lunes, 18 de abril de 2011

Capricho fatal I

Capricho fatal  I

Pensé que quería matar a mi suegra. Sí, eso fue lo que pensé y, considerando los acontecimientos que me habían llevado hasta tal pensamiento, cuya naturaleza tendrá el lector oportunidad de conocer al instante, habrá de admitirse que el juicio al que sin duda querrá someterlo debe quedar fuera de cualquier proceso que pueda encausar la moral y el proceder recto que se le supone a un marido afectuoso y devoto de su esposa, ya que en aquel instante maldito en que se produjo, tal pensamiento no procedía de una premeditada intención, racionalmente reflexionada y sopesada en profundidad, sino que fue producto de un arrebato emocional, arteramente avivado y nacido del mayor, al tiempo que irreflexivo, de mis anhelos. Y, sin embargo, cuán inofensivo lo consideré entonces.

Matar a la suegra… ¿Se asombra? Bien…, ¿qué espera que le diga? No puedo dejar de juzgar oportuno su estupor  y, sin embargo, no hay duda de que una cierta aversión hacia la suegra es un sentimiento enquistado en el corazón de todo hombre que sufre la desgracia de tener una. No lo niegue, aunque haya de transigir con ello furtivamente, ¡en el suyo, también! Ja, ja, ja, permítame estas carcajadas inofensivas, caballero, pues le comprendo, ¡vaya si le comprendo! Remolonee y atúsese el bigote mientras simula un extremo interés por aquello en que primero pueda fijar su atención en este juego del disimulo que es el matrimonio. Al fin y al cabo, seguramente mi pensamiento le parecerá excesivo, ¿me equivoco? Me atrevería a aseverar que no. Entiendo el razonamiento de que se valdrá para argumentar su fealdad: todos odiamos a las suegras, querido Harry, pero de ahí a apetecer su muerte. Más aun, de ahí a desear asesinarla… Ciertamente, tiene razón: es un capricho extremo que se adentra en los tenebrosos dominios de la monstruosidad. Lo admito, como no puedo sino doblegarme a ese segundo fragmento de reflexión que habrá añadido a su reproche, algo del tipo: sólo en un alma oscura podrían cobijarse anhelos tan odiosos. Todo lo cual hace de su razonamiento un argumento sólido.

Bien, lo admito, no es un pensamiento que me santifique, pero no puedo eludir los hechos y negarme a aceptar que existió, aunque, debe creerme, se lo ruego, cuando afirmo que, al igual que los afanes homicidas que de vez en vez brotan en el corazón de tantos hombres, desazonados a causa de las incompatibilidades forzosas que surgen con la familia política, no suelen ser sino puro ensueño, jamás  albergó el mío pretensión alguna de materializar los hechos. O, al menos, eso creo…

Mi suegra es una mujer ingobernable, de apetencias volubles, necesidades antojadizas, exigencias perentorias y todo ello aderezado con un carácter recio y caprichoso en uso del cual,  fas atque nefas, consigue todo aquello que se propone, independientemente de lo que a su paso arrolle, despedace o extermine. Lo cual, estarán conmigo, la vuelve absolutamente insufrible.  Fue ella el umbral desde el que dieron el primer paso las desdichas que me aquejan, pues suya fue la decisión de presentarse en nuestra casa de  Chelsea, sin advertencia previa a su llegada que levantara la caza, el mismo fin de semana que Michael Burrell nos había invitado a pasar con él en Maple House, su extraordinaria mansión campestre, y con quien estaba yo sumamente interesado en encontrarme a fin de resolver unos asuntillos que, de llegar a buen término, acabarían con los problemas que estaban llevando mis negocios de fosfato a la ruina.

Con cara de pocos amigos me enfrenté a Laura en la cocina, de la que oportunamente había huido Gladys, en previsión de que la charla matrimonial alcanzara cotas intolerables para los oídos de una doncella acostumbrada al simple tintineo de las tazas y el silbar de la tetera.
–Encuentro endiabladamente obsceno que se presente en nuestra casa sin avisar…  –bramé irritado.
–¿Qué puedo hacer? –trató de disculparse Laura–. Ya sabes cómo es…
–Lo que no sé es cómo vas a hacerlo, pero esa mujer tiene que salir de aquí antes de una hora.
–¡Pero, Harry… –exclamó indignada mientras me miraba con los ojos desorbitados–, es mi madre!
–Y son mis negocios, querida. Lo cual remite de inmediato a nuestra forma de vivir que, por cierto, puede verse seriamente deteriorada si Mike no me ayuda a solventar ciertos problemas que estoy teniendo con la extracción de fosfatos en el Sahara Occidental. De modo que, tal y como teníamos previsto, iremos al campo y pasaremos el fin de semana con él.
–Ve tú. Yo me quedaré con ella.
–¡Laura! –clamé enfurecido–, tu presencia en Maple House es indispensable. Mike nos espera a los dos.
–Lo siento, Harry, pero mi madre me ha pedido que la acompañe a la reunión anual que celebra el Círculo Floral en Greenwich y no puedo negarme.
–¿Cómo? –pregunté irritado–. ¿Estás dispuesta a permitir que un estúpido club floral se interponga en mis intereses, corrijo: ¡en nuestros intereses!, sin pestañear?
–Oh, Harry, no seas protestón. Debes comprenderlo. Se trata de una reunión extraordinariamente importante para ella. Han trabajado con denuedo para conseguir que su club de jardinería quedara adscrito a la Real Sociedad Botánica y esta noche acudirán a la velada personajes notables que está muy interesada en conocer.    
–Insisto, querida –repetí, esta vez, y a pesar de su ofensiva reconvención, con un tono suave que pretendía moderar la intensidad de mi enojo–, en que este fin de semana con Mike es también de suma importancia para nosotros. Mis negocios no marchan conforme a lo esperado y es bastante probable que tengamos problemas si no le ponemos remedio de inmediato.
–Lo entiendo, pero no sé qué crees que puedo pintar en esa reunión.
–No se trata de la reunión, Laura. No tendrás que asistir a ella, pero sí acompañarme el resto del fin de semana.
–¿De verdad soy tan indispensable?
–Eres mi esposa. Debería bastar con eso.
–Y ella es mi madre, lo cual también debería bastar.
–Pero, Laura…
–¿No querrás que vaya sola a su reunión? –me interrumpió.
–¿Acaso no tiene amigas?
–Ninguna de ellas puede acompañarla
–Pues entonces tendrá que ir sola.
–Harry… –dijo con una voz solemne que de por sí lo expresaba todo y a la que tuve que sobreponerme otorgando un tono desafiante a la mía–:
–¿Qué?
–Por favor, no te olvides de dar mis recuerdos a Mike.
Asunto resuelto. Punto final. Laura no me acompañaría a Maple House, de modo que tuve que marchar…, naturalmente, solo.

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Si deseas continuar la lectura, puedes visitar Capricho fatal II.

sábado, 16 de abril de 2011

Próximamente en su monitor...

Próximamente en su monitor...

Poco después de comenzar a escribir en este blog, me percaté de que tenía ciertas habilidades... para el crimen, y de ahí surgieron los primeros relatitos del "Atrápame si puedes". Eran cortos, naturalmente, puesto que estaban pensados para ver la vida en estas páginas de Finis Terrae y, por tanto, me impuse una longitud que no fuera más allá de las mil palabras. 

Luego, la vívida imaginación con que han querido las Musas obsequiarme comenzó a quejarse porque tan breve longitud no daba para desarrollar sus dotes tanto como deseaban, de modo que, a fin de darle cierta satisfacción, comencé a escribir mis crímenes algo más largos. En realidad..., mucho más largos, con lo que la posibilidad de que vinieran a exhibirse por aquí quedaba anulada. Sin embargo, no he renunciado a hacerlos públicos algún día. ¿Qué sentido tiene escribir una historia si sólo la voy a leer yo? Sí, ya, puedo consolarme pensando en lo bien que lo he pasado durante el tiempo en que fui pergeñándola hasta darle vida, pero los relatos están muertos mientras no sean leídos, de modo que no descarto que algún día pueda ofrecerlos al lector de Finis Terrae en formato PDF, o algo así, de manera que los que tengan un lector de e-book puedan deleitarse con mis asesinatos.

En el ínterin, entre muerte y muerte, y merced a una historia titulada Tal vez que surgió, como bien se explica en esta Disección de un relato, tras la vil tarea doméstica de barrer el patio, vino a mi cabeza la idea de una nueva serie de relatos, en esta ocasión, sin embargo, de índole diferente, pues aunque en ellos pudieran aparecer crímenes de la más variada condición, no surgiría la trama de una investigación detectivesca, sino de un hecho inexplicable del que brotaba toda la historia. Así surgió Tal vez (escrita también para blog y, por tanto, breve) y así ha venido a este mundo Capricho fatal, cuyos primeros párrafos ya anduvieron por aquí pero que no enlazo porque voy a permitirme su repetición en una próxima entrada, tras la cual vendrán otras  (pues este Capricho fatal es demasiado largo para publicarlo de una sola vez) que irán mostrando al lector interesado el devenir del pobre Harry Elvesham.

De modo que presta atención, lector de este blog, si es que sientes cierta inclinación por mis relatitos, porque próximamente tendrás la historia disponible en tu monitor.

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Nota añadida con posterioridad: si deseas leer este relato, puedes visitar Capricho fatal I.

martes, 12 de abril de 2011

Curiosidades matemáticas

Curiosidades matemáticas

Leo en El secreto de los números, de André Jouette, algunas curiosidades referidas al cuerpo humano. Una de ellas habla concretamente del material del que estamos compuestos que es el que sigue:

Un individuo de 70 kg tiene 30 kg de músculos, 7 kg de huesos, 1 kg de pulmones, 5 litros de sangre y 27 kg de órganos varios, lo que desde el punto de vista químico se detalla así:

45,500 kg de oxígeno.
12,600 kg de carbono
         7 kg de hidrógeno
  2,200 kg de nitrógeno
  1,050 kg de calcio
770        g de fósforo
245        g de potasio
175        g de azufre
105        g de sodio
100        g de cloro
    3        g de hierro
    3,5     g de magnesio
    2        g de zinc
    0,2     g de manganeso
    0,15   g de cobre
    0,03   g de yodo
y trazas de flúor, cobalto, níquel, plomo, silicio...

Resumiendo, un cuerpo de 70 kg son 55 litros de agua que se mantienen en pie gracias a la combinación de los demás elementos.

También son curiosas las cuentas genealógicas que nos presenta el librito: 

Intentar identificar todos los antepasados es, en teoría, sumergirse en un pozo sin fondo.

Suponiendo que haya tres generaciones por siglo y mencionando tan sólo a los parientes ma´s directos, una persona nacida en 1990 tiene a sus padres naciodos en 1957 y podrá enumerar:

  4 nacidos en 1924          ---            64 nacidos en 1792
  8 nacidos en 1891          ---          128 nacidos en 1759
16 nacidos en 1858          ---          256 nacidos en 1726
32 nacidos en 1825          ---          512 nacidos en 1693

y, gracias a una progresión geométrica de razón 2,

              1.024   nacidos en 1660 (bajo el reinado de Luis XIX)
              8.192   nacidos en 1560 (bajo el reinado de Francisco I)
            65.536   nacidos en 1460 (bajo el reinado de Carlos VII)
          524.288   nacidos en 1360 (bajo el reinado de Juan el Bueno)
       4.194.304   nacidos en 1260 (bajo el reinado de San Luis)
     33.554.432   nacidos en 1160 (bajo el reinado de Luis VII)
   268.435.456   nacidos en 1060 (bajo el reinado de Felipe I)
2.147.483.648   nacidos en   960 (bajo el reinado de Lotario)

¡Basta ya! No es posible: esta cantidad supera la población mundial y América todavía no había sido descubierta. La teoría matemática carece de valor en este campo: sin continuáramos la serie, llegaríamos a más de un millardo de millardos de antepasados en época de Antonio (1.000 años antes).

La verdad es que hubo muchos cruces porque se viajaba poco. Todos somos algo primos.

Y la atmósfera... Mira que es ligera, ¡eh!, ¿pues sabéis cuánto pesa?

Según los cálculos realizados por Franco Vergnani, del laboratorio de astrofísica de la Universidad de Cambridge (Massachussets), la atmósfera terrestre pesa 5.136  · 10 elevado a 21 g, o dicho en román paladín: 5.136.000.000.000.000.000

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PD: y entre tanto número, un recuerdo para Yuri Gagarin porque hoy se cumple el quincuagésimo aniversario del primer viaje espacial con un ser humano dentro de un frágil cacharro metálico. Entre tanto gramo de zinc y de manganeso..., ¡qué maravillosa esa masa gris que nos ocupa el craneo!, ¿verdad?


Google: quincuagésimo aniversario del primer viaje espacial

sábado, 9 de abril de 2011

Achuchoncillos

Achuchoncillos

Continúo sufriendo, amigos, y no siempre con paciencia, algunos achuchoncillos de salud. Nada importante, espero, pero sí molesto y tocanarices. La cuestión es que empecé con una chorrada, y eso derivó en otra chorrada, y ésta, a su vez, en otra y... así llevo ya dos meses. Mientras tanto, mi vida sigue más o menos igual, esto es, currando mucho y harta de niños, pero he notado que poco a poco, merced a estos achuchoncillos, voy perdiendo por el camino algunos de los quehaceres que me hacían la existencia no diré llevadera, sino feliz: mis historias y, últimamente, ¡hasta mis libros!

Y es que hace ya semanas (o eso creo, porque he perdido la cuenta) que no me siento con ganas de ponerme ante el ordenador a teclear. ¡Es una lástima!, porque últimamente andaba tan sembrada... A cada instante se me ocurría una idea, una buena idea, una idea genial (según mi parecer), que anotaba en el primer papel que encontraba por ahí (¡cuántos habré perdido así!), de manera que tengo volereando por casa un buen montón de historias en espera de tecleo. Sin embargo, como decía ahí arriba, el ánimo anda mustio. Tan mustio que, como también apuntaba ahí arriba, hasta mi ansia lectora se está viendo afectada.

¡Es tiempo de cambiar!, ¿no? Llevo las últimas horas demasiado alicaída para tomarme en serio esa exclamación con que abro el párrafo, pero voy a intentarlo. Puede que la mitad de mis males vengan por ahí. Así que mañana, en cuanto le haya dado un repaso al patio (que falta le hace), me pondré a teclear (¿lo haré? Ay, sí, creo que me vendría bien. Ánimo, ánimo, S. Cid). Y para picaros la curiosidad (a ver si también animáis vosotros) os copio los primeros párrafos de la historia que me tenía ocupada estas semanas de atrás y que dejé colgada:

Pensé que quería matar a mi suegra. Sí, eso fue lo que pensé y, considerando los acontecimientos que me habían llevado hasta tal pensamiento, cuya naturaleza tendrá el lector oportunidad de conocer al instante, habrá de admitirse que el juicio al que sin duda querrá someterlo debe quedar fuera de cualquier proceso que pueda encausar la moral y el proceder recto que se le supone a un marido afectuoso y devoto de su esposa, ya que en aquel instante maldito en que se produjo, tal pensamiento no procedía de una premeditada intención, racionalmente reflexionada y sopesada en profundidad, sino que fue producto de un arrebato emocional, arteramente avivado y nacido del mayor, al tiempo que irreflexivo, de mis anhelos. Y, sin embargo, cuán inofensivo lo consideré entonces.

Matar a la suegra… ¿Se asombra? Bien…, ¿qué espera que le diga? No puedo dejar de juzgar oportuno su estupor  y, sin embargo, no hay duda de que una cierta aversión hacia la suegra es un sentimiento enquistado en el corazón de todo hombre que sufre la desgracia de tener una. No lo niegue, aunque haya de transigir con ello furtivamente, ¡en el suyo, también! Ja, ja, ja, permítame estas carcajadas inofensivas, caballero, pues le comprendo, ¡vaya si le comprendo! Remolonee y atúsese el bigote mientras simula un extremo interés por aquello en que primero pueda fijar su atención en este juego del disimulo que es el matrimonio. Al fin y al cabo, seguramente mi pensamiento le parecerá excesivo, ¿me equivoco? Me atrevería a aseverar que no. Entiendo el razonamiento de que se valdrá para argumentar su fealdad:
todos odiamos a las suegras, querido Harry, pero de ahí a apetecer su muerte. Más aun, de ahí a desear asesinarla… Ciertamente, tiene razón: es un capricho extremo que se adentra en los tenebrosos dominios de la monstruosidad. Lo admito, como no puedo sino doblegarme a ese segundo fragmento de reflexión que habrá añadido a su reproche: sólo en un alma oscura podrían cobijarse anhelos tan odiosos. Todo lo cual hace de su razonamiento un argumento sólido.

Bien, lo admito, no es un pensamiento que me santifique, pero no puedo eludir los hechos y negarme a aceptar que existió, aunque, debe creerme, se lo ruego, cuando afirmo que, al igual que los afanes homicidas que de vez en vez brotan en el corazón de tantos hombres, desazonados a causa de las incompatibilidades forzosas que surgen con la familia política, no suelen ser sino puro ensueño, jamás  albergó el mío pretensión alguna de materializar los hechos. O, al menos, eso creo…

jueves, 7 de abril de 2011

Los relatos del padre Brown

Los relatos del padre Brown    (G. K. Chesterton)

Chesterton es un autor de los de lectura obligada. Hombre de acerado ingenio, escribió mucho y muy bien. Por estas páginas ya lo hemos encontrado y sin duda nos toparemos con él en ocasiones venideras.

Pero atendamos a la obra que hoy nos ocupa que es, ni más ni menos, que una recopilación completa de los relatos del padre Brown, publicada por la Editorial Acantilado,  la cual está introducida por una "Nota a esta edición" (la mía es la 4ª) de sumo interés, razón por la cual copio para el lector de Finis Terrae

En su mayoría, los relatos del padre Brown se publicaron originalmente en diversas revistas inglesas y americanas -como Cassell’s, Stroy-teller, Pall Mall o Nash’s- entre los años 1910 y 1935, y posteriormente se reunieron en cinco volúmenes sucesivos: El candor del padre Brown, La sagacidad del padre Brown, La incredulidad del padre Brown, El secreto del padre Brown y El escándalo del padre Brown. Esos volúmenes constituyen la columna vertebral de la presente edición. Sin embargo, tras la muerte de Chesterton, aparecieron todavía varios relatos. El primero fue “La vampiresa del pueblo”, que se publicó por primera vez en una edición privada de 1947 y que no se incluyó al final de El escándalo del padre Brown hasta 1951; a éste le siguieron “El secreto del padre Brown” y “El secreto de Flambeau”, que pasaron a formar parte de El secreto del padre Brown.

“El caso Donnington” se descubrió en 1981. Se trata de una obra escrita en colaboración con el autor de novelas policíacas sir Arthur Pemberton (1863-1950). Pemberton escribió la primera parte para el número de octubre de 1914 de la hoy olvidada revista The Premier. Por previo acuerdo, se enviaron las galeradas a Chesterton, quien introdujo al padre Brown en la historia y propuso una solución al misterio. Ésta última se publicó en el número de noviembre.

“La máscara de Midas”, que Chesterton escribió el último año de su vida, cuando estaba ya gravemente enfermo, no se descubrió hasta hace unos pocos años, en 1991, en forma de fotocopia del manuscrito original. El texto había sido mecanografiado por Dorothy Collins, en tiempos secretaria de Chesterton, e incluía numerosas correcciones de puño y letra y varias notas del propio escritor. En el encabezamiento, Collins escribió las indicaciones “Nueva serie, nº 2” y “No publicar”. Al parecer, “La vampiresa del pueblo” era el primer relato de la citada “Nueva serie”, mientras que “La máscara de Midas”, por algún motivo que desconocemos, no debía publicarse. En cualquier caso, el evidente interés de este último relato, que es también el último escrito por Chesterton -y, a día de hoy, el más recientemente descubierto-, nos ha llevado a incluirlo también en esta edición, primera en recoger en español todos los relatos conocidos que tienen como protagonista al padre Brown.

Así pues, en un solo tomo se pueden disfrutar todos los relatos de este curita tan sagaz, incluyendo esos tres títulos: “El caso Donnington”, “El padre Brown resuelve el caso Donnington” y “La máscara de Midas”, no incluidos en ninguna otra colección.

Dejo estos enlaces que pueden resultar de interés al lector:


- Extracto del libro.
- El bien, el mal y la justicia (ABC).
- Los enigmas del padre Brown (La Vanguardia).
- Los relatos del padre Brown (El imparcial)

Y un vídeo:











Si no puedes ver el vídeo, tal vez lo logres aquí.

lunes, 4 de abril de 2011

Años curiosos

Años curiosos

2011 es un año curioso, al parecer. Hoy he recibido un correo de un compañero en que me cuenta asombrosas peculiaridades de este 2011. 

Habrá en él, por ejemplo, cuatro fechas singulares: 1/1/11, 11/1/11, 1/11/11 y 11/11/11. Después del primer momento de sorpresa en el que una exclama algo así como: ¡Anda, qué gracioso!, lo que me llama la atención del asunto es quién se habrá parado a pensar en ello. No porque para que a uno se le ocurra sea necesaria una reflexión profunda y sesuda del asunto, sino porque, la verdad, o tengo una mente muy simple que no repara en curiosidades de éstas, o no hay minutos suficientes en mi día para que el cerebro se preocupe en buscar peculiaridades de este tipo.

Otra cuestión relacionada con el año y con los números es la extraña suma, la cual tiene probablemente una explicación muy lógica en la mente de un matemático, a que da lugar la disposición de este curioso año, y cuyo resultado es siempre 111: toma las dos últimas cifras del año en que naciste súmale la edad que cumplirás este año y... te dará 111. 

También este año es curioso porque en el mes de octubre habrá cinco sábados, cinco domingos y... ¡cinco lunes!, algo que, menos mal, sólo ocurre cada 823 años. De modo que ¡ánimo!, no tendremos que volver a vivir un mes con cinco lunes nunca más.

¡Qué cosas tienen los números!, ¿verdad?

viernes, 1 de abril de 2011

Relevos blogueros

Relevos blogueros

De paseo por Erisada, el blog de Ana, me topo con que me ha pasado el testigo en una curiosa experiencia literaria (iniciada en el blog Vinividivinvi): la de escribir entre 20 personas una historia.. Éstas son las bases (que Ana tomó de Vinividivinvi y que yo me permito copiar directamente de Erisada):

Relevos blogueros

Voy a comenzar un relato y pasaré el testigo a otro blogger para que lo continúe. A su vez, éste tendrá que pasarlo a otro citando a los anteriores y sus narraciones correspondientes para que se entienda la historia. Para no hacerlo muy complicado y que no se convierta en una tortura, habrá que escribir un mínimo de 5 líneas y un máximo de 20.

También habrá que poner un punto y final alguna vez, así que iremos numerando a los participantes hasta un máximo de 20; el último tendrá que resolver la papeleta y ponerle un final.

El haber participado, no excluye que te puedan volver a pasar el testigo, así que estad atentos...

Es muy importante citar a los anteriores bloggers (enlazando su blog),numerar las aportaciones (para que sepamos en que punto está la historia) y explicar de manera clara y concisa los pasos a seguir. Si un nominado no puede o no quiere participar sería conveniente que lo comunique para que el que lo nominó elija a otro.

Espero muy ilusionada vuestra participación y creatividad.

Estos son los blogs que ya han participado:

1. Creatibea
2. Rubo
3. Su
4. Bee
5. Escarcha
6. Mimosa
7. Ana
8. Quino
9. Julie
10. Camy
11. Creatibea
12. Meg
13. Mimosa
14. Escarcha
15. Creatibea
16. Ana Laura

Y, bien, una vez aceptado el testigo que entregó Ana, me toca escribir. Espero satisfacer, con el capítulo 17, las expectativas de todos.


1.
La agorafobia de Lucía había hecho que llevase años confinada en lo que ella llamaba su búnker. Vivía de noche y dormía de día. Era una de esas mujeres por las que el tiempo pasa cruel y devastadoramente. Una aureola púrpura rodeaba sus ojos tristes, sin brillo, que se encajaban en un rostro descolorido y marchito. Tenía una nariz perfilada que sostenía unas anticuadas gafas.

Sus labios agrietados pedían a gritos menos nicotina, el pelo cano y desaliñado le llegaba casi a la cintura y la extrema delgadez de su cuerpo no podía casi sostenerla en pie.

Su partida de nacimiento confirmaba que tenía 35, pero los años de aislamiento elegido, la dejadez y el descuido habían hecho que pareciese una anciana.

Como una noche más, Lucía abrió su portátil, para asomarse por esa pequeña ventana y contemplar, indagar, husmear por entre las callejuelas de esa gran ciudad virtual que le tenía completamente fascinada. Mientras se desplegaba automáticamente la persiana azul de Microsoft, preparaba, como otras tantas veces, sus cigarrillos, el viejo cenicero sucio, y su té. El turquesa del mar de una playa desconocida le daban la bienvenida.

Y a partir de ahí, su conexión con el mundo.

-¡Clic!-


( Autora: BEA )

Leer más...

17.
De no ser por el cuerpo inerte de Elisa, oculto ahora dentro de un saco negro que Lucía no acertaba a imaginar de dónde podría haber salido, nada hubiera hecho presagiar que allí se había cometido un asesinato. Olga se afanaba en meter dentro de una de las bolsas de supermercado que Elisa había traído los paños con que habían limpiado la sangre. Lucía la observaba asombrada, preguntándose qué hacía su hija allí, quién había matado a Elisa y, asustada aún por su presencia, quién demonios era el hombre al que Olga había abierto la puerta y que les había ayudado a colocar el cadáver dentro del saco.
-¡Vamos!

La voz de Olga sonó urgente y demasiado imperativa para lo que debería corresponder a una hija dirigiéndose a su madre. Lucía obedeció como un autómata y la siguió. El hombre cargaba con el cuerpo de Elisa. Lo vio desaparecer tras la puerta del apartamento, seguido de su hija. Ella… vaciló. "Salir? ¿Ahí fuera? ¡Oh, Dios mío!
-¡Madre! –se escuchó la voz de Olga desde el descansillo.
Lucía reaccionó y salió. Se había avivado en ella el instinto materno que antes la embargara. Escuchó el ruido sordo que hizo la puerta al cerrarse tras ella y sintió como si, con aquel mínimo acto, todos sus miedos hubieran quedado encerrados dentro de la horrible cárcel en que se había convertido su apartamento.


El ascensor los llevó hasta el sótano. En el garaje, un coche aguardaba con el motor en marcha. Olga abrió la puerta y la invitó a entrar. Lucía no dudó. Mientras se acomodaba en el asiento trasero, oyó un doloroso golpe que retumbó en el portaequipajes. El hombre desconocido había colocado allí el cuerpo de Elisa sin demasiados miramientos.
-Toma- le dijo Olga mientras le tendía un vaso con té que había servido de un termo-. Te sentará bien.
Lucía bebió y sintió que un ingobernable sopor la invadía. El coche tomó la desviación hacia la autopista y se introdujo entre el denso tráfico.
-¿Se ha dormido ya? –preguntó el hombre desconocido.
-Sí –contestó Olga-. Ya está dormida.



Hasta aquí llega mi encargo. Es el turno de Sue, a quien le paso el testigo...

Belén 2013

Belén 2011