo tiempo se muestra completamente inocuo para su salud. Pues bien, el jeta de la fotografía ha tenido hoy la fortuna de salir en los papeles a cuenta de esto:



A nadie que no albergue sentimientos antijudíos se le escapa que esta escultura es un nuevo insulto a una religión que no tiene por costumbre enviar a sus fieles, con una fatwa de pena capital entre los dientes, en persecución del artista atrevido.

El jeta de la foto ha declarado: "soy una persona bastante ingenua y cuando me pongo a crear una obra no pienso en las repercusiones o en si puede molestar a alguien". Por eso ha aclarado que en lo que se refiere a la pieza mostrada ahí arriba: "quería unir dos elementos de simbología israelí". Suponemos, claro, que se refiere al candelabro y a la estrella de David, pero se nos escapa -en este blog somos así de simples- a qué viene, entonces, la ametralladora. El propio artista lo explica: "Es que mi pieza es algo contradictoria, como todo el arte (?)* lo es. El diseñador Philip Stark hizo una lámpara con un fusil de asalto AK47, y yo hago un candelabro con un subfusil Uzi, que es de fabricación israelí, y ése es el juego, no hay otro". Señala, por ello, que se siente apesadumbrado "por lo mal que se ha entendido". Y entonces va y añade: "Mi obra se ha entendido de otra manera a como la concebí. En ella hablo de la Alizanza de Civilizaciones (¡acabáramos, se va entendiendo el asunto!), del respeto entre religiones que tienen a un mismo Dios".

Tal vez por ello no ha tenido ningún tipo de reparo en artistear a otras religiones, eso sí, una vez más, con todo respeto, por supuesto:


"No me parecía una idea descabellada, pero ahora creo que sí lo era. Con la religión cualquier cosa es impactante y cuanto más simple es una interpretación más peligro tiene. Me entristece mucho todo lo ocurrido", dice.


En cualquier caso, a este artista no le arredra ese peligro del que habla y, por ello, miren, miren... también su arte alcanza a la religión pacífica por excelencia. Dos muestras de ello:




Como pueden ver..., igualitas, igualitas que las anteriores.


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*La interrogación es mía, naturalmente.

jueves, 18 de febrero de 2010

Ébano (Ryszard Kapuscinski)

Ébano (Ryszard Kapuscinski)

El 14 de junio de 2005 me regalaron dos libros; uno titulado Días y viajes y el otro es éste, Ébano. Desde entonces, ambos han estado aguardando turno pacientemente en mi librería. Por fin, cuatro años y pico después, le llegó el momento de la lectura a uno de ellos. Lo cierto es que ,cuando lo tomé de la estantería, no pude dejar de mirarlo con cierto escepticismo. No me daba buena espina y a mis ojos se presentaba con un cierto halo de peñazo. Sin embargo, me equivoqué: sin llegar a entusiasmarme, el libro no me ha decepcionado.

En sus páginas, Kapuscinski, escritor y periodista polaco, narra sus viajes a lo largo y ancho del continente africano de una manera ciertamente muy personal y sugerente. Se trata, pues, de un libro de viajes pero escrito de manera algo diferente a lo que se espera de este tipo de narraciones.

martes, 16 de febrero de 2010

Sangre, sudor, lágrimas... y golf

Sangre, sudor, lágrimas... y golf

En la privamera de 1943, un indefenso avión comercial despegó del aeródromo de Luton, a 56 kilómetros de Londres. Los motores del aparato impulsaron la aeronave sin problemas, que ascendió hacia un cielo despejado, iluminado por un sol radiante y en el que no parecía notarse que una terrible guerra asolaba aquella tierra sobre la que derramaba sus rayos. Ningún caza de escolta acompañaba al solitario avión que acababa de despegar. Ello, tal vez, contribuía a su propia seguridad, pues nadie, vista la soledad en que viajaba el lento aeroplano, podría haber imaginado que a bordo se encontraba el mismísimo Winston Churchill.

Poco después de traspasado el Canal de la Mancha, el piloto comunicó a los pasajeros la necesidad de abrocharse el cinturón de seguridad, pues el aterrizaje en tierras belgas era inminente. No hubo necesidad de esperar mucho, tras una leve sacudida, el aparato tomó tierra sin problemas. En la escalerilla, rindiendo los honores debidos al Premier británico, la Wehrmacht presentó armas a Churchill.
-A sus órdenes, señor -saludó un coronel-. El Führer le espera.
-No comprendo tanta prisa para perder de nuevo -bromeó Churchill.
-El Führer confía en que un campo de golf belga le traerá suerte esta vez. Por cierto, señor...
-¿Sí? -Churchill se detuvo y miró al coronel.
-¿Puedo permitirme aconsejarle que no mencione el birdie que logró en Holanda?
-¿Aún le pica? -preguntó el británico mientras esbozaba una sarcástica sonrisa que el coronel ignoró-. No lo mencionaré, soy un gentleman -bromeó de nuevo Churchill-, pero, si quiere ponerse a salvo de la ira del Führer, desaparezca en cuanto pueda, coronel, porque hoy pienso lograr un albatros. Pero, vamos, también yo tengo prisa. Clementine me espera para el té.

Dos semanas después, Churchill recibió una invitación para una nueva partida de golf que en esta ocasión contenía, empero, una novedad verdaderamente sorprendente...
-Esto será muy incómodo, Clementine -señaló Churchill sin demasiado apasionamiento en su voz, pero con el suficiente como para denotar cierto disgusto.
-¿A qué te refieres, querido?
-Parece que el buen Dios no ha tenido suficiente con someterme a este castigo de guerra y a las condenadas partidas de golf con ese loco alemán.
-No me asustes -suplicó ella-. ¿Qué ocurre?
Churchill le alargó el pliego de papel a su mujer.
-¡Oh! -exclamó Clementine-. ¡No es posible!
-Me temo que sí.
-Escúchame, Winston, esta vez no debes ir.
-No puedo dejar de hacerlo, querida. ¿Qué pensaría el mundo de Inglaterra si no acudiera?
-Pero esto es una locura...
-Sin duda, pero...
-Lograrán acabar contigo.
Churchill frunció el ceño y dejó que la mirada se perdiera en la lejanía mientras su voz musitaba unas palabras inaudibles para Clementine: Sí, lo harán -se dijo-. Aunque soportar la compañía de ese cabo austriaco me ha resultado sumamente difícil, he podido sobrellevarlo con no poco esfuerzo. Sin embargo, ahora... Bueno, ahora creo que me será francamente difícil controlar el asco. Esta vez -se dijo mientras acariciaba la prominente barriga que se ocultaba tras el chaleco- el reto será demasiado para mi úlcera.
-Por eso, Winston, insisto: no debes ir. Piensa en ti. Piensa en mí. Piensa en Inglaterra.
Clementine tomó de nuevo el pliego y lo releyó.
-Recuerda, querida: sangre, sudor y lágrimas.
-¿Cuántas, Winston? ¿Cuántas más tendré que derramar?
-Las necesarias y ni una menos, Clementine.
-Estoy dispuesta a ello, querido, bien lo sabes, pero tú... Verdaderamente los Cielos te exigen una tarea titánica: ya no basta con el nazi...
-No... -suspiró el gran Churchill mientras, sintiendo la úlcera revivir en su estómago, miraba la invitación cursada por Hitler:

Si el tiempo acompaña y las próximas acciones de guerra lo permiten, el gran Führer tiene el honor de invitar a una nueva partida de golf, que se celebrará en esta ocasión en la bella Toscana, a sus Excelencias Herr Winston Churchill y Herr Joseph Stalin...

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Esta historia, cuya primera parte apareció en la entrada La España cóncava con el fin único de satirizar el mundo absurdo en el que vivimos y la sinrazón que lo (des)gobierna, ha visto rematada finalmente su continuación en esta nueva entrada que bautizo con el dilatado título de Sangre, sudor, lágrimas... y golf por dos razones fundamentales: una, porque me pregunté qué podía salir de aquel esbozo de historia y quería una respuesta; y dos, porque deseaba darle el gusto de su lectura a un lector de Finis Terrae al que tengo en gran estima y que mostró cierto interéres en ella.

Hela, pues, aquí, Guido. Aunque estoy tan espesa estos últimos tiempos que, después de mucho pensar..., esto fue todo lo logré pergeñar. Aun así, espero que su final haya despertado en ti al menos una pizca de sorpresa. :-)

Belén 2013

Belén 2011